En el marco del Año Jubilar de la Esperanza, un grupo de internos de los Centros Penitenciarios de Málaga y Córdoba protagonizó una emotiva peregrinación al Real Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza en Andújar. Acompañados por capellanes, voluntarios de la Pastoral Penitenciaria y personal funcionario, vivieron dos jornadas de intensa espiritualidad, fraternidad y reencuentro consigo mismos, bajo el signo del carisma trinitario: hospitalidad, liberación y misericordia.
Esta singular peregrinación no fue una simple excursión religiosa. Para los participantes —privados de libertad— representó una verdadera experiencia de dignificación, acogida y apertura al futuro. El espíritu trinitario, que promueve la redención y la liberación integral de las personas cautivas, se hizo presente en cada momento gracias a la acogida de la Comunidad de Padres Trinitarios del Santuario. Su Rector, el Padre Luis Miguel Alaminos, junto al Padre Ángel Luis Martín, abrieron de par en par las puertas del convento y sus corazones, brindando hospitalidad, cercanía y afecto a todos los peregrinos.
El programa incluyó momentos de oración, descanso, contacto con la naturaleza y celebración comunitaria. Los internos pudieron contemplar la belleza serena del pantano de Encinarejo, disfrutar de la paz del paisaje serrano y compartir fraternalmente con voluntarios y funcionarios, dejando de lado por un instante las limitaciones del mundo carcelario.
Uno de los actos más conmovedores fue el rezo del Rosario nocturno por la Calzada, envueltos en la quietud de la noche y bajo la mirada luminosa de la Virgen de la Cabeza. Entre plegarias y silencios, afloraron intenciones y súplicas por la paz, la reconciliación, la familia, la libertad interior y futura. Algunos internos, movidos por promesas personales, subieron la calzada descalzos, gesto de penitencia y entrega.
El momento culminante de la peregrinación se vivió en la Basílica del Santuario con la celebración de la Eucaristía, donde coincidieron con unas bodas de oro matrimoniales. La comunidad creyente fue testigo así de un hermoso cruce de caminos: el de quienes celebran medio siglo de fidelidad y el de quienes, desde la limitación de la cárcel, buscan abrirse de nuevo a la vida en libertad, sostenidos por la esperanza cristiana.
La experiencia cerró con una comida fraterna en la Casa Hermandad de Málaga, servida con esmero por los voluntarios de la pastoral penitenciaria, y con un pequeño obsequio por parte de la comunidad trinitaria: un estadal de la Virgen, como signo de protección y recuerdo de esta inolvidable peregrinación.
En palabras de Pedro Fernández Alejo, trinitario y coordinador de la Pastoral Penitenciaria de Andalucía, «en el corazón de cada uno queda grabada la certeza de que es posible unir la fe con la humanidad herida, la oración con la vida real, la esperanza con la libertad futura. Es el carisma trinitario hecho vida: liberar, acoger, servir».
Este encuentro no solo ha supuesto una experiencia de fe para los internos, sino también un gesto de Iglesia samaritana, que sale al encuentro de los cautivos, como lo hicieran San Juan de Mata y San Félix de Valois hace más de ocho siglos, fundadores de la Orden Trinitaria.
Desde aquí, un agradecimiento sincero a todas las personas e instituciones que han hecho posible esta vivencia de Evangelio en acción: a los voluntarios, funcionarios, capellanes y, de manera especial, a la Comunidad Trinitaria del Real Santuario de la Virgen de la Cabeza.
Que María, Madre de la Esperanza, siga acompañando a todos los que buscan recuperar la libertad exterior e interior.
