El encuentro «Mujeres que cambian la historia», que se celebrará en Madrid el 20 de octubre con motivo del Día Europeo contra la Trata de Seres Humanos, pone en el centro a las fundadoras que, desde el siglo XIX, abrieron caminos de dignidad para miles de mujeres. Entre ellas destaca la figura de la Venerable Mariana Allsopp, cofundadora de las Hermanas Trinitarias.
Cada 18 de octubre, Europa conmemora el Día contra la Trata de Seres Humanos. Es una realidad sangrante que el papa Francisco describió como una llaga en el cuerpo de la humanidad contemporánea, una llaga en la carne de Cristo. El papa León XIV ha recogido esa misma preocupación en su encíclica Magnífica Humanitas (174): «…la Iglesia renueva su firme condena de toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas, y recuerda la urgencia de un amplio movimiento de reflexión y acción que sitúe en el centro la dignidad inalienable de todo ser humano y el bien común, como fines de la sociedad y como criterios de toda decisión personal, social y política».
En este marco, el grupo eclesial Tejiendo redes contra la Trata, formado por el Departamento de Trata de la CEE, Justicia y Paz, CONFER y Cáritas Española, ha convocado el encuentro «Mujeres que cambian la historia… y alumbran el camino de transformación de vidas». La cita quiere dar a conocer el carisma y la misión de cuatro congregaciones que llevan más de un siglo acompañando a mujeres en sus procesos de sanación y recuperación: las Religiosas Adoratrices, las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, las Auxiliares del Buen Pastor – Villa Teresita y nuestras Hermanas Trinitarias.
De Tepic a Madrid: una vocación que nace entre privilegios
La historia de las Trinitarias empieza con una mujer que tuvo todo para llevar una vida cómoda y eligió otra cosa. Mariana Allsopp González-Manrique nació el 24 de noviembre de 1854 en Tepic, capital del estado mexicano de Nayarit, hija de un diplomático inglés y de madre española. Su madre murió en 1862, cuando ella tenía ocho años, y en 1864 su padre envió a los cinco hermanos a España para que los criara la familia materna.
Se educó en el Colegio de Santa Isabel la Real, en un ambiente cortesano; aun así, desde muy pequeña sintió la llamada a las obras de caridad con los más necesitados. Esa sensibilidad encontraría pronto un cauce concreto.
Un sueño compartido frente a la explotación

En el Madrid de finales del siglo XIX, muchas jóvenes llegaban del campo buscando trabajo. El sacerdote madrileño Francisco de Asís Méndez Casariego, que visitaba cárceles y hospitales, se conmovía ante los niños de la calle y ante estas mujeres que con frecuencia acababan en manos de hombres que las obligaban a prostituirse.
En 1882 Mariana conoció al padre Méndez, hoy también Venerable, y al escuchar su proyecto sintió que era aquello a lo que Dios la llamaba. Juntos fundaron la congregación el 2 de febrero de 1885, y ella tomó en religión el nombre de Mariana de la Santísima Trinidad. Donde la sociedad veía mujeres «perdidas», los fundadores veían, como recuerdan las propias Trinitarias, un amor herido que necesitaba ser acogido.
El instituto, de derecho pontificio, fue aprobado por el papa León XIII en 1901. Madre Mariana murió en Madrid el 15 de marzo de 1933, y en 2022 el papa Francisco la declaró Venerable el 21 de mayo de 2022.
El carisma trinitario: redimir cautivos, hoy
El nombre de la congregación no es casual. Las Hermanas Trinitarias forman parte de la gran familia de la Orden Trinitaria, heredera del carisma de la redención. Aquella Orden nació a finales del siglo XII, con san Juan de Mata, para liberar a los cristianos cautivos y esclavizados. Siete siglos después, Mariana Allsopp descubrió en las calles de Madrid otras cautividades, menos visibles pero igual de reales.
Ahí está el hilo que une ayer y hoy. La fe en un Dios que es comunión de amor, Padre, Hijo y Espíritu, lleva a reconocer en cada persona una dignidad que nadie puede comprar ni vender. Por eso la trata, que convierte a seres humanos en mercancía, es la negación más directa de esa fe. Y por eso el carisma trinitario se traduce en liberación: romper cadenas, acoger, devolver a cada mujer su nombre y su historia.
Las propias Trinitarias lo resumen hoy en una intuición fundacional que sigue viva: mirar sin prejuicios, sostener sin invadir y defender la dignidad de cada persona frente a la violencia, el estigma o el abandono.
Un legado que sigue abriendo caminos
La figura de Madre Mariana vive un momento de redescubrimiento. El papa León XIV recibió en primicia la película «Las locas del Obelisco», que narra su historia, de manos de su director, Pablo Moreno, y de la superiora general, la hermana Belén Berjillo. La superiora la presentó como una mujer valiente del siglo XIX que rescató a miles de jóvenes en situaciones de trata.
Ese legado no es una pieza de museo. Hoy sigue inspirando la prevención, la denuncia y un modo de acompañar de forma integral a víctimas y supervivientes de la trata y la explotación. Escuchar a las Hermanas Trinitarias junto a las demás congregaciones será una ocasión para comprobar cómo la audacia de unas fundadoras del siglo XIX sigue respondiendo a los desafíos de nuestro tiempo.
