La tradicional Romería de la Virgen de la Cabeza volvió a reunir este domingo 26 de abril a cientos de miles de peregrinos en el Cerro del Cabezo, en Andújar, consolidándose una vez más como la más antigua de España y una de las manifestaciones de religiosidad popular más significativas del país. En torno a la venerada imagen de Virgen de la Cabeza, conocida cariñosamente como “La Morenita”, se vivió una jornada marcada por la devoción, la tradición y, de manera especial, por su profunda dimensión espiritual.
Desde primeras horas del día, miles de fieles ascendieron hasta el Santuario para participar en los actos litúrgicos y acompañar a la Virgen. La celebración estuvo presidida por el obispo de Jaén, Sebastián Chico Martínez, quien subrayó que esta Romería “trasciende lo meramente cultural o tradicional para convertirse en un verdadero encuentro de fe”.
En su homilía, el prelado insistió en el sentido auténtico de la peregrinación: «No hemos venido solo a cumplir una costumbre hermosa o a revivir una tradición entrañable, sino a encontrarnos con el Señor Resucitado, a escuchar su Palabra y a dejarnos tocar por su gracia, poniendo nuestra vida bajo la mirada de María, la Madre de Dios». Un mensaje que situó claramente a Cristo como centro de toda devoción mariana.
Una romería con profundo sentimiento trinitario
Este año, la celebración ha destacado especialmente por la significativa presencia trinitaria en el Santuario, un elemento que subraya la dimensión espiritual y eclesial de la Romería. La participación los religiosos trinitarios en la misa pontifical y numerosos colaboradores de la Familia Trinitaria, junto a más de 40 sacerdotes, siete seminaristas y numerosos colaboradores, evidenció el carácter comunitario y universal de la Iglesia que se hace visible en este enclave mariano.
La acogida en el Santuario también reflejó esta riqueza eclesial: más de cien personas entre clero, religiosos, seminaristas, técnicos y voluntarios convivieron durante estos días, haciendo del lugar un verdadero espacio de fraternidad, servicio y oración. A ello se sumó el rezo del Rosario por los cristianos perseguidos en la madrugada, un gesto que amplía la mirada de la Romería hacia la Iglesia universal.
Participación multitudinaria y fervor popular
La jornada estuvo marcada por una impresionante participación. Un total de 68 cofradías se presentaron ante la Virgen durante el sábado, mientras que el domingo se sumaron 70 cofradías filiales y 140 peñas romeras, coordinadas por la cofradía matriz. Se estima que más de cien mil personas acudieron a la cita, entre ellas autoridades como el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, acompañado de consejeras y representantes institucionales.
La misa pontifical, retransmitida junto a parte de la procesión por Canal Sur, fue uno de los momentos centrales. Posteriormente, la imagen de la Virgen recorrió la Calzada y el poblado, llevada en andas y rodeada por el fervor de los fieles. Durante el recorrido, se vivieron momentos especialmente emotivos, como la presentación de niños ante la Virgen o la bendición de objetos y prendas ofrecidos por los romeros.
Camino hacia el Jubileo del VIII Centenario
La celebración de este año se enmarca en la cercanía del Jubileo del octavo centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza, un acontecimiento que marcará profundamente la vida de la diócesis. En este contexto, el obispo invitó a vivir este tiempo con hondura espiritual: «Esta Romería no puede quedarse en una celebración más, sino que ha de ser una llamada a preguntarnos qué quiere hoy la Virgen de nosotros».
Asimismo, recordó que la verdadera devoción mariana es siempre cristocéntrica: «No venimos a María para quedarnos en María, sino porque ella siempre nos lleva a su Hijo», evocando las palabras del Evangelio: «Haced lo que Él os diga».
Una llamada a la conversión y a la misión
Más allá de la emoción y la tradición, el mensaje central de la Romería fue una invitación clara a la conversión personal y comunitaria. «La fe siempre pide un paso más», afirmó el obispo, animando a los fieles a vivir una fe coherente que se refleje en la vida cotidiana.
En este sentido, subrayó que el mejor homenaje a la Virgen no será solo externo, sino interior: una Iglesia renovada, más unida, evangelizadora y comprometida con los más necesitados. «La Virgen no nos deja instalados, sino que nos pone en salida», recordó, invitando a llevar esperanza a los alejados, a los jóvenes y a quienes buscan sentido.
Así, la Romería de la Virgen de la Cabeza no solo se reafirma como una de las grandes tradiciones de España, sino como un auténtico signo de fe viva, donde la presencia trinitaria, la comunión eclesial y el fervor del pueblo se unen para mirar al futuro con esperanza.



