Hoy 7 de abril es un día especial para la Orden Trinitaria, recordamos y celebramos la vida y legado del beato Domingo Iturrate Zubero, cuyo aniversario de muerte nos invita a reflexionar sobre su camino de santidad.
Domingo Iturrate Zubero nació en el caserío de Biteriño, en el municipio de Dima, en el valle de Arratia, Vizcaya. Desde su infancia, mostró una profunda vocación religiosa, siendo monaguillo en la parroquia de San Pedro y luego estudiando en la escuela pública de Dima. Su deseo de unirse a la Orden Trinitaria lo llevó a ingresar en el aspirantado de Algorta en 1914, a pesar de enfrentar dificultades debido a problemas de salud.
Tras un período de formación, recibió el hábito trinitario en 1917 y profesió solemnemente en 1922 en el convento de San Carlino en Roma, donde destacó por su excelencia académica y su profunda espiritualidad centrada en la Eucaristía y la devoción a la Virgen María. Ordenado presbítero en 1925, ejerció su ministerio con responsabilidad y dedicación, siendo reconocido por su santidad y paz interior.
Sin embargo, la enfermedad lo alcanzó en 1926, manifestándose en síntomas de tuberculosis que finalmente lo llevaron a la tumba el 7 de abril de 1927. A pesar de su corta vida, dejó un impacto duradero en aquellos que lo conocieron, siendo reconocido por su santidad incluso durante su vida.
El proceso de beatificación de Domingo Iturrate fue largo y minucioso, pero finalmente, el 30 de octubre de 1983, el Papa Juan Pablo II lo elevó a los altares, proclamándolo beato en una emotiva ceremonia en la plaza de San Pedro.
Hoy, en el aniversario de su fallecimiento, la Orden Trinitaria se une en oración para honrar su memoria y seguir su ejemplo de entrega, humildad y amor a Dios y al prójimo. Que la vida del beato Domingo Iturrate inspire a las generaciones presentes y futuras a vivir con amor el carisma trinitario y a buscar la santidad en sus vidas cotidianas.