
Juan Bautista de la Concepción presentó al joven Rodrigo a la recién nacida comunidad reformada trinitaria de Villanueva de los Infantes, que aprobó pronto su admisión, al día siguiente, 29 de abril de 1606, Rodrigo tomaba el hábito de los Descalzos de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos y cambiaba su nombre por el de Tomás de la Virgen. Realizó su noviciado en la Casa de Madrid, todos se dieron cuenta pronto de sus virtudes, especialmente en la oración y el silencio, dándole el sobrenombre de el hermano que no habla. El mismo San Juan Bautista de la Concepción habla de sus progresos como religioso:
Novicio ha estado conmigo, que muchos han experimentado esta verdad: que, siendo un hombre tan cerrado y callado en el hablar, que, entendiendo los frailes que habíe de perder de todo puncto el saber hablar, por ser esto con tanto estremo que en casa no le sabían otro nombre, el año del noviciado, sino «el fraile que no habla», estando conmigo, me ha dicho cosas tan altas, con términos tan extraordinarios, que me parece sólo el cielo se los puede haber enseñado. (Juan Bautista de la Concepción, Asistencia de Dios a la descalcez trinitaria, Obras Completas , II, 782).
El 1 de mayo de 1607 realizó su Profesión Solemne, al mes siguiente era destinado a la nueva fundación de Córdoba, donde tuvo ocasión de mostrar su espíritu de penitencia por las condiciones de las casas en que vivieron aquellos primeros religiosos trinitarios y por la poca comida que había. Su primera y principal dedicación fue ya a los pobres de Córdoba y a la oración. Precisamente fue en uno de sus momentos intensos de oración cuando fr. Tomás de la Virgen dio un fuerte grito y comenzó a echar sangre por la nariz y por la boca. Los médicos no alcanzaron a saber nunca la razón de aquella enfermedad, la diagnosticaron como hemoptisis aguda. Pero él no se dejó vencer por la enfermedad. Sin embargo, un mes más tarde, mientras recogía limosnas en Bujalance, se recrudeció la enfermedad, sospechan entonces que puede tratarse de una tuberculosis, todos los médicos coincidían en afirmar que vivía de milagro, y recomendaron trasladarlo a un lugar con un clima más seco. Es así como, con no pocas dificultades, emprende un largo viaje desde Córdoba a Madrid donde acabará uniendo su vida a una cama durante cuarenta años.
A partir de aquel momento la vocación de Fr. Tomás de la Virgen fue seguir a Cristo en el dolor, daba gracias a Dios constantemente por ello: Te doy gracias, Señor, porque me has dado el modo de poder imitar a Cristo Redentor y de participar en su preciosa pasión. Su ministerio se desarrolló desde la cama. Pronto toda la ciudad y la corte de Madrid comenzó a hablar de aquel "santo" y de la misteriosa enfermedad que padecía y de sus consejos. Fr. Tomás se convirtió, a pesar de sus pocos estudios, en un gran discernidor de conciencias, alcanzando su fama incluso fuera de España.

A comienzos de septiembre de 1647 fray Tomás se da cuenta de que su muerte está próxima y se prepara espiritualmente para ella. Le llegará el 7 de octubre. Durante tres días toda la villa de Madrid rindió homenajes al que consideraban su santo. El 22 de septiembre de 1805, el papa Pío VII aprobó sus virtudes en grado heroico y lo declaró Venerable. Su cuerpo se venera en la iglesia trinitaria de Valdepeñas.