A los hermanos de la Orden de la Santísima Trinidad:
En este momento tan importante, me dirijo a ustedes con el corazón lleno de gratitud y esperanza. Me gustaría comenzar expresando mi más sincero agradecimiento por vuestra disposición constante para escuchar la voz de los jóvenes (en esta ocasión, la mía). Vuestra apertura y receptividad hacia nosotros, la nueva generación de trinitarios es un testimonio vivo del amor y la dedicación que caracterizan a nuestra orden.
En cada una de las obras que os he visto realizar, en cada acción que emprenden día a día, veo reflejado el espíritu de servicio y entrega que San Juan de Mata quiso instaurar hace más de ocho siglos. Vuestra labor incansable en favor de los más necesitados, vuestra búsqueda constante de la redención y vuestra devoción a la causa trinitaria son fuente de inspiración para todos nosotros.
Es importante reconocer que, en la juventud, reside el futuro de nuestra Orden. Somos los herederos de una rica tradición, pero también somos quienes construiremos el mañana. En nuestras manos reposa la responsabilidad de preservar y enriquecer el legado que se nos ha confiado. Con humildad y determinación, debemos asumir el desafío de adaptar nuestra espiritualidad trinitaria a las nuevas generaciones y los tiempos que les acompañan, sin perder de vista en ningún momento sus fundamentos más profundos.
Hoy, más que nunca, es crucial que la orden se dé a conocer a las juventudes del mundo. Debemos ser los mensajeros de la fe, del amor y la esperanza que Jesús, aquel que nos convoca aquí a todos, nos enseñó a cada uno. Y para ello, debemos estar dispuestos a ser ejemplos vivientes de los valores trinitarios: libertad, amor y humildad. En un mundo sediento de autenticidad y guía espiritual, nuestra Orden tiene la oportunidad de brillar con luz propia, atrayendo a aquellos que buscan un camino de paz y redención.
Por eso, humildemente les rogaría varias labores para los próximos años que se avecinan: Que nos permitan ser partícipes activos en la difusión del mensaje de Jesús y que sigan acogiendo a los jóvenes sedientos de fe en sus casas como a hermanos suyos sin condición alguna. Pero, sobre todo, que nos acompañen en este viaje de fe y servicio, siendo los primeros en dar un paso al frente en el trabajo diario, fortaleciendo nuestra vocación y nutriendo nuestra espiritualidad.
En sus manos está el poder de inspirar a una nueva generación de trinitarios, de encender en nosotros la llama del amor y el compromiso. Con vuestro apoyo y guía, podemos ser testigos vivos del poder transformador del Evangelio, llevando luz y esperanza a un mundo que tanto lo necesita.
En nombre de todos los jóvenes trinitarios, gracias por su tiempo, su dedicación y su amor. Que San Juan de Mata nos guíe en este camino de servicio y redención, y que, juntos, podamos seguir construyendo un mundo más justo, más fraterno y más lleno de amor.
Con gratitud y esperanza, Alejandro.
Alex Benito
PJV Córdoba