Marruecos es uno de los lugares principales de los orígenes históricos y carismáticos de la Orden de la Santísima Trinidad. Los trinitarios, fundados para la redención de cautivos cristianos en tierras del Islam, dirigieron sus pasos hacia Marruecos ya en vida del Fundador de la Orden, san Juan de Mata (+1213) y lo continuarían haciendo a lo largo de los siglos. La proximidad geográfica con los reinos cristianos donde esta Orden religiosa se fundó y propagó, hizo de Marruecos un destino permanente de los viajes redentores de los frailes trinitarios, que conocieron bien sus costas, sus caminos y sus ciudades. Por el conocimiento del habla, de los usos y costumbres del cercano país magrebí, estos religiosos fueron frecuentemente la fuente mejor informada sobre aquel mundo tan próximo, y al mismo tiempo tan lejano y desconocido en Europa.
Fue Inocencio III el papa que aprobó la Regla de vida de la naciente orden religiosa, es decir, el texto normativo por el que debían regirse los trinitarios. La aprobación tuvo lugar el 17 de diciembre de 1198. Tres meses más tarde, en marzo de 1199, el mismo papa entregó al Fundador una carta destinada al sultán de Marruecos (amir al muminín, “Príncipe de los creyentes”); el texto de esta carta, titulada “Inter opera misericordiae” ha llegado hasta nosotros, al haber hecho una copia que quedó registrada en el Archivo vaticano.
En esta carta, confiada a los trinitarios para su entrega en mano al destinatario, el papa elogia la actividad de estos y recomienda al soberano musulmán que favorezca la redención de cautivos cristianos, ya sea pagando la cantidad que corresponda por su rescate, o bien canjeándolos por cautivos musulmanes. La tradición y el sentido común afirman que fue el mismo san Juan de Mata quien llevó a Marruecos esta misiva papal, y que en esta ocasión realizó la primera redención de cautivos, inaugurando una praxis de siglos, que perduraría hasta la mitad del siglo XVIII.
Los trinitarios castellanos, portugueses, aragoneses y franceses dirigieron sus pasos frecuentemente hacia Marruecos para redimir cautivos. Mequinez, Tánger, Fez, Mogador, Safi, Tetuán, Marrakesh, Yadida fueron lugares de frecuentes visitas de los trinitarios durante los siglos en su misión de redención, y sus nombres resultan familiares a quienes se interesan por la documentación relativa a esta obra de misericordia. El convento de Ceuta, fundado en 1568, fue estratégico para poder organizar y realizar los rescates. Hubo otras presencias de trinitarios, de vida más breve, en Tánger, en Fez y en Tetuán; en estas dos últimas ciudades llegaron a fundar hospitales para cautivos en el siglo XVII, que tuvieron que cerrar por motivos de fuerza mayor, fundando con sus bienes el hospital de Ceuta.
En 1681 tuvo lugar un rescate muy famoso y especial por sus connotaciones: el de la imagen de Jesús Nazareno, conocida popularmente como “Jesús de Medinaceli” o “Jesús Nazareno Rescatado”. Esta imagen se veneraba en la capilla de la plaza militar española de la Mámora, en la costa atlántica marroquí, llamada actualmente Mehdía. La Mámora cayó en manos de Muley Ismael, rey de Fez. Los trinitarios descalzos organizaron su 14ª Redención general, en la que rescataron a 211 personas y 17 objetos de culto, entre ellos la imagen de Jesús, que pasó a venerarse en el convento trinitario descalzo de Madrid, suscitando una gran devoción entre el pueblo cristiano, que perdura hasta hoy. Es la devoción más característica de los trinitarios, que recuerda siempre su carisma y misión redentores.
Finalicemos con estas frases, escritas por el P. Diego de Gayangos, trinitario de Castilla, escritas en 1518, al rescatar a 600 cautivos en el reino de Fez. Dice esto, al hablar de 60 cautivos a los que encontró en Vélez de la Gomera:
“La primera vez metieron sesenta e tantos hombres cristianos, atados con un cordel por los pescuezos, uno en pos de otro, e las manos atadas; y ellos, los tristes cautivos, con mucha tristeza. Y os digo, Padre, que si tanto llorase por mis pecados como lloré cuando los vi meter en Vélez, y ellos los ojos bajos e congojados e humildes, y los moros con las mayores alegrías del mundo… me pareció la manera con que sacaron a Jesucristo, nuestro Redentor, de Jerusalén, a padecer muerte por los pecadores”.
Pedro Aliaga, O.SS.T.
Ministro Provincial
