En mayo de 2026 se conoció en Irak una sentencia judicial que ha sido celebrada como una victoria para la libertad religiosa: Maryam (seudónimo), una joven cristiana, logró que un tribunal reconociera su derecho a corregir su religión en los registros oficiales del Estado y a ser inscrita legalmente como cristiana.
Una identidad impuesta desde la infancia
El caso de Maryam ilustra un problema estructural que afecta a numerosas minorías religiosas en Oriente Medio y Asia. Cuando era menor de edad, fue inscrita automáticamente como musulmana tras el matrimonio de su madre con un hombre musulmán, en aplicación de la Ley de la Tarjeta Nacional n.º 3 de 2016. Esta norma asigna de oficio la religión del padrastro o tutor a los menores, sin tener en cuenta la fe en la que realmente son educados ni la voluntad de la familia.
Al alcanzar la mayoría de edad, Maryam decidió actuar. En enero de 2025 presentó una demanda solicitando que el Estado reconociera su verdadera identidad religiosa, y el tribunal falló a su favor, reconociéndole el derecho a elegir libremente su fe.
Un precedente con alcance más amplio
La sentencia no beneficia solo a Maryam. Según se ha informado, podría abrir camino para otras personas en su misma situación, incluidas sus dos hermanas menores, que podrán acogerse a este precedente cuando alcancen la edad adulta.
Su defensa contó con el respaldo de la organización Alliance Defending Freedom (ADF), aunque la resolución todavía deberá ser revisada por el Tribunal Federal de Casación de Irak, por lo que el caso no está definitivamente cerrado.
Un desafío que se repite en varios países
Lo ocurrido con Maryam no es un hecho aislado. En distintos países de Oriente Medio y Asia, el Estado asigna oficialmente la religión de los ciudadanos y dificulta enormemente su modificación posterior, con consecuencias que van mucho más allá del papel: afectan a la educación, el matrimonio, las herencias y otros derechos civiles básicos.
En Egipto, cristianos de origen musulmán han enfrentado grandes obstáculos para lograr que el Estado reconozca su nueva fe. En Pakistán y Malasia se han documentado procesos judiciales similares, marcados por la imposibilidad de cambiar la religión en los documentos oficiales o por restricciones legales severas para quienes abandonan el islam.
Confirmación definitiva del Tribunal de Casación
La búsqueda de información adicional en la web permite completar y precisar la noticia publicada en el boletín. El 30 de julio de 2026, ADF International emitió un comunicado confirmando que el Tribunal de Casación de Irak —la máxima instancia del país en materia civil, penal y de estatuto personal— había ratificado en apelación la sentencia favorable a Maryam dictada en mayo de 2026 por el tribunal de primera instancia. Es decir, el fallo mencionado en el boletín SIT ya no está pendiente de revisión, como se indicaba, sino que ha quedado confirmado en firme por la más alta instancia judicial iraquí.
Según ADF, la norma aplicada a Maryam es el artículo 26(2) de la Ley de la Tarjeta Nacional n.º 3 de 2016, que establece que «los hijos menores de edad seguirán la religión del progenitor que se haya convertido al islam». En virtud de esta disposición, Maryam y sus hermanas fueron reclasificadas de oficio como musulmanas cuando su madre, tras separarse de su padre, contrajo matrimonio con un hombre musulmán, pese a haber sido criadas en una familia cristiana.
Kelsey Zorzi, consejera principal y directora de Incidencia por la Libertad Religiosa Global de ADF International, subrayó que «cristianos y otras minorías religiosas de todo Irak y de Oriente Medio sufren un daño real cuando los gobiernos les asignan una religión que no es la suya», y defendió que en los países donde la afiliación religiosa tiene consecuencias legales —en materia de matrimonio, herencia, entierro o educación— debe ser la propia persona, y no el Estado, quien determine su identidad religiosa.
Las hermanas menores de Maryam, a la espera
Un dato que el boletín no recogía: las dos hermanas menores de Maryam siguen registradas oficialmente como musulmanas, ya que la ley solo permite iniciar este tipo de reclamación al alcanzar la mayoría de edad. Está previsto que, cuando cumplan 18 años, se emprendan procesos judiciales similares en su nombre, apoyándose en el precedente ya sentado por el caso de su hermana.
Un problema regional, no solo iraquí
ADF International sitúa el caso en un contexto más amplio: la práctica de la «religión asignada por el Estado» afecta también a Egipto, Pakistán, Malasia y Bangladés, donde una designación religiosa incorrecta o impuesta —por error administrativo, por herencia de la conversión de un progenitor o por políticas estatales coercitivas— puede acarrear la escolarización obligatoria en una religión ajena, trabas para contraer matrimonio, complicaciones en herencias, conflictos de derecho de familia y la sujeción de personas no musulmanas a tribunales de la sharía. La organización recuerda además que este tipo de leyes entra en conflicto con el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que garantiza a toda persona el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, incluida la de adoptar la religión de su elección.
Una victoria que señala un camino
El caso de Maryam, ya confirmado en firme por la máxima instancia judicial de Irak, pone de relieve los desafíos que aún enfrentan muchas minorías religiosas para que su identidad de fe sea reconocida legalmente, y recuerda la importancia de seguir acompañando y visibilizando estas situaciones, así como de sostener con la oración a quienes, como ella y sus hermanas, luchan por vivir su fe con libertad.