Ha fallecido Gustavo Gutiérrez. La teología de la liberación queda huérfana de padre cincuenta años después de su nacimiento, una teología del pueblo, de la rebelión, de los pobres. Se nos ha ido un hombre sencillo que entregó su vida en el ámbito de la educación, la pastoral y la investigación teológica, pero, por encima de todo, destacó en la cercanía al pobre.
Peruano de nacimiento, aunque sudamericano universal, supo conectar a todos los pueblos americanos a través de su obra Teología de la liberación. Perspectivas (1971) que dio el pistoletazo de salida a un movimiento popular cristiano arrollador. Pero no fue él quien parió esta nueva concepción de la relación entre Dios y el ser humano, el concepto de teología de la liberación ya había sido acuñado por Rubem Alves, brasileño y protestante, en su tesis doctoral allá por 1968.
Teología de la liberación suena a conflicto, revolución, transgresión o anti ortodoxia. Y si no que le pregunten a muchos teólogos que siguieron su estela, tales como Boff o Sobrino. En las antípodas doctrinales de san Juan Pablo II supo mantener una actitud de diálogo con la Iglesia desde el respeto, pero sin renunciar nunca a sus principios, los de la liberación humana. La semilla se fue esparciendo por toda América del Sur y cristalizó en otras fórmulas que bebían de ella como la teología del pueblo en la que militaron Jorge Bergoglio o Juan Carlos Scanonne.
Sacerdote diocesano, más tarde fraile dominico, supo entender la distancia entre una ortodoxia recalcitrante y un pueblo que añoraba otra iglesia como la de los primeros tiempos. Siempre al lado del pueblo, siempre junto a los desfavorecidos, el único lado posible para un cristiano. Estar con los más vulnerables le hizo ver el mundo de manera diferente, le convirtió en un pastor dialogante, un pensador que quiso acercar su pueblo a un Cristo Liberador, desde una postura crítica y valiente. No siempre es fácil ponerse del lado de las víctimas, no es empatía, es saber las preguntas para dar buenas respuestas. Es acompañar desde la radicalidad del Evangelio, salvar al desvalido, en definitiva, “primerear”, parafraseando al papa Francisco; estar en la línea de salida presto para dar la vida por el prójimo.
El padre Gutiérrez nos deja un legado de liberación, ¿hay algo más trinitario? La Trinidad se nos revela como paradigma de la liberación humana, una liberación que consiste en hacerse padre para el prójimo, redentor del caído y espíritu para el que ha perdido la ilusión. Esa es la teología de la liberación y no eso que se ha tratado de vender como un subproducto político al servicio de intereses malvados. No, la teología que nos presentó Gutiérrez a lo largo de su vida fue algo más: la creencia firme en que el ser humano ha sido salvado y que necesita una liberación constante de sus ataduras. Gustavo Gutiérrez nos llama con su vida entregada por los últimos de la tierra a hacernos una reflexión: no se trata de izquierdas y derechas, de comunismo o capitalismo, de ortodoxia frente a rebelión, la cuestión es dotar a la teología de accesibilidad, de una sencillez que solo la puede dar el estar a pie de calle en una favela, una iglesia o un centro comercial. Descanse en paz un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Juan Enrique Redondo Cantueso
Director Pedagógico EI-EPO Trinitarios FEST Córdoba
Profesor ISCCRR Beata Victoria Díez (UESD)