El Padre Pedro María Gorena Ollabarren, religioso de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, ha fallecido tras una vida marcada por la entrega, el servicio incansable a los más necesitados y un profundo sentido del Evangelio vivido con sencillez y alegría.
Nacido el 26 de agosto de 1941 en Cirauqui (Navarra), en el seno de una familia cristiana formada por Guillermo y María, Pedro María ingresó joven en el seminario trinitario de Algorta (1952-1954) y posteriormente en la Bien Aparecida (1954-1956). Tomó el hábito el 8 de septiembre de 1956 y profesó por primera vez un año después, en 1957. Su profesión solemne tuvo lugar en Salamanca en 1962, y fue ordenado sacerdote en Madrid el 13 de marzo de 1965.
Durante más de seis décadas de vida religiosa, el hermano Pedro María dejó una huella profunda allí donde fue enviado. Pasó los primeros años de formación y pastoral en España y Estados Unidos, pero gran parte de su vida transcurrió en Colombia y Puerto Rico, donde se convirtió en una figura muy querida por su cercanía, compromiso y espíritu emprendedor.
En Bogotá, desarrolló una destacada labor con los gamines, los niños de la calle, creando hogares de acogida que ofrecían afecto, dignidad y oportunidades a quienes lo habían perdido todo. Ya en Puerto Rico, fundó tres obras que siguen siendo referencia: la obra del Ave María, para la atención de bebés abandonados, el Hogar Infantil Jesús Nazareno para niños maltratados y abandonados y la obra de la Santísima Trinidad, dedicada a la recuperación de personas con adicciones.
Estuvo destinado en comunidades como Isabela, Ponce y Bayamón, donde fue párroco de varias parroquias y ministro de la comunidad en distintos periodos. En Bayamón vivió desde 1992 hasta 2022, y en 2023 fue trasladado a la comunidad del Redentor en Bizkaia.
A lo largo de su vida, el hermano Pedro María fue conocido por su sencillez, su buen humor y su espíritu de servicio. Era un hombre profundamente humano, sensible al sufrimiento de los demás, especialmente al de los más pequeños. Su capacidad de iniciativa y su compromiso con las causas más difíciles lo convirtieron en un referente tanto para los fieles como para sus hermanos de comunidad.
La herencia del P. Pedro María Gorena Ollabarren trasciende fronteras y permanece vivo en las muchas personas que encontraron en él consuelo, dignidad y esperanza. Su vida fue una manifestación concreta del carisma trinitario: redimir, liberar y acompañar al cautivo de hoy.