El Comedor Ave María, una de las obras sociales más antiguas de Madrid, ha sido reconocido con el Premio Carisma de Misión Compartida otorgado por CONFER. El galardón, recibido por el trinitario Paulino Alonso, director del comedor desde hace casi 35 años, destaca una labor que hunde sus raíces en más de cuatro siglos de servicio a los más necesitados y que, fiel al espíritu de su fundador, se sostiene gracias a la implicación del laicado.
«Servir es la mejor manera de amar», afirmó el padre Paulino al recoger el premio, recordando que san Simón de Rojas, fundador del comedor en 1618, quiso que esta obra estuviera sostenida fundamentalmente por laicos, acompañados por algún religioso. «Son hombres y mujeres que quieren poner un poco de su tiempo al servicio de los necesitados», señaló, agradeciendo a los voluntarios que mantienen vivo el carisma original.
Una misión compartida desde hace más de cuatro siglos
El Comedor Ave María es una obra singular no solo por su antigüedad —407 años de historia— sino por su modelo de gestión: la misión compartida entre religiosos y laicos. Hoy, cerca de 100 voluntarios, en su mayoría laicos, sostienen la actividad diaria del centro. «Solo con curas y monjas la Iglesia no sale adelante; ahora tiene que comprometerse a través del laicado», subrayó Paulino, quien reconoce que algunos voluntarios llevan más de tres décadas sirviendo en el comedor.
La diversidad del voluntariado es una de sus riquezas: jóvenes de parroquias y colegios los fines de semana y amas de casa o jubilados entre semana, todos convocados por un mismo deseo de ayudar. Cada turno comienza con una sencilla oración, la misma que rezaba san Simón de Rojas: «Ave María, gratia plena», repetida tres veces.
Una respuesta diaria a la pobreza
De lunes a sábado, el comedor ofrece desayuno a más de 300 personas a través de cinco turnos de media hora. Por las tardes, de lunes a viernes, se preparan 130 a 140 meriendas-cenas para llevar, un servicio cada vez más necesario para jóvenes extranjeros, especialmente marroquíes procedentes de centros de menores, así como para personas sin hogar con graves problemas de adicciones.
Además, 42 familias vulnerables reciben semanalmente un carro de alimentos no perecederos, un apoyo indispensable para quienes atraviesan situaciones económicas críticas.
Una obra sostenida por la Providencia y la solidaridad
El Comedor Ave María nunca ha tenido problemas de abastecimiento. Funciona gracias al Banco de Alimentos y a donativos particulares que, según el padre Paulino, llegan siempre «en el momento justo». «La Providencia existe —insiste— porque siempre aparece alguien que te soluciona el mes». Incluso en tiempos de crisis, cuando aumentan las dificultades, también se intensifica la solidaridad.
Un reconocimiento a siglos de entrega
Para el padre Paulino, el Premio Carisma de Misión Compartida es «un reconocimiento a una labor de muchísimos años» y, sobre todo, un homenaje a la fidelidad de los voluntarios. «A mí casi me alegra más por ellos que por mí», confiesa.
El galardón subraya la vigencia de una obra nacida en 1618 para atender a presos, soldados y sacerdotes en el convento trinitario del Madrid antiguo, y que hoy continúa abierta al sufrimiento de los más vulnerables. Una obra cuya permanencia, en palabras de su responsable, solo se explica porque «la mueve quien la mueve, que es el de arriba, y porque san Simón de Rojas no nos ha abandonado nunca».
