Cada nuevo curso, la Fundación Educativa Santísima Trinidad renueva su propuesta pastoral con un lema que sintetiza el camino que recorreremos juntos: alumnado, educadores y familias. Para el curso 2026-27, ese camino tiene un nombre que puede sorprender a primera vista: ¡Revolución!
No se trata de una llamada al enfrentamiento ni a la ruptura, sino de una invitación a descubrir que la verdadera felicidad no está en tener más, en el ruido o en el éxito individual, sino en los pequeños gestos, en la justicia y en el cuidado mutuo. En un mundo que empuja constantemente al consumo y a la competencia, Jesús de Nazaret propone otra cosa: una revolución del corazón.
Una visión que nace de las Bienaventuranzas
Nuestro estilo educativo emana del proyecto de felicidad que Jesús expresó en el programa de las Bienaventuranzas. Miramos más allá de los valores aceptados por la mayoría e interpretamos su compromiso con la justicia como motor de cambio, enseñando a leer la realidad desde una mirada esperanzadora. Esa es la raíz de la que crece todo lo demás.
Una misión desde la pedagogía de la relación
Educamos en la interdependencia, construyendo una comunidad educativa hecha de relaciones de igualdad y de posibilidades personales, desde la mutua estima y el sentimiento compartido de ser únicos a los ojos de Dios. Nuestra tarea es promover los talentos, tanto los personales como los del grupo, porque nadie crece verdaderamente en soledad.
El valor que nos define: familia
Somos una familia que, desde el carisma trinitario, crece superando dificultades, ayudando al más pequeño y al más débil, respetando las diferencias y las individualidades, y viviendo la sencillez como estilo de vida. Este valor familiar es, precisamente, el que da sentido último a la revolución que proponemos este curso.
¡Revolución!: la disrupción evangélica
El lema de este curso no es una llamada al conflicto, sino a la disrupción evangélica: la valentía de creer que la felicidad verdadera se encuentra justo en lo que el mundo suele ignorar, la sencillez, la justicia y el cuidado del más pequeño. Es «revolucionar» nuestra forma de mirar al compañero para reconocerlo como un hermano, y «revolucionar» nuestras metas hasta que coincidan con el proyecto de Dios.
La fundamentación bíblica de este itinerario se encuentra en Mateo 5, 3-12, el texto de las Bienaventuranzas:
«Felices los pobres de corazón, porque el reino de Dios les pertenece. Felices los que lloran, porque serán consolados. Felices los desposeídos, porque heredarán la tierra. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia. Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios. Felices los perseguidos por causa del bien, porque el reinado de Dios les pertenece. Felices vosotros cuando os injurien, os persigan y os calumnien de todo por mi causa. Estad felices y contentos pues vuestra paga en el cielo es abundante. De igual modo persiguieron a los profetas que os precedieron.»
La imagen del lema: un itinerario pastoral
El cartel que acompaña al lema ¡Revolución! no es una simple ilustración: sintetiza visualmente el itinerario pastoral que recorreremos durante todo el curso. Cada uno de sus elementos expresa una dimensión de la revolución que propone Jesús en las Bienaventuranzas, una transformación que no comienza cambiando el mundo desde fuera, sino renovando primero el corazón de la persona.
La figura central muestra a una joven que se abre la chaqueta y deja al descubierto el símbolo de la Revolución sobre su pecho. La imagen recuerda que la fuerza auténtica reside en un corazón transformado por el Evangelio: la revolución cristiana no consiste en aparentar, sino en dejar que aflore aquello que Dios ha sembrado en nuestro interior.
La ausencia de rasgos definidos en su rostro convierte a la protagonista en un personaje universal. No representa a una persona concreta, sino a cada alumno, cada educador, cada familia y cada miembro de la comunidad educativa. Todos estamos llamados a descubrir que llevamos dentro la capacidad de transformar la realidad desde el amor, la justicia, la misericordia y la fraternidad.
En el centro del pecho aparece el símbolo de la R de Revolución, ocupando el lugar del corazón. Este detalle expresa que la verdadera revolución cristiana nace en el interior de la persona: allí se toman las decisiones que orientan la vida, allí aprendemos a mirar a los demás como hermanos y allí el Evangelio va modelando una manera nueva de vivir. Antes de cambiar el mundo, Jesús transforma el corazón humano.
La estrella que acompaña al logotipo representa al Espíritu Santo, verdadero protagonista de toda transformación cristiana. Ninguna revolución evangélica nace únicamente del esfuerzo humano: es el Espíritu quien renueva el corazón, inspira las decisiones, fortalece en las dificultades y mueve a vivir las Bienaventuranzas con autenticidad. Como en Pentecostés, el Espíritu sigue impulsando hoy a la Iglesia a salir al encuentro de los demás, convirtiendo a cada creyente en instrumento de paz, justicia, esperanza y comunión. Su presencia recuerda que la verdadera revolución comienza cuando dejamos que Dios actúe en nuestra vida.
El círculo que rodea el símbolo sugiere plenitud, unidad y comunión. La revolución del Evangelio nunca es individualista, se vive en comunidad. Desde el carisma trinitario, este círculo recuerda que estamos llamados a formar una gran familia en la que cada persona tiene un lugar, una dignidad y una misión. La transformación personal siempre conduce al encuentro con los demás y al compromiso con el bien común.
Finalmente, los colores corporativos de FEST refuerzan la identidad institucional y recuerdan que esta revolución se vive desde el proyecto educativo de la Fundación Educativa Santísima Trinidad. El azul invita a mirar con esperanza, serenidad y confianza en Dios; el rojo expresa la fuerza del amor que se entrega y el compromiso con la justicia, la dignidad de toda persona y la construcción de una sociedad más fraterna.
Una invitación permanente
El cartel, en definitiva, no ilustra simplemente un lema: se convierte en una invitación permanente a descubrir que cada miembro de la comunidad educativa puede ser protagonista de la revolución que Jesús inició con las Bienaventuranzas. Una revolución silenciosa, profundamente humana y plenamente evangélica, capaz de transformar la escuela, las familias y el mundo desde la fuerza del amor.
