San Juan de Mata fue un hombre justo, bueno y entregado a la causa que defendió; la libertad de todos aquellos que estaban cautivos a causa de Las Cruzadas, aquella guerra santa que enfrentó a musulmanes y cristianos. Por aquel entonces San Juan rescató a muchos cautivos tanto musulmanes como cristianos.
Sin embargo, estos sucesos parecen tan lejanos que nos pueden resultar hasta irreales, ya que nuestra realidad es bastante distinta. Por ello, para entender mejor su obra podemos intentar trasladarla a nuestra realidad; ¿y si San Juan de Mata fuese un alumno trinitario como nosotros?
Aunque pueda parecer difícil, ya que solemos poner a los santos y otras personalidades populares en un pedestal muy alto, es cuestión de echarle imaginación.
Me imagino a un adolescente igual que yo, o igual que cualquiera de mis compañeros, que va por la mañana al colegio, que tiene su grupo de amigos, que sale los fines de semana de paseo como todos los jóvenes y que pasa tiempo con su familia. En el colegio sacaría buenas notas, sería un alumno responsable y aplicado, y lo más importante: sería un gran compañero, ayudando siempre al que lo necesitase y siempre intentando hacer que todo el mundo estuviera a gusto en clase. Sería popular en el colegio por su buen corazón y su disposición a prestarse a colaborar siempre. Creo que no dudaría en ir a todas las actividades benéficas que hacemos en el colegio, en todos los voluntariados, e iría a grupos de catequesis y pastoral, porque sería un joven que llevaría al día su Fe, y no tendría reparo en profesarla, y también convencería a todos sus compañeros y amigos para hacer estas obras, porque querría que todos los que lo rodearan hicieran del mundo un lugar mejor, más justo y solidario con los que más lo necesitan.
También creo que su vocación para hacerse sacerdote habría sido muy fuerte desde pequeño, ya que habría sido educado con los valores trinitarios, y se lo habría contado a todo el mundo, a sus amigos, sus compañeros de clase, a sus profesores, a sus padres y a los frailes trinitarios del colegio, y aunque sus amigos intentaran disuadirlo de ordenarse cuando fuese mayor, él lo tendría muy claro y, aunque sus seres queridos lo intentasen convencer, él no les haría caso porque tendría una vocación tan incorruptible que no la abandonaría por nada ni nadie en el mundo.
Esta vocación iría acompañada de la intención de hacer grandes obras por los demás, devolviendo la libertad a aquellos que son esclavos en esta época moderna, como son la pobreza, las adicciones, las redes sociales, las expectativas, etc., al igual que quiso devolver la libertad a aquellos a los que se la arrebataron en su época.
Teniendo en cuenta todo esto, se podría decir que San Juan sería un chico corriente, luchador y bondadoso, familiar y fiel seguidor de los valores trinitarios. En realidad, creo que su vida habría sido esencialmente igual, porque haría las mismas obras que hizo, pero ajustadas a nuestra época, que habría luchado por la libertad con la misma fuerza y pasión con la que ya lo hizo una vez. Sería un gran fraile trinitario cuando se convirtiera en adulto, y de adolescente ya habría hecho muchas cosas buenas por todos, con ese corazón tan grande que no le cabría en el pecho y esas ganas y esa pasión por hacer el bien que caracteriza a nuestro Fundador.
María Ramírez Cebrián
Colegio Trinitarios – Santísima Trinidad Córdoba