El pasado 13 de septiembre, los religiosos trinitarios celebraron en la casa natal del Beato Domingo Iturrate, en Biteriño-Dima, una emotiva eucaristía de acción de gracias con motivo del centenario de su ordenación sacerdotal. La misa, preparada con gran cuidado y participación, estuvo presidida por el P. Juan Mª Iturrate, sobrino del Beato, quien recordó con gratitud la entrega y vocación de su tío.
Durante la homilía se evocaron también las palabras del propio Beato Domingo, quien agradecía profundamente a sus padres el sacrificio de permitirle seguir su vocación trinitaria: “Felices los padres que en su vejez puedan decir: tengo un hijo sacerdote que ofrece sacrificios por mí”.
La celebración concluyó con el canto del himno en su honor, la veneración de su reliquia y un encuentro fraterno en torno a la mesa, signo de la comunión que Domingo tanto promovió en vida.
Nacido en Dima (Vizcaya) el 26 de mayo de 1901, Domingo Iturrate Zubero ingresó en la Orden Trinitaria en 1916, tomando el nombre religioso de Domingo del Santísimo Sacramento. Tras completar sus estudios en Roma, fue ordenado sacerdote en 1925, destacando por su amor a Cristo, la Virgen María y la Eucaristía. Se distinguió también por su vida de profunda piedad, su sensibilidad hacia los enfermos abandonados y su solidez intelectual en el ámbito teológico.
Su vida, aunque breve, fue intensa: murió a causa de la tuberculosis en Belmonte (Cuenca) el 7 de abril de 1927, con apenas 25 años. El Papa San Juan Pablo II lo beatificó en 1983, reconociendo la santidad de su entrega y testimonio. Sus restos se veneran en la iglesia trinitaria de Algorta-Redentor, y su fiesta litúrgica se celebra cada 11 de mayo.
El centenario de su ordenación ha sido, así, ocasión para recordar no solo su vocación sacerdotal, sino también la actualidad de su ejemplo de fidelidad, amor y servicio en la Iglesia.