Una vez terminado el curso 2023/24 las aulas han entrado en «modo avión», olvidando exámenes, madrugones, nuevas leyes, programaciones, y todo lo que ha supuesto esta carrera de fondo que comenzó allá por septiembre. Pero el profesorado no desconecta fácilmente y ya está inmerso en nuevos retos para el próximo curso. A mi modo de ver, cinco son los desafíos educativos que ya no pueden esperar. Muchos son los cursos que llevamos intentando alcanzarlos desde metodologías novedosas y más atractivas, y al final siempre acaban escurriéndose de las manos docentes. El primero, despertar la pasión por la lectura. Si como padres y profesorado solo leemos en verano, ¿cómo vamos a pedir que los más jóvenes lean? Lo verán como algo postizo, una actividad puramente vacacional. Pero, ¿para qué leer? Para conocer, saber reflexionar, estudiar mejor, conocer el mundo e incluso aprender a amar. La lectura nos religa con lo trascendente, nos lleva a la esfera de lo onírico, traslada nuestros pensamientos miles de kilómetros, zarandea los complejos y miedos, en definitiva, tienen el poder de hacer mutar borregos en seres lúcidos y revolucionarios. Una problemática heredada de lo anterior es la comprensión lectora muy relacionada con el razonamiento lógico-matemático. Después de las últimas pruebas diagnósticas realizadas por los alumnos de 4º de Primaria y 2º de ESO parece que los chicos y chicas de nuestra comunidad no han salido bien parados. Se pide a los profesorados de Infantil, Primaria y ESO que el curso próximo enseñen a resolver problemas matemáticos. ¡Como si no lo hiciéramos! ¿No será quizá mejor empezar a hacer las cosas de otro modo radicalmente opuesto al tradicional para ver si así conseguimos resultados distintos?
Si hemos empezado con el hábito de la lectura y la comprensión, no podemos olvidar la expresión oral. Si no se lee, es complicado tener un léxico amplio. El miedo a equivocarnos, tan presente hoy, atenaza a los alumnos que no son capaces de improvisar delante de otros sobre temas más allá de sus necesidades básicas. La oralidad se ha cambiado por la tiranía del meme o del vídeo de TikTok, eso sí, no más de diez segundos no vayamos a cansarnos, pues dicen los entendidos que nuestro cerebro no es capaz de concentrarse más allá de eso.
La actitud de sacrificio constante o también llamada cultura del esfuerzo es otro caballo de batalla. Es algo muy humano no dar el cien por cien, solo lo hacemos cuando se le ven las orejas al lobo (sálvese quien pueda). El filósofo catalán Josep Maria Esquirol nos avisa de que «existir es resistir», resistir ante la nada, la disgregación social y, por ende, ante la pérdida de contacto con el otro. Resistir supone rebelarse ante el imperio de lo efímero, la imposición del pensamiento único y contra la sinrazón del destino. Resistir ante la pereza, esa palabra tan vacía y adolescente a la vez que dañina.
El último reto es vaciar de violencia las aulas. Es normal que el adolescente se vuelva irascible, va en su naturaleza, lo que ya no es tan normal es el lenguaje común violento que cada día escuchamos. Se multiplican los casos de bullying, los protocolos de suicidio, familias muy desestructuradas, casos de absentismo… Hoy por hoy, la presencia de los equipos de orientación en los centros se hace imprescindible en la vida diaria del colegio.
Para terminar, un aviso: el profesorado no puede solo.
Juan Enrique Redondo Cantueso
Colegio Santísima Trinidad – Trinitarios Córdoba