En el marco de las jornadas de discernimiento y reflexión sobre el presente y futuro de la Solidaridad Internacional Trinitaria (SIT), el Capítulo General ha contado con la valiosa intervención del P. Manuel Cánovas, O.SS.T., de la Provincia del Espíritu Santo, quien compartió con los capitulares la rica y desafiante experiencia de la comunidad trinitaria en Al Hoceima (Marruecos).
El P. Manuel relató cómo, desde 2018, la comunidad trinitaria busca hacer vida el icono del Capítulo General, que representa el abrazo de san Juan de Mata con el rey musulmán: un signo de encuentro, diálogo y acogida del otro. Esta pequeña comunidad, formada por dos religiosos desde su inicio y recientemente ampliada con un tercer miembro, se ha integrado en una Iglesia local que quiere ser puente entre culturas y religiones, reflejando también la vocación de Marruecos como país de encuentro.
Destacó que la misión no consiste en hacer proselitismo, sino en ser «presencia»: estar en medio del pueblo musulmán como signo de fraternidad, esperanza y servicio. Como él mismo expresó, se trata de ser «un quinto evangelio», un testimonio de vida que hable más fuerte que las palabras.
El centro de esta presencia es la Parroquia de San José de Alhucemas, donde la mayoría de fieles son estudiantes universitarios del África subsahariana, becados para estudiar en Marruecos. Lejos de sus familias y contextos religiosos, la parroquia es para ellos un espacio de fe, acogida y fortaleza espiritual, donde pueden mantener viva su identidad cristiana.
El P. Manuel explicó también los diversos proyectos sociales que desarrolla la comunidad, como:
a) «Ana Binafsi», para mujeres musulmanas en situación vulnerable, orientado a su desarrollo personal y económico.
b) «Chabab Al Mostakbal», para jóvenes en riesgo de exclusión social, con el objetivo de proporcionar formación, habilidades y perspectivas que les permitan construir un futuro digno en su país, reduciendo la tentación de la emigración forzada.
Además de estas iniciativas, colaboran en actividades diocesanas y en sensibilización sobre la situación de los migrantes, a través de los «círculos de silencio», espacios mensuales de oración y reflexión.
Este testimonio ha enriquecido la reflexión del Capítulo General, reafirmando la importancia del diálogo interreligioso y de una presencia misionera encarnada, como camino privilegiado para vivir hoy la vocación trinitaria.