Cuando nos hicieron el encargo de imaginarnos a San Juan de Mata, que nació en 1.154, como voluntario de Argia fundazioa, donde apoyamos a personas con problemas de salud mental, nos costó al principio imaginárnoslo, aunque rápido nos dimos cuenta de que había una clara conexión, la de que, tanto él, como las personas voluntarias de Argia, buscan transformar la sociedad en la que vivimos, apoyando a otras personas en sus necesidades, derechos y luchando contra el estigma y los prejuicios. Este fue nuestro punto de partida.
Como fundador de la Santísima Trinidad para la redención de cautivos, y conocido por sus múltiples obras, creemos que hubiera mostrado una actitud de compasión y empatía hacia aquellas personas a las que hubiera apoyado, al igual que hizo a lo largo de su vida hace ya tantos años.
Imaginamos que, como persona sensible a los demás que fue, con apertura a los problemas de otros, hubiera sido un modelo esperanzador, una especie de agente de apoyo mutuo cristiano, que con su ejemplo y apoyo, hubiera logrado que muchos y muchas que dudaban de sí mismos, recuperaran esa parte perdida de autoconfianza para afrontar su proceso de recuperación.
Hay un proverbio chino que dice, si caminas sólo irás más rápido, pero si caminas acompañado, llegarás más lejos. Creemos que tanto San Juan de Mata como las personas voluntarias de Argia están por la labor de caminar juntas.
Nos imaginamos su labor de voluntario como una manera de ocupar su ya de por si escaso tiempo libre, dedicándoselo a los demás, desde la libertad de ofrecer su ayuda y su apoyo a aquellas personas que lo necesitasen.
En nuestros tiempos, ese voluntariado lo entendemos casi como una buena terapia con la que ocupar nuestro tiempo. Esto, unido al apoyo espiritual que hubiera brindado a las personas, sin duda les proporcionaría bienestar emocional y les haría sentir mejor. Además, le otorgaría a él mismo experiencia para poder progresar a nivel personal, esto es, le motivaría a seguir con todos aquellos proyectos que tenía en mente y que realizó a lo largo de su vida. Al igual que fundó hospitales y tejido redes de apoyo para los y las necesitadas, sin duda, hubiera creado recursos comunitarios donde las personas con problemas de salud mental pudieran recibir el apoyo digno que merecen.
Además una experiencia como voluntaria sirve para aprender cosas nuevas, recibes el doble de lo que das, eleva la autoestima,otorga humildad, te hace tocar suelo, conocer realidades distintas, ayuda tanto a nivel físico como mental, y te convierte en altavoz en la sociedad de los aprendizajes durante el voluntariado.
En definitiva, hubiera sido la llave de la vida de muchas personas, otro éxito que sin duda habría supuesto un novedoso legado en lo referente a la atención a las personas más vulnerables.
BoluntArgia