Córdoba se convirtió en punto de encuentro de la familia trinitaria con la celebración de la Quedada Trinitaria, una jornada que congregó a más de 300 personas entre religiosos, jóvenes, educadores, acompañantes, cofrades, laicos y familias, unidos por un mismo deseo: compartir, celebrar y renovar juntos la vocación trinitaria.
Desde el inicio, el ambiente festivo marcó el ritmo del encuentro. La música, el baile y la acogida fraterna rompieron cualquier distancia y transformaron el espacio en un verdadero reencuentro entre generaciones. Abrazos, risas y conversaciones pendientes evidenciaban que no se trataba solo de una actividad programada, sino de una experiencia de familia.
A lo largo del acto, la reflexión giró en torno a la vocación como camino de vida. A través de diálogos, testimonios, momentos de silencio y oración, los participantes fueron invitados a escuchar la llamada de Dios en lo cotidiano, entendida no como una meta lejana, sino como una respuesta que se construye día a día, en comunidad.
Uno de los momentos más significativos fue la proyección del vídeo vocacional, que puso rostro a esa llamada a la libertad a través de tres etapas —buscar, caminar y vivir— representadas por distintas realidades de la familia trinitaria. Las historias compartidas ayudaron a muchos a reconocerse en ellas y recordaron que cada proceso es único, pero ninguno se recorre en solitario.
El encuentro continuó con espacios de diálogo y gestos simbólicos que reforzaron la idea de acompañamiento mutuo, combinando profundidad y cercanía con momentos de humor y celebración. La presentación del single VIVE aportó la nota musical y emotiva de la jornada: primero con el estreno del videoclip y, después, con el testimonio de sus protagonistas. El broche final llegó cuando toda la asamblea se puso en pie para cantar unida, convirtiendo la canción en un auténtico himno compartido.
La jornada concluyó con un sentimiento común: gratitud y esperanza. La Quedada Trinitaria dejó patente que la vocación se busca, se camina y se vive juntos, y que el carisma trinitario sigue latiendo con fuerza en cada persona que forma parte de esta gran familia.
Más que un evento, fue una celebración de la vida compartida y una invitación a seguir construyendo, con alegría y compromiso, el camino común.



