Si partimos de la definición de cofrade, “persona que pertenece a una cofradía”, en la que una cofradía católica está formada por “creyentes que se reúnen en torno a una advocación de Cristo, de la Virgen o de un Santo, un momento de la Pasión o una reliquia”, a San Juan de Mata le faltaría muy poco para ser cofrade al cien por cien.
Gracias a Dios, hoy en día las cofradías no son solamente lo que dice su definición, porque todas, en mayor o menor medida, realizan una labor social. En esta parte es donde más encajaría San Juan de Mata como cofrade, al igual que lo hizo en el inicio de su religiosidad e incluso a lo largo de su vida. Desde muy niño, y de la mano de su madre, aprendió esos valores de ayuda a los demás.
Hoy vamos a traerlo hasta nuestros días, imaginándolo como una persona normal, con un trabajo normal, una familia creyente y cofrade trinitaria, muy comprometido con la situación actual y con la labor social que desarrolla la Orden, especialmente en aquellos lugares del mundo donde, solo por ser cristianos, las personas son perseguidas, torturadas e incluso asesinadas por su fe.
Volviendo a una hermandad de hoy, estoy seguro de que San Juan de Mata llevaría la Vocalía de Caridad y Asistencia Social, donde, en el reparto del presupuesto de la hermandad, pelearía por destinar una gran parte a su vocalía. Junto con las administraciones, las colaboraciones de empresas, particulares, etc., y dentro de las organizaciones de caridad de la Iglesia Católica, como Cáritas y, más en especial, la Orden Trinitaria a través de Prolibertas, volcaría todos sus esfuerzos, los cuales dividiría en tantas partes como necesidades encontrara en esa zona.
Sin embargo, al margen del reparto económico entre los más necesitados, que sería solo una parte de su actividad en la cofradía, San Juan de Mata visitaría personalmente a los enfermos de cuerpo y alma, intentando darles fortaleza, paciencia y confianza en Dios para seguir adelante. En esta segunda parte de su labor en la cofradía, y sin olvidar que es una persona normal, con trabajo, familia, etc., a los que también debe dedicar tiempo, acompañaría al capellán del centro penitenciario más cercano para ayudar tanto dentro como fuera del mismo. Estaría presente a la hora de salir con los primeros permisos y también en la salida definitiva, apoyando a esas personas que, por un motivo u otro, se han equivocado en la vida. Él entendería que es necesario ilusionarlos con la posibilidad de ver la vida más allá de un muro, ayudando en su formación de cara a un futuro limpio y esperanzador.
San Juan de Mata también estaría con los enfermos en los hospitales o en sus casas, especialmente en los momentos más difíciles donde la impotencia y la desesperación pueden llevar a enfadarse incluso con Dios. Acompañaría a enfermos de cáncer, niños y mayores, a personas con Alzheimer, ELA y enfermedades raras, entre otros, ayudándoles a enfrentar los momentos más complicados de los tratamientos con la ilusión de la mejoría y la curación.
Otra de sus visitas, en las que repartiría su tiempo libre, sería a los mayores, ya sea en sus casas o en centros donde trabajadores y colaboradores como él tratan de hacer más llevaderos esos largos días de soledad y tristeza. Allí, con cariño y palabras de consuelo, los llenaría de resignación y amor a Dios, preparándolos para cuando llegue el triste momento final.
Asimismo, ayudaría en los centros de acogida, apoyando a muchas personas que carecen de lo más básico para llevar una vida digna: alimentos, ropa, higiene y demás necesidades.
En definitiva, mucha labor tiene esta vocalía, y puede que algo se me olvide, pero estoy seguro de que San Juan de Mata siempre tendría a alguien más con quien compartir el trabajo. Porque hoy en día una cofradía no se limita únicamente a sacar los Santos a la calle; una cofradía, si quiere, tiene trabajo todo el año.
San Juan de Mata sería hoy, sin duda alguna, un cofrade comprometido con la Vocalía de Caridad.
Valentín Martín Delgado