Con profunda emoción y solemnidad, la ciudad de Córdoba celebró ayer el 50º aniversario de la canonización de San Juan Bautista de la Concepción, reformador de la Orden Trinitaria, cuyos restos reposan en esta ciudad. La conmemoración tuvo lugar en la parroquia de Nuestra Señora de Gracia y San Eulogio, y contó con una gran participación de fieles, religiosos trinitarios y peregrinos llegados desde Almodóvar del Campo, localidad natal del santo.
Antes de la celebración eucarística, cerca de 250 vecinos de Almodóvar del Campo fueron acogidos en la comunidad trinitaria de Córdoba con el objetivo de ganar el Jubileo ante la reliquia del santo custodiada en el templo. La peregrinación fue un gesto de profunda devoción y una manifestación del vínculo espiritual que une al pueblo con San Juan Bautista de la Concepción.
A las 12:30 horas, la iglesia acogió la solemne misa de acción de gracias, presidida por fray Pedro Aliaga, Ministro Provincial de la Orden Trinitaria en España, y concelebrada por varios sacerdotes trinitarios. En su homilía, el P. Aliaga centró su mensaje en el Evangelio del día y en la figura del Reformador, destacando que “el centro de la fe no es lo que yo hago por Dios, sino lo que Dios hace por mí”.
“Rendirse ante Cristo es dejarse amar por Él”, afirmó el Ministro Provincial, haciendo alusión a la experiencia mística del santo, quien describía cómo Dios entraba en el alma para hacer de ella su morada. Citando su obra La llaga de amor, el P. Aliaga recordó las palabras del Reformador: “De tierra se ve hecha cielo”, una imagen que describe la unión profunda entre el alma y Dios.
El P. Aliaga también subrayó que la vida cristiana auténtica no se basa en el esfuerzo humano, sino en acoger el amor de Dios que transforma. “Nosotros somos la Casa de la Santa Trinidad”, afirmó, recogiendo una de las expresiones más queridas por la espiritualidad trinitaria.
La homilía concluyó con una oración agradecida por la canonización del santo y el deseo de que cada creyente pueda ser “Casa de la Santa Trinidad, para gloria del cielo y alegría de la tierra”.
El ambiente festivo, lleno de fe y gratitud, consolida a San Juan Bautista de la Concepción como figura inspiradora de entrega, reforma y profundo amor a Dios Trinidad, cuya herencia sigue viva medio siglo después de su canonización por el Papa Pablo VI en 1975.

