Alhucemas (Al hoceima), esa palabra que antes del verano de 2018 sólo me sonaba por haberla escuchado en alguna clase de historia pero que a partir de entonces se ha hecho bastante común en mi vocabulario. Es más, en muchas ocasiones, la puedo llegar a asimilar a familia.
En ese verano, una nueva presencia trinitaria “aterrizaba” en esta ciudad del norte de Marruecos, con la llegada de dos trinitarios; hoy en día, tres. Desde el primer momento, e incluso antes de que en ese verano cogieran el barco en Motril destino Marruecos me llamó muchísimo la atención el proyecto, la ilusión por él y por qué no decirlo la valentía, y la apuesta por esta nueva presencia. Todo esto se acentuó en noviembre de 2018 cuando visité por primera vez Alhucemas y no pude nada más que impresionarme de la capacidad de trabajo, adaptación y empeño de la comunidad trinitaria para asentarse en el país vecino, a pesar de las dificultades e incluso, diría yo, las dudas. Me preguntaba, ¿cómo han podido dejar la “comodidad” de sus comunidades en España para llegar sin nada a una casa con muchísimas deficiencias? La alegría con lo que lo vivían, impresionaba, a la vez que por su cabeza sólo rondaban ideas para comenzar nuevos proyectos en la ciudad vecina con los más excluidos y necesitados. Desde ese momento, mis visitas a Marruecos han sido periódicas, en muchas de ellas acompañado por jóvenes de la PJV Trinitaria, y no tan jóvenes, dispuesto a ayudar para mejorar las condiciones de la casa y conocer su día a día. En cada visita me alegraba enormemente observar todos los avances que se iban dando, ver cómo los trinitarios se integraban en la ciudad, por disfrutar con la comunidad cristiana a la que acompañan en las distintas celebraciones, por notar, sentir y vivir, las puertas totalmente abiertas de la comunidad, a todos y todas, sin pensar en raza, religión, sexo…
Cada vez que hemos estado en Alhucemas, todos los que hemos ido volvíamos con dos ideas que se repiten constantemente, ¿cómo podemos ayudar a mejorar las instalaciones, a potenciar los proyectos y transmitir toda la labor que llevan a cabo?, y ¡qué rápido se han pasado estos días, tenemos que venir con más tiempo!
La penúltima vez que he estado, el regocijo ha sido aún mayor al contemplar de primera mano, aparte del acompañamiento a la comunidad católica, dos grandes proyectos que ya están llevando a cabo: el proyecto “ANA, bi-nafsi” (“Yo por mí misma”), en el que se trabaja (habilidades sociales, higiene, formación…) con mujeres vulnerables para potenciar su desarrollo personal, y el proyecto “Chabab Al Mostakbal” que tiene como objetivo promover la inserción laboral de jóvenes mediante el desarrollo de itinerarios personalizados. Todo ello, en un ambiente de familiaridad entre destinatarios, religiosos, trabajadores…
Y, en la última, una gran felicidad al disfrutar de las importantes obras de mejora que se han hecho para la casa de la comunidad y para poder aumentar el número de usuarios de los programas con nuevos salones.
Escribir, un pequeño texto, acerca de la presencia trinitaria en Alhucemas, no me es fácil. Tal vez, además, no sea objetivo del todo, ya que se escribe desde el corazón: muchas imágenes, expresiones, sentimientos, gestos, palabras… que se quedan grabadas en el interior.
Únicamente decir que animo a todos a conocer esta presencia trinitaria, que os impresionará, os marcará, os quitará de la cabeza muchos estereotipos (de la iglesia, de Marruecos,…) y sentiréis, tocaréis y viviréis el carisma trinitario en el día a día, con sencillez, con entrega, con familiaridad, con puerta abiertas… Y sino podéis conocerla en persona no dudéis en colaborar y ayudar con los proyectos que se llevan a cabo, merece la pena. Ir a Alhucemas es ir a casa.
José Manuel López de la Torre
