Me emocionó el abrazo del Santo Padre a Montse, una de las internas del Centro Penitenciario Brians 1 que dio su testimonio ante el Papa. Fue distinto a todos los demás saludos que el Papa había dado hasta ese momento. Algo muy especial y trascendente estaba pasando en ese instante. Sentí allí todo un mensaje para cada persona privada de libertad y para la pastoral penitenciaria.
Un abrazo distinto
Todos los que participan en los actos de la Visita Apostólica de León XIV a España, al concluir su intervención, se acercan a saludarle. El Papa les da la mano con afecto y un pequeño regalo: un rosario o una medalla. Pero esta vez fue distinto. Al concluir su testimonio, Montse se acercó emocionada y nerviosa al Santo Padre. Este, que suele ser parco en sus expresiones, abrió de repente sus brazos con la sonrisa más sincera, y Montse se fundió en un abrazo con el Papa. Él correspondió con un afecto de padre que antes no se le había visto. Estaba pasando algo muy especial.
El secretario del Papa, como es habitual, le entregó la cajita del regalo a León XIV para que se la diera a Montse. Se separaron y así lo hizo. Pero de nuevo volvieron a abrazarse para concluir ese momento de perdón y amor. Después abrazó con el mismo afecto a Josefina, la otra interna que también dio su testimonio. Me recordó al abrazo del Padre Misericordioso en la parábola del hijo pródigo.
Un abrazo a cada preso
Sentí cómo León XIV, en ese sublime gesto, abrazaba a cada preso de España y del mundo. Como en Brians 1, el Papa dice a cada preso: “Todo ser humano tiene una gran dignidad por haber sido querido, creado y amado por Dios. Los errores no determinan la identidad de una vida. Dios sigue hablando hoy en nuestra conciencia, y solo espera que le demos una oportunidad. Dios te ama como eres, pero te sueña mejor.”
Un abrazo a la Pastoral Penitenciaria
Este gesto del Papa me recuerda a tantas veces, en la Pastoral Penitenciaria, en que un interno se abre y te cuenta su vida, sus preocupaciones, sus sufrimientos. Al sentirse escuchado por alguien que viene en nombre de Dios —un voluntario, una religiosa, un sacerdote—, el preso se levanta y te da un abrazo, porque has compartido su dolor, porque estás con él, porque siente a Dios con él. Ese abrazo es un envío a la misión: mostrar el amor misericordioso de Dios y cómo la realidad de la prisión es un lugar donde Dios se manifiesta, como nos dice Mateo 25: “Estuve preso y vinisteis a verme.”
Un abrazo a nuestro mundo plural
Pontífice viene del latín y significa constructor de puentes. El Papa ha venido con un mensaje sinodal, tendiendo puentes de diálogo con todas las realidades sociales, civiles y culturales, para buscar el bien común y preocuparnos de los últimos de la sociedad. Este abrazo con Montse muestra cómo toda la sociedad ha de preocuparse de los últimos: su fracaso es un fracaso de todos. Es una llamada a construir la “Ciudad de Dios” de la que hablaba San Agustín, un mundo nuevo, el Reino de Dios.
Como Trinitarios
Esta visita del Papa a los presos nos alienta en nuestra misión de dar gloria a Dios Trinidad y libertad a los cautivos a través de la pastoral penitenciaria.
P. Sergio García, osst