Is 52,7-10; Sal 97; Heb 1,1-6; Jn 1,1-5.9-14 (forma breve)
Bienvenidos hermanos y hermanas a la celebración de esta segunda fiesta mayor del año litúrgico: la Navidad. Porque “un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”.
Navidad o Natividad significan nacimiento: ¿qué nacimiento celebramos?
El relato del evangelio de san Lucas habla del nacimiento de un niño en las afueras de la ciudad de Belén, en un establo entre animales, “porque no había sitio para ellos en la posada”.
El evangelio de san Juan también alude al rechazo del recién nacido: “vino a su casa, y los suyos no lo recibieron”, pero antes nos había dicho quién es este que nace en condiciones tan penosas: “en el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”. Esta Palabra, por quien todo fue hecho, se hizo carne y habitó entre nosotros. La Palabra es el Hijo del eterno Padre, la expresión viva de su mismo ser. Acoger esta Palabra es acoger a Dios mismo, por eso nos dice el evangelista que “a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre”. En el nacimiento de Cristo celebramos nuestro propio nacimiento como hijos adoptivos de Dios.
Navidad significa intercambio: en el nacimiento de Cristo se obró un admirable intercambio: Dios hace suya nuestra frágil humanidad para hacernos partícipes de su divinidad. Él toma lo nuestro y nos da lo suyo, y de este modo nos salva de la destrucción y la muerte eterna. Al humanizarse Dios, el hombre ha sido divinizado.
Navidad significa esperanza: en el nacimiento de Cristo se nos han abierto las puertas de la vida para siempre junto a Dios, y con la esperanza viene el gozo y la alegría porque nuestra presencia en este mundo tiene sentido, es un milagro del amor de Dios, porque no estamos destinados a la muerte sin remedio, sino a la vida junto a Dios para siempre. Tenemos esperanza porque tenemos a Dios con nosotros y de nuestra parte: ¿qué puede echarnos para atrás?, ¿qué nos puede hacer temblar? En este gran día alegrémonos y demos gracias porque el principio de nuestra salvación se ha abierto camino en este mundo en el día en que nació nuestro Salvador Jesucristo. Por eso hoy nos felicitamos deseándonos felices pascuas, porque la Navidad es el comienzo de la Pascua, el día glorioso de la resurrección del Señor.
Nuestros antepasados que tenían un vivo sentido de la fe, sabían bien que al desearnos felices pascuas en Navidad estaban ya anunciando el desenlace final de este acontecimiento: el que nace en medio del rechazo e indiferencia de los hombres y acabará traspasado en una cruz es el que en la mañana de pascua resucitará de entre los muertos. Pascua significa paso: hoy celebramos el paso de Dios a nosotros, en el día del Nacimiento de Jesucristo: por eso decimos felices pascuas: porque Dios ha venido a nosotros; y en la fiesta grande de Pascua de resurrección celebramos el paso de Cristo de este mundo al Padre, y con él todos nosotros, por eso ese día también nos deseamos felices pascuas. En ambas fiestas, las mayores del calendario litúrgico cristiano, la alegría y el agradecimiento nos hacen percibir más de cerca el misterio de la salvación que empieza a realizarse en el nacimiento de Cristo y culmina con su gloriosa resurrección.
Felices pascuas de Navidad a todos.
José Mª de Miguel, osst