Del viernes 12 al domingo 14 de diciembre, Roma acoge el último gran evento del Año Santo: el Jubileo de los Reclusos, una cita profundamente significativa para la Iglesia y, de manera especial, para quienes viven y acompañan la realidad del mundo penitenciario. Este Jubileo reúne a reclusos, familiares, funcionarios, voluntarios, capellanes y responsables de la administración penitenciaria, como signo de esperanza, reconciliación y misericordia.
En este importante acontecimiento participan cerca de 6.000 peregrinos procedentes de 90 países, entre ellos una amplia delegación española organizada por el Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la Promoción Humana de la Conferencia Episcopal Española.
La delegación española está compuesta por 122 personas, procedentes de 10 prisiones de toda España:
32 reclusos, 14 capellanes, 3 obispos, 49 voluntarios, 21 funcionarios y 3 ex-reclusos. Una representación diversa que refleja el trabajo compartido y silencioso que la Iglesia realiza cada día en las cárceles.
Entre los participantes se encuentran dos religiosos trinitarios, muy vinculados a la pastoral penitenciaria:
el P. Paulino Alonso, capellán del Centro Penitenciario de Soto del Real (Madrid), y el P. Sergio García, capellán del Centro Penitenciario de Córdoba. Ambos han acudido acompañados por personas con las que comparten misión: funcionarios, voluntarios, ex-presos y presos, haciendo visible una Iglesia que camina unida y que no deja a nadie al margen.
Los obispos que acompañan a la delegación son Mons. Florencio Roselló Avellanas, arzobispo de Pamplona y Tudela y responsable de la Pastoral Penitenciaria de la CEE; Mons. José Leonardo Lemos Montaner, obispo de Ourense; y Mons. Ángel Román Idígoras, obispo de Albacete, junto con D. José María Carod Félez, director del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española.
Durante estos días, la delegación española participa en diversas actividades jubilares en Roma. El sábado 13, el grupo se reúne en la Iglesia de Montserrat, templo emblemático de los españoles en la ciudad, donde celebran un momento de oración por todas las prisiones, con especial atención al sacramento de la Reconciliación, signo central de este Jubileo. Posteriormente, realizan una peregrinación conjunta hasta la Basílica de San Pedro, atravesando la Puerta Santacomo gesto de fe y de esperanza renovada.
El domingo por la mañana, los participantes asisten a la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, presidida por el Santo Padre León XIV, culminando así un Jubileo que pone en el centro a quienes muchas veces viven olvidados.
La presencia de los Trinitarios en este Jubileo conecta profundamente con el carisma de la Orden: estar junto a quienes viven situaciones de cautividad, exclusión y sufrimiento, anunciando la misericordia de Dios y la esperanza de la redención. Un testimonio silencioso y fiel que sigue haciendo visible el Evangelio allí donde más se necesita.