Hoy, 7 de enero, la Familia Trinitaria celebra la memoria de San Juan de Ribera, reconocido como cofrade trinitario y benefactor de la Orden. Su relación con la Orden Trinitaria y su incansable servicio a la Iglesia lo convierten en una figura ejemplar para todos nosotros.
¿Por qué se le recuerda en el calendario trinitario?
San Juan de Ribera pertenece a la rica tradición de las cofradías trinitarias, instituciones que nacieron junto con la fundación de la Orden por San Juan de Mata. Estas cofradías, también llamadas de la Redención o de la Santísima Trinidad, tuvieron un papel crucial en la misión redentora, cooperando activamente con los frailes en la recolección de limosnas para liberar cautivos y en la difusión del culto a la Santísima Trinidad.
Al ser admitido en la cofradía del convento de los Calzados de Sevilla, San Juan de Ribera recibió el escapulario trinitario, símbolo de su afiliación y devoción. Fue un orgulloso cofrade y benefactor, destacándose por su amor a la Orden y por su compromiso con la misión evangelizadora y social de los trinitarios.
Una vida de entrega y servicio
Nacido en Sevilla alrededor de 1522, San Juan de Ribera creció en un entorno de privilegio, pero pronto se volcó al servicio de Dios. Su intensa labor pastoral como obispo de Badajoz y luego como arzobispo de Valencia lo definió como un hombre comprometido con la reforma eclesiástica y la evangelización, especialmente frente a los desafíos planteados por los moriscos y las tensiones religiosas de su tiempo.
En Valencia, San Juan de Ribera fundó el Real Colegio Seminario del Corpus Christi, dedicado a la formación de sacerdotes según los ideales del Concilio de Trento. Fue también un prolífico reformador, realizando más de 2700 visitas pastorales y dejando un legado de escritos que abarcan miles de páginas.
Su legado en la Orden Trinitaria
San Juan de Ribera no solo fue un cofrade ejemplar, sino un gran benefactor. Entre sus aportes destaca la donación de dos grandes cuadros al convento trinitario de Valencia y la custodia del cuerpo del mártir San Bernardo de Alcira en la iglesia conventual. Además, fue él quien otorgó licencia para la publicación de las Constituciones castellanas de 1589, fortaleciendo la unidad entre las provincias de la Orden.
El santo arzobispo no solo promovió la vida espiritual de los religiosos, sino que también colaboró en la misión de evangelizar a los moriscos junto a los frailes trinitarios y los dominicos. Su cercanía y amistad con los frailes del convento de Valencia dejó una huella imborrable.
Un modelo para hoy
En San Juan de Ribera encontramos una inspiración para vivir nuestra fe con entrega, humildad y servicio. Su amor por la Santísima Trinidad, su compromiso con los más necesitados y su fervor misionero nos recuerdan el llamado a vivir plenamente como miembros de la Familia Trinitaria.