La vida de San Juan de Mata en el siglo XXI al fundar la Orden de la Santísima Trinidad, habría encontrado en el entorno penitenciario un espacio ideal para encarnar su carisma trinitario, profundamente marcado por la liberación y redención como capellán de prisiones, dedicando su vida a transformar las realidades de los presos desde la fe, la justicia y la compasión.
Como capellán, habría comenzado su labor con el acompañamiento espiritual de los presos, ayudándoles a encontrar esperanza y sentido de sus vidas en medio de sus circunstancias. Llegaría a todos estos hombres y mujeres con la única tarea fundamental de anunciar la Buena Noticia de liberación de Jesús en sus vidas, con toda la fuerza humanizadora, transformadora, liberadora y Redentora que se encierra en el acontecimiento de la persona misma de Jesucristo. No le importaría ni siquiera si la persona encarcelada es cristiana o musulmana, ni siquiera si es creyente o no, ni si está en prisión por un delito de tal o cual calibre. Sino que San Juan de Mata miraría al preso/a como una PERSONA que tiene su historia, que tiene su dignidad, inmensamente maltrecha y degradada, que es alguien que ha sufrido y sigue padeciendo lo opuesto al Evangelio, que es un ser humano que precisa ayuda, ser reconocido como es y ser redimido, liberado de cuanto le fue llevando al punto en el que ahora se encuentra. Esa persona para san Juan de Mata, es hijo de Dios y hermano nuestro. Por eso su compromiso sería el de acompañar a estos hermanos presos en su proceso personal, atendiendo a sus necesidades materiales y emocionales, para alcanzar la libertad interior, sin olvidar por su puesto, a sus familias, a las víctimas y a la sociedad.
Además, su enfoque no se limitaría únicamente a los presos/presas, sino que también se extendería a sus familias, quienes a menudo sufren las consecuencias del encarcelamiento, el estigma social de tener a un familiar preso. Como capellán, habría promovido redes de apoyo para brindarles asistencia emocional, espiritual y, en la medida de lo posible, material, creando un puente de reconciliación entre los presos y sus seres queridos.
Fiel a su carisma de liberación, San Juan de Mata también habría abogado por una justicia restaurativa dentro del sistema penitenciario. Habría trabajado para combatir las condiciones inhumanas en las cárceles y promover una verdadera rehabilitación que permitiera a los reclusos reintegrarse en la sociedad, trabajando por la inclusión social. Este compromiso habría incluido el impulso de programas de educación, formación profesional y orientación psicológica, ayudando a los presos a reconstruir sus vidas de manera digna y sostenible.
En un contexto moderno, probablemente se habría convertido en un defensor activo de los derechos humanos en las prisiones, denunciando las injusticias estructurales que perpetúan la marginalización de ciertos sectores de la población. San Juan de Mata habría sido un mediador incansable entre las instituciones y las comunidades, buscando recursos y oportunidades para los presos que terminan sus condenas, con el objetivo de evitar su exclusión social y fomentar su reinserción.
Su enfoque trinitario habría resaltado la importancia de la reconciliación: entre los presos y sus víctimas, con sus familias y con la sociedad en general. San Juan de Mata habría visto en cada acto de perdón y restauración una manifestación concreta del amor de Dios, demostrando que incluso en las circunstancias más oscuras es posible la transformación.
La vida de San Juan de Mata como capellán de prisiones habría sido un testimonio de misericordia, solidaridad y redención. Sus acciones habrían inspirado a otros a mirar más allá de los estigmas sociales, recordando que todos somos capaces de cambiar y que el perdón es una fuerza poderosa para sanar las heridas más profundas. En definitiva, su legado habría sido un ejemplo vivo de cómo la fe y el amor pueden convertir la esclavitud, ya sea física o espiritual, en una experiencia de liberación y esperanza.
Vicente Elipe López-Peláez, O.SS.T.