La Familia Trinitaria despide con profundo cariño al P. Javier Gastón Ganuza, religioso trinitario, sacerdote, maestro y creador incansable, que ha partido a la Casa del Padre en 2025, tras una vida entregada a Dios, a la cultura y a la belleza. Nació en Piedramillera (Navarra) el 3 de agosto de 1944, hijo de Jesús y Francisca, y desde su niñez fue descubriendo la fe y la vocación que lo llevarían a convertirse en uno de los hermanos más queridos de su Orden.
Su camino trinitario comenzó en 1955, cuando el P. Gregorio Muneta lo acompañó al seminario. Continuó su formación en la Bien Aparecida, profesó sus primeros votos en Algorta en 1961, y completó sus estudios de filosofía y teología en Belmonte y Salamanca. Profesó solemnemente el 8 de octubre de 1965 y fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1968.
Su vida pastoral estuvo marcada por la cercanía y la palabra amable. Su primer destino fue la comunidad de Algorta, donde además de su servicio pastoral inició estudios en Deusto y descubrió una de sus grandes pasiones: la música. Allí se licenció en Historia y comenzó su trayectoria como organista, disciplina que marcaría su vida espiritual.
Durante más de treinta años formó parte de la comunidad de San José de Valderas-Alcorcón (1977–2009), donde ejerció como profesor de Humanidades. Tras su jubilación, sirvió en la Bien Aparecida (2009–2012) y regresó posteriormente a Alcorcón, donde permaneció hasta su fallecimiento. También desempeñó responsabilidades de servicio como secretario provincial.
Pero el P. Javier fue, además de religioso, un alma esencialmente creadora. Amó el arte en todas sus formas: la historia, la música, la poesía, la pintura, la escultura. Fue un hombre que entendió que la libertad —ese don tan preciado para los trinitarios— puede expresarse en cada nota, en cada palabra y en cada trazo que brota del corazón. Desde su inspiración nacieron composiciones musicales, poemas, lienzos y páginas que todavía hoy hablan de un espíritu libre, contemplativo y profundamente humano.
Entre sus obras destacan la letra del himno a San Juan de Mata para el octavo centenario y el libro La Bien Aparecida y sus Blancos Guardianes, testigos de su amor por la historia y por la Virgen. Quienes lo conocieron lo recuerdan también como un gran conversador, capaz de transformar un encuentro cotidiano en un diálogo lleno de humor, profundidad y poesía.
Hoy, la Orden Trinitaria da gracias por su vida fecunda y por el reflejo de Dios que supo transmitir a través del arte y la palabra. Su legado permanece en sus hermanos, en sus obras y en todos aquellos que vieron en él la belleza de una vocación vivida con pasión, libertad y fidelidad.
Descanse en paz el P. Javier Gastón Ganuza, religioso trinitario y creador de luz.