Aunque el término Familia Trinitaria es relativamente reciente, la realidad que designa hunde sus raíces en la historia de la Iglesia desde la Edad Media. Dentro de esta familia espiritual —que integra religiosos, religiosas y laicos— han tenido un papel destacado las cofradías trinitarias, a las que pertenecieron numerosas figuras relevantes de la Iglesia. Entre ellas destaca san Juan de Ribera, recordado en el calendario trinitario como cofrade trinitario y gran benefactor de la Orden de la Santísima Trinidad.
San Juan de Ribera nació en Sevilla hacia 1522, en el seno de una familia noble. Huérfano de madre desde niño, cursó estudios en la Universidad de Salamanca, donde obtuvo el doctorado en Teología y fue ordenado sacerdote. Su brillante trayectoria eclesiástica lo llevó a ser nombrado obispo de Badajoz en 1562, con tan solo 30 años, por el papa Pío IV. Posteriormente, en 1568, fue designado arzobispo de Valencia y patriarca de Antioquía, cargos desde los cuales afrontó con firmeza los desafíos pastorales y sociales de su tiempo.
Durante más de cuarenta años de ministerio episcopal, san Juan de Ribera se distinguió por una intensa labor pastoral: realizó miles de visitas a parroquias, celebró sínodos diocesanos y dejó una ingente obra escrita. Fundó el Real Colegio Seminario del Corpus Christi —conocido como El Patriarca— para la formación del clero según el espíritu del Concilio de Trento, convirtiéndose en una figura clave de la Reforma Católica y la Contrarreforma en España. Fue también protagonista, no exento de polémica histórica, en el proceso de expulsión de los moriscos del Reino de Valencia.
Su relación con la Orden Trinitaria fue profunda y constante. San Juan de Ribera recibió el escapulario trinitario, con la cruz roja y azul, en la cofradía de la Santísima Trinidad del convento de los Trinitarios Calzados de Sevilla, quedando así afiliado oficialmente a la Orden. Desde entonces se mostró orgulloso de esta pertenencia, apoyando activamente la misión trinitaria de redención y evangelización.
Como arzobispo de Valencia, fue un gran benefactor del convento trinitario de la ciudad, al que visitaba con frecuencia. Donó valiosas obras de arte, promovió el culto trinitario y confió a los frailes, junto con los dominicos, la evangelización de los moros de la región. Mantuvo una estrecha amistad con varios religiosos trinitarios y respaldó decisiones importantes de la Orden, como la publicación de las Constituciones y la adopción de nuevas vestiduras conforme a las disposiciones pontificias.
San Juan de Ribera falleció el 6 de enero de 1611. El papa san Pío V lo llamó “lumbrera de toda España”. Fue beatificado en 1796 y canonizado en 1960. La Orden Trinitaria celebra su memoria el 7 de enero, reconociendo en él no solo a un gran pastor y santo reformador, sino también a un fiel cofrade que vivió y promovió el carisma trinitario al servicio de la Iglesia y de los más necesitados.