En tiempos en que la vida religiosa enfrenta numerosos desafíos y cierres de comunidades, los trinitarios han decidido ir a contracorriente e inaugurar una nueva casa en Corea del Sur. Este acto no es solo una expansión física, sino una afirmación de la misión que define a la Orden de la Santísima Trinidad: ser un símbolo de libertad, esperanza y servicio en los lugares donde más se necesitan.
La inauguración de la Casa “Domus Sanctae Trinitatis” es un acontecimiento histórico para la Provincia Trinitaria de España y para toda la Familia Trinitaria. Este 17 de diciembre, fiesta de San Juan de Mata, fundador de la Orden, y memoria de la aprobación pontificia hace 826 años, marca el inicio de un nuevo capítulo en la misión de los trinitarios en Asia.

Una historia de fe y perseverancia
La presencia trinitaria en Corea comenzó en 2001, con un pequeño grupo de candidatos acompañados por Fray AHN Chanmo. Sin recursos propios y residiendo en espacios cedidos, los primeros años estuvieron marcados por la humildad, la fe y las dificultades. La comunidad, sin embargo, perseveró, creciendo lentamente con el apoyo del Consejo General y varias Provincias de la Orden.
Los años iniciales fueron una lección de dependencia total en la providencia divina. Desde la solicitud al Capítulo General en Roma en 2001, hasta el traslado a Masan en 2002, que consolidó su establecimiento en Corea, los trinitarios coreanos vivieron una etapa de pruebas. En 2010, la comunidad finalmente se trasladó al lugar donde se encuentra hoy, y en 2015 fue incorporada oficialmente a la Provincia del Espíritu Santo.
Sin embargo, su historia también incluye momentos de dolor, como el incendio de 2013, que destruyó el archivo y parte de la Casa. Lejos de desanimarse, este revés fue una ocasión para renovar su compromiso con su misión.

Un nuevo espacio de libertad y acogida
La Casa “Domus Sanctae Trinitatis” es mucho más que un edificio. Es un hogar para la comunidad trinitaria coreana, un espacio de oración, formación y servicio. Sencilla y austera, como dicta el espíritu de la Orden, cuenta con una capilla, habitaciones para los religiosos, un espacio de acogida y un pabellón para actos comunitarios.
La comunidad trinitaria en Corea desea que esta casa sea un refugio para quienes buscan paz espiritual, consuelo y libertad. Siguiendo el carisma de la Orden, también será un lugar de hospitalidad para los pobres, los cautivos y quienes sufren persecución a causa de su fe.
El entorno natural que rodea la casa —montañas, agua, árboles y silencio— refleja la serenidad y la paz que los trinitarios quieren transmitir a todos los que lleguen. Es un recordatorio de que, a pesar de las dificultades iniciales, este lugar ha sido elegido y bendecido por Dios.

La continuidad de una misión que libera
Un detalle simbólico une la historia pasada y presente de la Provincia Trinitaria de España. Hace un año, la comunidad de Barcelona cerró sus puertas, guardando el último cáliz y patena con los que se celebró la Eucaristía. Hoy, estos objetos sagrados se encuentran en Corea, listos para ser utilizados en las celebraciones litúrgicas de esta nueva Casa. Este gesto representa la continuidad de la misión trinitaria: de un lugar a otro, la esperanza y el servicio no cesan.

Un día histórico para el futuro
Fray Pedro Aliaga Asensio, Ministro Provincial, destaca que este momento es un signo de la vitalidad y valentía de la Orden. “La vocación trinitaria es arriesgada y provocadora. Nos lleva a discernir constantemente dónde somos necesarios hoy. Esta Casa es un faro de luz, una manifestación del mensaje de Cristo Redentor en una sociedad que busca esperanza y libertad”.
La inauguración de esta Casa no solo es un logro para la comunidad trinitaria coreana, sino un recordatorio para toda la Familia Trinitaria de que el carisma de la Santísima Trinidad sigue vivo y relevante. En cada rincón del mundo, desde las grandes ciudades hasta los lugares más apartados, los trinitarios continúan su misión de ser servidores de la libertad, de la caridad y de la fe.
