Pasado el ecuador de la Cuaresma me asalta la duda de saber si realmente, hoy por hoy, la sociedad sabe qué es, por qué se celebra y cuál es su verdadero sentido. Días antes de caer enfermo e ingresar en el Gemelli de Roma, el papa Francisco publicaba su tradicional mensaje para la preparación al Misterio Pascual. Solo dos páginas de reflexión sobre este tiempo litúrgico, pero que muestran claramente cuál es su verdadero significado.
El Papa vertebraba su discurso en tres palabras: camino, conversión y esperanza. La primera clave es la metáfora del camino, recordándonos las vicisitudes del pueblo de Israel por el desierto y que todos somos peregrinos en algún momento de nuestras vidas. Normalmente el camino no se hace solo, buscamos a alguien que nos apoye, un cayado.
El camino de este tiempo de preparación es un camino de comunidad, de júbilo, por algo ese es el lema del Jubileo de los Jóvenes: “Peregrinos de la esperanza”. Camino de unidad, camino como vocación, de estar siempre en marcha para salir a “primerear” en el amor, utilizando esa expresión tan genuina del Papa.
Como segunda palabra aparece conversión, expresión muy teológica que recoge perfectamente el espíritu de la Cuaresma. La liberación de todo lo que esclaviza que te convierte en un elemento fractal entregado al otro. Es sentirse parte de un todo que te llama hacia los demás. Francisco nos pide escapar de la autorreferencialidad, del grupo endogámico que ve todo lo ajeno como malo o peligroso; sumarse a la utopía de practicar la acogida, especialmente con los del “costado de la vida”, de hacer una Iglesia más comunidad y menos fin en sí misma.
Por último, y como no puede ser de otra forma, conociendo su teología y magisterio, el Papa nos embarca en un torrente de esperanza, hacia un mundo más humano, con menos inteligencia artificial y más emocional. Nos anima a vivir una existencia con más cuidado por la casa común, hacia una globalización, pero sin perder la esencia del yo interior. Envueltos en un carisma de “Iglesia en salida” y alejados de la autarquía hedonista del pulgar hacia arriba.
Como Familia Trinitaria estamos llamados a vivir este camino de Cuaresma en clave de comunidad, tendiendo puentes hacia los hermanos y respaldados por el empuje constante de Dios Trinidad. Vivamos la Semana Santa como una experiencia vital que nos lleve de la mano hacia una sinodalidad real de encuentro con el Resucitado.
¡Feliz camino trinitario de esperanza!
Juan Enrique Redondo Cantueso
Director Pedagógico EI-EPO
Colegio Stma. Trinidad – Trinitarios Córdoba