Hace unos años, el 15 de junio del 2019, con motivo de la elección del nuevo Ministro General de nuestra Orden, los que formábamos parte del Capítulo tuvimos una Audiencia con el Papa Francisco, en dicha audiencia el Papa fue saludándonos uno a uno. Yo llevaba preparada una carta que los presos de la Cárcel de Herrera de la Mancha (C. Real), habían escrito al Papa y que yo me comprometía de entregársela directamente a Él en propia mano y así fue, cuando me tocó saludar al Papa le entregué la carta, en la que llevaba escrita las historias, los sufrimientos, los sueños y las oraciones de tantos internos que, en silencio de sus celdas, han encontrado sin duda, en la Palabra de Dios y en la cercanía de la Iglesia. Una carta donde expresaba como Dios también camina por los pasillos y celdas de la cárcel.
Al saludar brevemente al Papa Francisco y, al mirarlo a los ojos y entregarle la carta, le dije que los presos rezan por él desde la cárcel y que la carta que llevaba la habían escrito ellos para Él. Sonrió, tomó mi mano con fuerza y me pidió: “Diles que no están solos. Que Jesús nunca deja de buscarlos” y que “recen también por mi”.
Salí del Vaticano con el corazón lleno. Lleno de gratitud, de esperanza y de responsabilidad. Esta visita fue sin duda, un signo de que el Papa, la Iglesia no olvida a los presos, este mismo Jueves Santo el Papa estuvo en la cárcel de “Regina Coeli”. Fue un eco del Evangelio: “Estuve preso y me visitaste”.
Pero la gran sorpresa fue cuando en el Centro Penitenciario de Herrera llegó una carta de Roma, era la respuesta del Papa Francisco a los internos del Centro donde les hacía saber que el Papa estaba presente en sus vidas y sufrimientos y como todos tienen la capacidad de redimirse y comenzar de nuevo; ya que el Papa ve en los presos una profunda expresión de la misericordia y la esperanza cristianas, desde siempre el papa ha insistido en que “nadie esta completamente definido por sus errores” de que “ninguna celda está tan aislada como para excluir el Señor, ninguna: Él está allí” y que “todos tienen la capacidad de redimirse y comenzar de nuevo”. De hecho, su última visita a la cárcel de Regina Coeli, en Roma, refleja su compromiso inquebrantable con los más necesitados y su deseo de estar cerca de ellos hasta el final.
P. Vicente Elipe López-Peláez, osst