Con motivo del sesenta aniversario de la declaración conciliar Nostra Aetate, la Curia Romana ha hecho pública una nota conjunta titulada Un camino de esperanza. Se trata de un texto de unas veinte páginas, aprobado por el papa León XIV, que busca orientar las decisiones teológicas de la Iglesia católica en materia de diálogo interreligioso dentro de un mundo marcado por los conflictos. El documento recuerda, en línea con el espíritu del Concilio, que «la Iglesia reprueba como ajena al espíritu de Cristo cualquier discriminación o vejación por motivos de raza o color, de condición o religión».
La reflexión lleva la firma de los prefectos Víctor Manuel Fernández, Kurt Koch y George Koovakad, junto a los secretarios Armando Matteo, Flavio Pace e Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage. En sus páginas, los firmantes reclaman la libertad para los cristianos que viven como minoría en sus países y recuerdan que «toda persecución por motivos religiosos constituye siempre una violación de la dignidad humana», por lo que consideran prioritario combatir las agresiones de grupos extremistas.
El vínculo irrevocable con el pueblo judío
El texto vaticano dedica una atención especial a los lazos con el pueblo judío, al insistir en que «la alianza de Dios con el pueblo judío es irrevocable y esto interpela constantemente a la Iglesia». Los dicasterios firmantes subrayan también su compromiso en la lucha contra el antisemitismo y reconocen que los conflictos en Oriente Medio han puesto a prueba los canales de comunicación entre ambas comunidades, lo que hace imprescindible fortalecer el conocimiento mutuo frente a las divisiones.
Diálogo con el islam y otras tradiciones religiosas
El documento resalta igualmente los frutos del trabajo conjunto con el islam y con otras tradiciones como el budismo, el hinduismo o el confucianismo. Al mismo tiempo, la Santa Sede rechaza las muestras de islamofobia que, señala el texto, «no distinguen adecuadamente los casos de fundamentalismo y violencia de la convivencia pacífica de los otros creyentes musulmanes», y agradece a las comunidades cristianas su espíritu de acogida hacia quienes profesan otras fes.
Los pobres, brújula del compromiso interreligioso
Al evaluar el magisterio pontificio contemporáneo, la nota sitúa a las personas vulnerables como criterio central del diálogo, advirtiendo de que los pobres representan «la brújula» de cualquier proyecto social o religioso. Los dicasterios alertan frente al peligro que suponen «el auge de los fundamentalismos, la permanencia de los prejuicios, la manipulación política de las pertenencias religiosas o la violencia en nombre de Dios».
Frente a estos obstáculos, el documento insiste en que el entendimiento mutuo no es una táctica, sino un compromiso irrenunciable: «no podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a comportarnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios». Por ello, el Vaticano exhorta a todos los creyentes a «abandonar las lógicas de defensa, hostilidad o conquista» para actuar como verdaderos artesanos de la paz.
Una llamada que interpela al carisma trinitario
La condena vaticana de «toda persecución por motivos religiosos» como violación de la dignidad humana, y su llamada a defender a los cristianos que viven como minoría, sitúan en el centro de la actualidad eclesial una causa que la Orden Trinitaria lleva ocho siglos sosteniendo. Ya en 1198, San Juan de Mata fundó la Orden precisamente para liberar a quienes eran esclavos a causa de su fe, bajo el lema «Gloria a la Trinidad y a los esclavos libertad».
Esa misma vocación se actualiza hoy a través de Solidaridad Internacional Trinitaria (SIT), que acoge los anhelos de liberación y los gritos de esperanza de los cristianos perseguidos y de todas las personas sensibilizadas ante este drama contrario a la libertad religiosa. Documentos como Un camino de esperanza recuerdan que este no es un compromiso aislado, sino parte de una tarea eclesial compartida: construir puentes de fraternidad allí donde el miedo y la violencia levantan muros.