Se está acercando la Navidad, innumerables ofertas llegan hasta nosotros inundando las RR. SS, los anuncios publicitarios, los escaparates de la ciudad, las estanterías de los supermercados, … cada una de ellas gana a la otra en originalidad, ostentación, suntuosidad y boato.
Los calendarios de Adviento nos asaltan por doquier invitándonos a comenzar la cuenta atrás. Esta fue una idea de un pastor luterano que pretendió hacer más ligera la espera de la Navidad a los chavales del centro de acogida que él dirigía hacia mediados del s. XIX en Hamburgo. La costumbre se extendió rápidamente por Alemania y ha evolucionado de manera inaudita tomando formas diversas y dirigiéndose no ya a los más pequeños sino diversificando ofertas para todos.
Así es posible encontrar: calendarios de golosinas o chucherías, de minerales o piedras preciosas, de joyas o bisutería, de quesos u otros alimentos, de velas perfumadas o ambientadores, de infusiones, cápsulas de café o especias; de personajes de Marvel, Harry Potter o Star Wars…
Yendo al terreno de lo “religioso” también los hay de frases bíblicas o de buenos propósitos, de pequeñas narraciones con los acontecimientos que suceden los días que preceden al nacimiento de Jesús con una acción a realizar «ayudar a otras personas», «mediar ante los problemas»; personajes de las diferentes familias religiosas que nos proponen algún mensajito y cómo no otros con propuestas de actividades solidarias.
En definitiva, los calendarios de Aviento me hacen pensar que este es un tiempo de seducción.
Elijo la seducción con la tercera acepción de la RAE en el sentido de “embargar o cautivar el ánimo a alguien” que para algunos podrá ser la seducción de la pompa y del consumo y para otros la seducción por hacer el bien o dicho de otro modo por la bondad.
Al comienzo de la Navidad la liturgia de la Palabra nos recordará la certidumbre para la que nos hemos venido preparando en los días previos del adviento: «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre» (Tt 3,4).
El papa Francisco en alguna ocasión ha dicho que: “La bondad es un antídoto contra algunas patologías de nuestras sociedades: contra la crueldad, que puede introducirse como un veneno en el corazón e intoxicar las relaciones; contra la ansiedad distraída y el frenesí que nos hacen centrarnos en nosotros mismos y cerrarnos a los demás”.
La bondad es nuestra acreditación como personas y como creyentes. Complicada afirmación esta después de leer, ver o escuchar en cualquier horario lo que ocurre en este mundo; antes bien recordaríamos el aforismo de Thomas Hobbes en su obra El Leviatán (1651) para referirse a que el estado natural del hombre lo lleva a una la lucha continua contra su prójimo: “El hombre es un lobo para el hombre» (en latín, homo homini lupus). Para no ser catastrofista apelo a otro filósofo crítico con el pensamiento de Hobbes que afirma: “el hombre es bueno por naturaleza», Jean-Jacques Rousseau, quien sostenía que los seres humanos nacen buenos y libres, pero el mundo los corrompe.
Al preguntamos de dónde brota la bondad, los cristianos respondemos: del fondo de lo humano, de la entrega de Jesús y del amor liberador de un Padre que nos busca con pasión y nos quiere buenos.
Quienes nos vivimos cristianos hemos percibido la bondad de Dios derramada en la vida de cada uno y sabemos poner a la persona en el centro. La acogida, la comprensión, el perdón, la lucha tenaz por el reconocimiento de la dignidad de los más pobres son valores de recurso inmediato y corriente.
Me seduce la bondad en este tiempo de adviento y me invita a poner en práctica estrategias y planes concretos que hagan hacer retroceder a la injusticia, a la pobreza, al dolor y a cualquier otra constricción que aflige la existencia humana.
Precisamente porque la posibilidad del triunfo del mal se hace más cercana con hechos como los que a diario vemos, escuchamos y leemos, debemos contrarrestarlos con la fe y la práctica de una bondad cotidiana. Las grandes inhumanidades se fraguan en el calendario de todos los días, en la vivencia de la ciudadanía. Ahí es preciso construir la certeza del triunfo de la bondad.
Toni Toral Olivares
Directora Pedagógica de E. Primaria
Colegio Virgen de la Cabeza – Andújar
Fundación Educativa Santísima Trinidad
