La Basílica y Real Santuario acogió el domingo 11 de octubre la Solemne Eucaristía de la Peregrinación Blanca, presidida por el provicario general de la Diócesis de Jaén, D. José Antonio Sánchez, y concelebrada por el Ministro Provincial de la Orden Trinitaria, P. Pedro Aliaga, y el rector del Santuario, P. Antonio Aurelio Fernández. Una jornada dedicada a quienes, por enfermedad, edad o movilidad reducida, no pueden subir al Cerro en la romería de abril, y que este año se vive por primera vez dentro del Jubileo del VIII Centenario de la aparición
El Cerro del Cabezo vivió en la mañana del domingo 11 de octubre una de sus jornadas más entrañables del año. Coincidiendo con la tradicional Peregrinación Blanca, la Basílica y Real Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza acogió a las 10:00 horas la Solemne Eucaristía dominical, centrada este año de manera especial en los enfermos, las personas mayores y quienes viven con alguna discapacidad o dificultad de movilidad.
La celebración estuvo presidida por el provicario general de la Diócesis de Jaén, D. José Antonio Sánchez, y concelebrada por el Ministro Provincial de la Orden Trinitaria, P. Pedro Aliaga; por el rector de la Basílica y Real Santuario, P. Antonio Aurelio Fernández; por miembros de la comunidad trinitaria del Santuario y por religiosos de otras comunidades de la Orden.
Cuarenta años acercando a la Virgen a quienes no pueden subir al Cerro
La Peregrinación Blanca, organizada cada mes de octubre por la Real e Ilustre Cofradía Matriz de la Santísima Virgen de la Cabeza, se celebra de forma ininterrumpida desde 1986. Nació con una intuición sencilla y profundamente evangélica: que nadie quede fuera del encuentro con la Virgen por causa de su fragilidad. Por eso está pensada para los mayores y para quienes, por problemas de salud o de movilidad, no pueden participar en la gran romería del último domingo de abril.
Como es tradición en esta jornada, la venerada imagen de la Morenita desciende de su camarín y se sitúa en la nave principal de la Basílica, a la altura de sus hijos. Es un gesto que lo dice todo: no son los enfermos quienes tienen que hacer el esfuerzo de llegar hasta ella, sino que es María quien baja a su encuentro. La jornada se completa con la exposición del Santísimo y el besamanto, momentos de oración serena y de cercanía en los que cada peregrino puede presentar a la Madre sus dolores, sus cansancios y sus esperanzas.

María, cercana al sufrimiento
La Peregrinación Blanca pone ante los ojos de toda la comunidad cristiana una verdad que recorre el Evangelio: María conoce el dolor. La que estuvo de pie junto a la cruz de su Hijo no es ajena a la enfermedad, a la soledad o al desgaste de los años. Por eso la Iglesia la invoca como Salus infirmorum, salud de los enfermos, y como Consolatrix afflictorum, consuelo de los afligidos.
En esta jornada, el santuario se convierte en un lugar donde el sufrimiento no se esconde, sino que se acoge y se ofrece. Las sillas de ruedas, los bastones y las manos temblorosas que se alzan hacia la imagen no son un paisaje secundario de la fiesta, sino su centro. Quienes cargan con la enfermedad recuerdan a todos que la fe no es una cuestión de fuerzas, y que la vida frágil sigue siendo una vida llena de dignidad y amada por Dios.
La Peregrinación Blanca es, al mismo tiempo, una escuela para quienes acompañan: familiares, voluntarios, cofrades y cuidadores que hacen posible que muchas personas puedan subir al Cerro. En su servicio silencioso se hace visible la misma ternura de María, que en Caná se dio cuenta de lo que faltaba antes de que nadie lo pidiera.
El carisma trinitario junto a los que sufren
Para la Orden de la Santísima Trinidad, custodia del Santuario desde 1930, esta jornada tiene una resonancia particular. Fundada por San Juan de Mata para la redención de los cautivos, la Orden reconoce que la enfermedad, la dependencia o la soledad pueden convertirse también en formas de cautiverio. Acompañar a quienes las padecen, ofrecerles los sacramentos y una acogida cercana es una manera concreta de vivir hoy aquel carisma liberador.

La primera Peregrinación Blanca del Jubileo
La edición de este año tiene además un significado singular: es la primera Peregrinación Blanca que se celebra dentro del Año Jubilar Diocesano por el VIII Centenario de la aparición de la Virgen de la Cabeza, abierto el pasado 4 de octubre y que se prolongará hasta el 8 de diciembre de 2027 bajo el lema «Me felicitarán todas las generaciones».
En su carta pastoral para el Jubileo, el obispo de Jaén, monseñor Sebastián Chico Martínez, señalaba la hospitalidad hacia todo peregrino y la caridad efectiva con los más pobres como los dos criterios que miden la autenticidad del Año Jubilar, y quiso además que las colectas jubilares se destinen a la atención de personas mayores sin apoyo familiar. La Peregrinación Blanca encarna de forma privilegiada ese espíritu: un santuario que abre sus puertas a los más frágiles y una Madre que, ocho siglos después de su aparición, sigue saliendo al encuentro de sus hijos allí donde más la necesitan.
