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  • 19/11/2025

Jesucristo, Rey del universo (C)

Jesucristo, rey del universo
  • Homilías Ciclo C
2 Sam 5, 1-3; Sal 121; Col 1,12-20; Lc 23, 35-43

“Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Con estas palabras se dirige el buen ladrón a Jesús poco antes de morir, ambos, en la cruz. La frase manifiesta la completa confianza de quien, sin conocer previamente a Jesús, ha comprendido quién era aquél que tenía al lado y cuál era su misión como Rey. La fiesta de Cristo Rey fue instituida por el papa Pío XI en 1925, tiempos en los que empezaban a gestarse en Europa los totalitarismos fascista, comunista y nazista que causaron tantísimos males en el siglo pasado, y que parece que vuelven a despertar en nuestro tiempo. Pío XI, al instituir esta fiesta, quiso poner de relieve frente a todos los dictadores de este mundo, que el único Señor, el único Libertador, el único Salvador es Jesucristo. Gran parte de los mártires de nuestra Guerra Civil murieron exclamando “¡Viva Cristo Rey!”, mientras perdonaban a sus asesinos.  Ahora, después de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, se ha ampliado la mirada: Jesucristo no es sólo el Señor de este mundo, por encima de todos los reyes de la tierra, sino que es el Rey del Universo, “porque por medio de él fueron creadas todas las cosas, celestes y terrestres, visibles e invisibles: todo fue creado por él y para él”.

En el relato evangélico que hemos leído, San Lucas nos presenta la paradoja de ver a Jesús ejerciendo su reinado desde el patíbulo de la cruz. precisamente a punto de ser ajusticiado. En la máxima humillación se muestra la mayor grandeza. No es sino otro modo de acercarnos a lo que constituye el centro de la vida y del mensaje de Jesús, la paradoja de que, con su muerte, Jesús será la fuente de la vida para todos los que creen en él. La escena evangélica de este domingo comienza situando a Jesús frente a las burlas de los magistrados judíos, que consideran aquella terrible ejecución como la prueba de su mentira: no puede ser el enviado de Dios, el Mesías, uno que acaba crucificado. Con todo, en el desprecio de las autoridades judías aparece en primer plano la cuestión de la salvación, con la frase: “A otros ha salvado”. Involuntariamente, daban testimonio de lo que había sido la actividad más importante de Jesús: Había venido a salvar lo que estaba perdido. La misma cuestión de la salvación estará presente en la burla de los soldados: “Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”; también uno de los ladrones se expresa en los mismos términos: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Será, en cambio, el buen ladrón quien capte el verdadero sentido de lo que en realidad está sucediendo: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros lo estamos justamente, en cambio este no ha hecho nada malo”; y dirigiéndose al Señor le pide que se acuerde de él cuando llegue a su reino, recibiendo inmediatamente la mejor noticia que nadie pudo jamás escuchar: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”. ¿Qué es el paraíso, que le promete Jesús? Es el reino de Dios anunciado por él durante su vida mortal, la patria definitiva junto a Dios, el hogar de todos los que han alcanzado la salvación. Si Adán, con su pecado, había cerrado las puertas del paraíso, Cristo, con su muerte, las abrirá de nuevo para acoger junto con él a todos los que confiesan su nombre como Salvador de los hombres y Rey del Universo.

El Evangelio de este domingo es importante para comprender el reinado de Cristo como algo no basado en un poder humano: ni en el dominio, ni en el prestigio, ni en la mentira; el reinado de Cristo asienta su trono en el altar de la cruz, por eso en él la verdad, la santidad, la gracia y la justicia se manifiestan con toda su fuerza. Es este el reinado que le pedimos al Señor cada vez que rezamos el padrenuestro: “Venga a nosotros tu reino”. Y es el mismo Cristo el que nos atrae hacia Él, haciendo realidad lo que expresa Pablo en el himno de acción de gracias a Dios Padre porque “Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al Reino del Hijo de su amor”, que es, como afirma la Iglesia en el prefacio de esta Misa, “el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz”.

José Mª de Miguel, osst

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