Y sin apenas darme cuenta echo la vista atrás y soy consciente de todo el tiempo que ha pasado desde la primera vez que me sentí parte de esta familia, pero sobre todo y más importante, la cantidad de cosas que he aprendido y siempre caminando junto a los Trinitarios.
Porque la vida es un camino en el que constantemente van apareciendo diferentes personas, algunas de las cuales te acompañan y hacen que cada etapa que pases sea más fácil de terminar, vas creciendo a su lado y te van enseñando una manera de vivir diferente al resto. Esto es lo que mejor define todos los años que he pasado en la Pastoral Juvenil Trinitaria, un proceso continuo de crecimiento, gratitud y acompañamiento en mi vida como laica.
Si alguien me preguntase qué significan para mí los Trinitarios en una sola palabra, no dudaría ni un momento en contestar FAMILIA. Porque es un lugar donde encontrar refugio cuando no te sientes bien, una sonrisa en cada instante al ver a los niños felices de ver a sus amigos y agradecidos de lo que haces por ellos, un abrazo de reencuentro después de estar meses sin verse, el amor y cariño que te demuestran día a día.
Como dijo San Martín de Porres “Donde hay fe, hay amor; donde hay amor, hay paz; donde hay paz, está Dios; y donde está Dios, no falta nada.” Por eso mismo, Dios está en cada uno de los niños y jóvenes que vemos todas las semanas, porque en ellos se puede ver el mayor signo de fe, amor y paz, en sus palabras, en la manera de cuidar de los demás y, sobre todo, en la pasión y cariño que ponen en todo lo que van aprendiendo a medida que crecen.
Lo único que podría desear de este capítulo provincial es que los religiosos junto a los laicos podamos continuar durante los próximos años creciendo en sintonía y no por caminos diferentes. Si no que nuestra mayor preocupación sea seguir mejorando en nuestro modo de acompañar a los jóvenes, poder sentirnos arropados por los religiosos en las actividades que llevamos a cabo, con la finalidad de que los jóvenes puedan seguir creciendo junto a Dios.
Es por ello, por lo que todos juntos deberíamos mostrarles una imagen más cercana de la orden, con el fin de conseguir que se sientan parte de ella y no de manera independiente a la misma. Por lo tanto, tenemos que seguir a su lado siendo partícipes de su camino y permitiendo que ellos puedan continuar sintiéndose uno más.
Así, es esencial que la orden siga apoyando cada una de las actividades que se llevan desde cada todas las casas con el fin de poder seguir caminando a su lado, respondiendo a las inquietudes de los más jóvenes y poder seguir formando esta gran familia de la que nadie quiere irse, porque estar juntos significa estar en casa y no hay nada mejor que eso.
Como bien dijo el Papa Francisco “Todos tenemos personas que fueron un rayo de luz en nuestra vida… y nosotros también podemos ser raíces de alegría para los demás”, pues únicamente tenemos que hacer eso, seguir siendo un rayito de luz y esperanza para todos esos jóvenes que confían en nosotros.
Carmen Velasco
PJV Córdoba