Esta semana, del 22 al 28 de enero, ha sido un momento especial en muchos de nuestros colegios y parroquias, ya que hemos celebrado la Semana Trinitaria. ¿La razón? El 28 de enero de 1194, San Juan de Mata celebró su primera misa y en ese momento descubrió su llamado a consagrarse por completo a la Santísima Trinidad y a la noble causa de la liberación de los cautivos.
Durante estos días, hemos sido testigos de una variedad de actividades, pero el plato fuerte ha sido, sin duda, el testimonio vocacional ofrecido por los religiosos trinitarios. A través de la Parábola del Hijo Pródigo, han compartido sus propias historias de vida: sus orígenes, qué los motivó a convertirse en frailes, las experiencias que han dejado una huella profunda en sus corazones, su rutina diaria y los encuentros con los «hijos pródigos» de hoy en día.
Estas reflexiones, llenas de autenticidad y cercanía, han sido seguidas de un diálogo abierto en el que los trinitarios han respondido todas las preguntas de los alumnos. Y la moraleja que se desprende de estas conversaciones es clara: todos necesitamos descubrir nuestra vocación cristiana, aquello a lo que estamos llamados, porque al hacerlo y vivirlo, estamos siguiendo el verdadero camino hacia la felicidad en nuestras vidas.
En estos días de reflexión y diálogo, hemos sido recordados de la importancia de escuchar la voz interior que nos guía hacia nuestro propósito más profundo. Esperamos que la Semana Trinitaria no solo haya sido un evento pasajero, sino un punto de partida para que cada uno de nosotros, inspirados por el ejemplo de San Juan de Mata y los trinitarios, emprendamos el viaje hacia la realización plena de nuestra vocación.