Ir al contenido
  • SIT
  • Intranet
  • Correo
  • Canal de denuncias
  • Quiénes somos
    • Nuestra historia
    • Espiritualidad
    • Apostolado
    • Santos Trinitarios
    • Figuras Trinitarias
    • Familia Trinitaria
    • Devociones Trinitarias
    • Hermandades y Cofradías
    • Transparencia
      • Canal de denuncias
  • Presencias
  • Documentos
  • Revista
  • Noticias
  • Blogs
  • Contacto
  • Quiénes somos
    • Nuestra historia
    • Espiritualidad
    • Apostolado
    • Santos Trinitarios
    • Figuras Trinitarias
    • Familia Trinitaria
    • Devociones Trinitarias
    • Hermandades y Cofradías
    • Transparencia
      • Canal de denuncias
  • Presencias
  • Documentos
  • Revista
  • Noticias
  • Blogs
  • Contacto
  • SIT
  • Intranet
  • Correo
  • Quiénes somos
    • Nuestra historia
    • Espiritualidad
    • Apostolado
    • Santos Trinitarios
    • Figuras Trinitarias
    • Familia Trinitaria
    • Devociones Trinitarias
    • Hermandades y Cofradías
    • Transparencia
      • Canal de denuncias
  • Presencias
  • Documentos
  • Revista
  • Noticias
  • Blogs
  • Contacto

Blogs

  • 06/09/2024

XXIII del Tiempo Ordinario (B)

Domingo XXIII Tiempo Ordinario
  • Homilías Ciclo B
Is 35,4-7; Sal 145; Sant 2,1-5; Mc 7,31-37

El relato evangélico que acabamos de leer aparece como sumamente apropiado para describir la situación de muchos cristianos ante Dios, ante su Palabra y su Amor misericordioso. Pues ¿quién de nosotros no está sordo o se hace el sordo muchas veces ante la palabra que Dios nos dirige? ¿En qué sentido o en qué se nota que estamos sordos para las cosas de Dios y que, por tanto, necesitamos acudir a Él para que nos abra los oídos del alma para sentir su presencia y conocer lo que Él quiere de nosotros? Pero ¿dónde podemos nosotros escuchar la voz de Dios? Según las enseñanzas del Concilio Vaticano II: «La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recin­to más íntimo de aquella»(GS 16). Dios habla al hombre, a todos los hombres, en la profun­didad de la conciencia. Allí donde el hombre se encuentra consigo mismo a solas, allí donde nadie puede penetrar, allí de donde brota y arraiga la bondad o la maldad del hombre, allí resuena la voz de Dios. ¿Escuchamos nosotros esta voz? ¿Será que Dios ha dejado de hablar? ¿Será que se ha quedado mudo y nosotros nos hemos vuelto charlatanes? Más bien lo que sucede es otra cosa: nosotros nos hemos queda­do sordos para Dios porque casi sólo atendemos a los ruidos y voces que nos llegan del mundo. ¿Cómo vamos a escuchar la voz de Dios sin hacer el esfuerzo por cerrar nuestros oídos a las voces del mundo que insistente­mente nos machacan y perturban de día y de noche, dentro de casa y en la calle? En todas partes resuenan con fuerza voces que sólo persiguen una cosa: alejar al hombre de sí mismo, despojarlo de su propia conciencia, para poder así manejarlo y manipularlo mejor en beneficio de poderosos intereses económicos o políticos. No por casualidad la fe cristiana protege y defiende al hombre contra este expolio de sí mismo al insistir en la necesidad de prestar atención a la conciencia, de vivir según la conciencia. «Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente»(GS 16). La dignidad humana, el ser y vivir conforme a nuestra condi­ción humana, se salva si salvamos la conciencia, si no nos dejamos manipular desde fuera, si somos libres desde la hondu­ra del corazón, si somos capaces de cerrar alguna vez los oídos a los cantos de sirena de los explotadores y manipuladores de turno para escuchar la voz, casi imperceptible, de Dios que resuena allí, en lo secreto de nuestro corazón. Es la voz de Dios que salvaguarda nuestra dignidad y la del prójimo, por eso el apóstol Santiago nos ha recomendado enérgicamente: “No mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas”. ¿Qué significa eso? Que los cristianos no podemos valorar al prójimo por lo que tiene o puede, sino por lo que es, hijo de Dios, hermano nuestro en Jesucristo. Aquí reside la verdadera dignidad de todo ser humano que la conciencia recta nos hace percibir.

Ahora bien, en mayor o menor medida todos padecemos de sordera ante Dios. La voz de Dios es muy difícil de escuchar, si no cerramos antes los oídos del alma a los gritos y seducciones del materialismo dominante. Necesitamos acudir a Jesús para que cure nuestra sordera. Bien poco se nos pide: que queramos oír, que deseemos de verdad ser curados, que lo pidamos ardientemente. Dios no dejará de hablar a nuestro corazón, es decir, no dejará de salvarnos si nos ponemos en sus manos como somos, pobres y necesitados de Él. Como aquel sordo que apenas podía hablar, también nosotros nos atrevemos a pedir la curación de nuestra sordera espiritual, con la confianza de que Jesús pronunciará de nuevo aquella palabra misteriosa: Effetá, ábrete; sí, ábrete a la bondad de Dios, a su amor misericordioso; ábrete a ti mismo, a tu conciencia, a tu digni­dad humana, recupérala; no te la dejes arrebatar por los dominadores de este mundo. Únicamente se nos pide que nos dejemos salvar, que acudamos confiadamente a Jesús, de quien, llenos de asombro por las obras que realizaba, decían aquellas gentes: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos». Esta fue y sigue siendo su obra: hacernos oír la voz de Dios, abrir nuestros oídos a su palabra, para que luego podamos nosotros hablar de él, hablar bien de él con nuestras palabras y sobre todo con nuestras vidas.

 

José María de Miguel González, osst

AntAnteriorLa Sinodalidad y la reforma de una Iglesia en salida misionera. Análisis de la XVI Asamblea del Sínodo de los obispos.
SiguienteEl Santo Nombre de María, 12 de septiembreSiguiente

Compartir

blogs recientes

Loading...
Fiesta del Santísimo Redentor: la Familia Trinitaria cierra el septenario por los cristianos perseguidos
Hoy, viernes 23 de octubre, la Familia Trinitaria celebra la...
SEGUIR LEYENDO
Santisimo Redentor fiesta
Domingo XXX (A)
Ex 22,20-26; Sal 17; 1Tes 1,5-10; Mt 22,34-40 Empezamos esta...
SEGUIR LEYENDO
Discernir la vocación: aprender a escuchar
Hay preguntas que no se resuelven con una búsqueda en...
SEGUIR LEYENDO
VOCACIÓN TRINITARIA
Domingo XXIX (A)
Is 45,1.4-6; Sal 95; 1Tes 1,1-5; Mt 22,15-21 Celebramos este...
SEGUIR LEYENDO
Juntos en camino: el valor de la comunidad en la vida trinitaria
Nadie descubre su vocación en soledad, y nadie la sostiene...
SEGUIR LEYENDO
Por qué quedarse en Alepo: el apoyo del SIT a la parroquia de La Anunciación
Cada tarde, cuando terminan las clases, un grupo de niños...
SEGUIR LEYENDO
Loading...
Fiesta del Santísimo Redentor: la Familia Trinitaria cierra el septenario por los cristianos perseguidos
Hoy, viernes 23 de octubre, la Familia Trinitaria celebra la...
SEGUIR LEYENDO
Santisimo Redentor fiesta
Domingo XXX (A)
Ex 22,20-26; Sal 17; 1Tes 1,5-10; Mt 22,34-40 Empezamos esta...
SEGUIR LEYENDO
Discernir la vocación: aprender a escuchar
Hay preguntas que no se resuelven con una búsqueda en...
SEGUIR LEYENDO
VOCACIÓN TRINITARIA
Domingo XXIX (A)
Is 45,1.4-6; Sal 95; 1Tes 1,1-5; Mt 22,15-21 Celebramos este...
SEGUIR LEYENDO
Juntos en camino: el valor de la comunidad en la vida trinitaria
Nadie descubre su vocación en soledad, y nadie la sostiene...
SEGUIR LEYENDO
Por qué quedarse en Alepo: el apoyo del SIT a la parroquia de La Anunciación
Cada tarde, cuando terminan las clases, un grupo de niños...
SEGUIR LEYENDO
Loading...
Santisimo Redentor fiesta
23 Oct 2026

Fiesta del Santísimo Redentor:...

Hoy, viernes 23 de octubre, la Familia Trinitaria celebra la...
seguir leyendo
22 Oct 2026

Domingo XXX (A)

Ex 22,20-26; Sal 17; 1Tes 1,5-10; Mt 22,34-40 Empezamos esta...
seguir leyendo
VOCACIÓN TRINITARIA
22 Oct 2026

Discernir la vocación: aprender...

Hay preguntas que no se resuelven con una búsqueda en...
seguir leyendo
Trinitarios
Provincia del Espíritu Santo
Facebook-f Twitter Instagram Youtube Whatsapp

Espacio desarrollado por ©Universo GlobalEduca

Aviso Legal | Política de Privacidad | Cookies
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
  • YouTube
  • WhatsApp
Gestionar consentimiento
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos. El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
  • Administrar opciones
  • Gestionar los servicios
  • Gestionar {vendor_count} proveedores
  • Leer más sobre estos propósitos
Ver preferencias
  • {title}
  • {title}
  • {title}