Estos días pasados ha tenido lugar en la casa trinitaria de Córdoba el encuentro Roma para mayores de 18 años, donde hemos vivido y compartido no solo momentos de ocio y entretenimiento, sino también de reflexión, fe y convivencia.
En la primera parte de la mañana del día 27, tuvimos la suerte de poder visitar el centro de día y la Casa Libertad de la Fundación Prolibertas, donde el delegado Eduardo nos acogió con gratitud y tras una breve presentación, nos pusimos manos a la obra, participando en las actividades que llevan a cabo en su día a día: hacer la comida, inventario en el almacén, preparar y servir desayunos, limpieza, duchas, etc.
En mi caso estuve en la cocina del comedor social de los trinitarios con mi compañero Diego, ayudando a preparar la comida para las personas sin hogar y he de decir que tanto el ambiente, como la forma de trabajar y en la que nos acogió su personal en nuestro breve paso fueron inmejorables.
En la segunda parte de la mañana trabajamos con los educadores sociales Pablo, Irene y Óscar, quienes nos explicaron más a fondo a qué se dedicaban y con quién trabajaban. Además, tuvimos la suerte de poder contar con el testimonio de Cristina, una persona sin hogar que nos narró sus vivencias, y de poder visitar un piso que tienen acondicionado para personas que están a punto de cumplir su condena penitenciaria y así puedan trabajar la autonomía y reintegrarse en la sociedad.
Fue una experiencia breve, pero inmensamente gratificante que nos ayudó a todos y cada uno de nosotros a concienciarnos más de la situación de estas personas, y de la vigencia y necesidad de nuestro carisma trinitario.
Además, ayudamos también a repartir la comida de ese día y por la tarde celebramos un retiro e interiorización con un rato de reflexión de la mano del padre Sergio.
El sábado por la mañana realizamos una visita al centro penitenciario de Córdoba, donde tuvimos la suerte de conversar con algunos internos durante un rato, conversación la cuál personalmente hizo que mis ideales y prejuicios chocasen directamente contra lo que mi vista y mis oídos estaban percibiendo. Tras este rato y junto a los internos, celebramos en familia una misa muy amena cantando villancicos todos juntos.
Tras la visita al centro penitenciario, pusimos rumbo a las ermitas de Córdoba, donde los acompañantes disfrutamos de un breve pero intenso y divertido rato de senderismo. Una vez allí, Pilar, Miriam y Carolina nos abrieron las puertas del convento y nos recibieron con una enorme gratitud, como si de nuestra propia casa se tratase. Junto a ellas compartimos vivencias y un buen rato de convivencia tras el cual Miriam realizó una visita guiada por las ermitas de Córdoba, contándonos su pasado, cómo llegaron, vivían y procesaban su fe los primeros ermitaños que habitaban aquella zona.
Personalmente ya había visitado las ermitas con anterioridad, pero no a este nivel, por lo que la visita guiada fue interesante a la par que curiosa además de divertida. De esta visita me quedo la frase que había bajo una calavera: “Como te ves, yo me vi, y como me ves, te verás, piénsalo y no pecarás”.
Y sin siquiera darme cuenta, llegó el domingo, donde tuvimos una misa íntima presidida por el padre David, en la cuál recordamos lo vivido y compartimos, una vez más,nuestra fe trinitaria de la mejor manera que sabemos, en familia.
A mi parecer estos encuentros son muy necesarios para nosotros los acompañantes, nos ayudan a crecer como personas, aprendiendo de los demás, y ayudándolos en la medida de lo posible, a acercarnos más a Dios y a formar una familia muy unida, lo cual para mí es uno de los pilares fundamentales de la pastoral juvenil vocacional que nos da una esencia, una identidad, un nombre propio.
Antes de acabar me gustaría hacer una mención especial a la gran acogida que la comunidad trinitaria nos ha brindado, así como a los momentos de fe, entretenimiento y reflexión compartidos con ellos en comidas, misas, dinámicas y momentos casuales, gracias.
Alejandro Muñoz Valverde