El obispo de Jaén, monseñor Sebastián Chico Martínez, ha hecho pública su carta pastoral con ocasión del Año Jubilar que la diócesis celebrará para conmemorar el VIII Centenario de la aparición de la Virgen de la Cabeza. El texto, fechado el 15 de septiembre, ha sido difundido a pocas semanas de la apertura oficial del año jubilar, prevista para el próximo 4 de octubre, cuando se abrirá la Puerta Santa en el santuario de Sierra Morena.
Ocho siglos de fe
La carta recuerda el origen de la devoción que este año cumple ocho siglos: según la tradición, en la noche del 11 al 12 de agosto de 1227 el pastor Juan Alonso de Rivas, natural de Colomera, halló entre dos piedras de granito de Sierra Morena una pequeña imagen de la Virgen con el Niño. De aquel hallazgo nació el culto que hoy convierte al santuario en uno de los referentes marianos de Andalucía.
El Año Jubilar, bajo el lema «Me felicitarán todas las generaciones» —tomado del Magníficat (Lc 1,48)— y el subtítulo «Ocho siglos de fe», se prolongará desde el 4 de octubre de 2026 hasta el 8 de diciembre de 2027, festividad de la Inmaculada Concepción. En su transcurso se enmarcará la fecha central de la efeméride, los días 11 y 12 de agosto de 2027, cuando se cumplirán exactamente los ochocientos años de la aparición.
La Orden Trinitaria, custodia del santuario desde 1930
La carta dedica un pasaje explícito a la Comunidad Trinitaria, a la que la diócesis tiene encomendada desde 1930 la atención pastoral y la custodia del Real Santuario. Monseñor Chico Martínez reconoce que «la diócesis entera le debe más de lo que suele decirse: el culto sostenido día tras día, la atención espiritual de cuantos suben a la sierra y un confesonario que casi nunca descansa».
El obispo enlaza explícitamente esa presencia cotidiana con el carisma fundacional de la Orden de la Santísima Trinidad, instituida por San Juan de Mata para la redención de los cautivos: «Vuestro carisma de redención de cautivos encuentra aquí una forma callada de ejercerse, porque el pecado esclaviza y el perdón de Dios libera». Con estas palabras, el prelado sitúa el servicio sacramental de los trinitarios —y de manera particular su dedicación al ministerio de la confesión en el santuario— como una actualización, ocho siglos después, de aquel carisma redentor de raíz medieval: si la Orden nació para liberar a los cristianos cautivos en tierras de infieles, hoy sus religiosos ejercen esa misma vocación liberadora junto a cuantos peregrinos llegan a la sierra cargados por el peso del pecado.
Distinguir la fe de la tradición
Uno de los ejes de la carta es la distinción entre lo que pertenece a la piadosa tradición transmitida de generación en generación y lo que constituye doctrina revelada. Monseñor Chico Martínez precisa que los detalles concretos del relato de la aparición no son, en sí mismos, objeto de fe, mientras que sí lo es la enseñanza de la Iglesia sobre la maternidad divina de María y su lugar en la historia de la salvación. Con ello, el obispo busca situar la devoción popular sobre una base doctrinal sólida, sin restarle por ello valor ni autenticidad.
La piedad popular, expresión genuina de fe
Lejos de reducir la religiosidad popular a mero folclore, el prelado la reivindica como «fruto del Evangelio inculturado» y como una auténtica expresión teológica del pueblo creyente. Al mismo tiempo, advierte contra el riesgo de que la devoción a la Virgen se convierta en «vana credulidad» o en «sentimiento pasajero» desligado de una verdadera transformación espiritual: la veneración a María, insiste, ha de conducir siempre a Cristo, y no quedarse en la imagen o en la costumbre.
La romería, parábola de la vida cristiana
La carta dedica también un espacio a la romería que cada último domingo de abril congrega a miles de peregrinos en el cerro del Cabezo. El obispo la describe como «una parábola viva de la vida cristiana»: un camino que exige esfuerzo, que se recorre en comunidad y que culmina en el encuentro con Dios. La invitación es a vivir la peregrinación no solo como tradición festiva, sino como itinerario espiritual.
Un llamamiento a toda la diócesis
Monseñor Chico Martínez dirige su mensaje a los distintos sectores de la comunidad diocesana. Pide al clero renovar su compromiso ministerial y cuidar una predicación mariana que evite tanto la sequedad doctrinal como el sentimentalismo vacío, así como acompañar a sus parroquias en las peregrinaciones jubilares. A las familias les propone rezar juntas el Magníficat y transmitir el sentido profundo de la fiesta más allá de lo festivo. A los jóvenes les anima a comprender intelectualmente el fundamento de una devoción heredada, uniendo celebración y conocimiento. Y a quienes se sienten alejados de la práctica religiosa o viven la duda, el obispo les extiende una acogida sin condiciones: pueden acercarse «tal y como son», sin requisito previo alguno.
A quienes tienen alguna responsabilidad en la organización del Jubileo, el prelado les propone dos criterios para medir su autenticidad: la hospitalidad hacia todo peregrino que llegue al santuario y una caridad efectiva hacia los más pobres.
La carta invita además a un examen personal: si se es capaz de explicar el sentido de la devoción mariana más allá de la costumbre heredada; si en algún momento se ha vivido como un amuleto; la autenticidad de la propia vida sacramental; si la participación en la romería responde a un verdadero encuentro con Dios o solo a la tradición social; y si el amor a la Virgen se traduce en caridad concreta hacia el prójimo.
La caridad, signo del Jubileo: Casa Hogar «Andrés Cristino»
Como expresión concreta de esa caridad, el obispo dispone que las colectas del Año Jubilar se destinen a la Casa Hogar «Andrés Cristino», centro gestionado por Cáritas en Andújar desde 1988 que acoge a personas mayores de 65 años sin apoyo familiar. La elección no es casual: enlaza el origen humilde del pastor que encontró la imagen con la realidad de tantos mayores que hoy viven en soledad.
Indulgencia plenaria y fechas señaladas
La carta recuerda también la posibilidad de obtener la indulgencia plenaria en el santuario y en otros lugares designados por la diócesis —la Catedral de Jaén, del 25 de septiembre al 2 de octubre de 2027, y la parroquia de Santa María la Mayor, del 18 al 25 de septiembre y del 2 al 30 de octubre de 2027—, para quienes cumplan las condiciones habituales: peregrinación, sincero rechazo del pecado, confesión sacramental, comunión y oración según las intenciones del Papa.
Con esta carta pastoral, monseñor Chico Martínez marca las líneas espirituales del Año Jubilar que la diócesis de Jaén se dispone a vivir a partir del 4 de octubre, invitando a los fieles a acoger la efeméride de los ocho siglos de la aparición de la Virgen de la Cabeza no como una simple conmemoración histórica, sino como un tiempo de gracia y de conversión personal, en el que el carisma redentor de la Orden Trinitaria, custodia del santuario desde hace casi un siglo, sigue teniendo, según palabras del propio obispo, una actualidad callada pero constante.
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Fotografia: Diócesis de Jaén