La comunidad educativa del Colegio La Inmaculada de Algeciras vivió la pasada semana una intensa experiencia de fe con motivo de la Misión Escolar “María, madre que sale a nuestro encuentro”, una iniciativa pastoral que unió espiritualidad, formación y compromiso social bajo el carisma trinitario y concepcionista misionero.
La misión comenzó con el emotivo traslado de la imagen de Nuestra Señora del Buen Remedio desde la Parroquia de la Santísima Trinidad hasta el centro educativo, acompañada por alumnado de Secundaria y Bachillerato, profesorado, familias y representantes institucionales. Durante el recorrido, marcado por el rezo del Avemaría y cantos marianos, se hizo visible el espíritu de comunión y oración que inspiró toda esta experiencia evangelizadora.
El acto contó con la presencia del alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, junto a miembros del equipo de Gobierno municipal, el reverendo padre Rafael Gómez, delegado pastoral del colegio, y Julia Rodríguez, presidenta de la Fraternidad Trinitaria de la Esclavitud de Nuestra Señora del Buen Remedio.
Una misión centrada en el encuentro con Cristo
El principal objetivo de esta misión escolar fue ofrecer al alumnado —desde Infantil hasta Bachillerato— una experiencia viva de encuentro con Jesucristo a través de María, bajo las advocaciones de La Inmaculada y del Buen Remedio.
A través de celebraciones, dinámicas formativas, momentos de oración y actividades solidarias, la comunidad educativa buscó fortalecer la fe, promover valores cristianos y reforzar el sentido de pertenencia a la Iglesia y a la comunidad educativa.

El carisma trinitario como eje de la misión
Uno de los aspectos más destacados de esta propuesta pastoral fue la presencia y difusión del carisma trinitario, entendido como una llamada a vivir la fe desde la misericordia, la libertad, el servicio y el compromiso con los más necesitados.
Durante las distintas jornadas, el alumnado profundizó en la historia y espiritualidad de la Virgen del Buen Remedio, advocación estrechamente vinculada a la Orden Trinitaria, que presenta a María como madre cercana, consoladora y remedio en medio de las dificultades humanas.
Además, la misión puso en valor la labor de la Familia Trinitaria y de la Familia Misionera Concepcionista, mostrando cómo ambos carismas continúan transformando la sociedad a través de la educación, la acción social y la evangelización.
Especial relevancia tuvo la mesa redonda titulada “…Remedio a nuestros males”, donde miembros de la Familia Trinitaria compartieron testimonios vinculados a la Fundación Prolibertas y a la Pastoral Penitenciaria, acercando al alumnado realidades de exclusión y mostrando cómo la fe puede convertirse en respuesta concreta ante el sufrimiento humano.

Una fe que se hizo vida y solidaridad
La misión escolar no se limitó únicamente a la dimensión espiritual, sino que también impulsó acciones solidarias inspiradas en el Evangelio y en el carisma trinitario. Entre ellas destacaron campañas de recogida de alimentos y material escolar destinadas a personas vulnerables atendidas por Cáritas y Fundación Prolibertas.
Asimismo, el alumnado participó activamente en dinámicas de interioridad y oración como “¿Qué necesito que María remedie en mi vida?”, donde los estudiantes presentaron a la Virgen sus inquietudes, deseos y necesidades personales, fomentando un encuentro cercano con Dios a través de María.

Una experiencia de comunidad y esperanza
El Colegio La Inmaculada se convirtió durante esos días en un verdadero espacio de misión compartida, donde profesorado, familias, alumnado, antiguos alumnos y comunidades religiosas caminaron juntos fortaleciendo la identidad cristiana del centro.
La presencia de símbolos concepcionistas y trinitarios, la ambientación mariana del colegio y la implicación de toda la comunidad educativa reflejaron una Iglesia cercana, alegre y comprometida con la educación integral de los jóvenes.
Bajo el lema “Ahí tienes a tu Madre” (Jn 19,27), esta misión escolar dejó una profunda huella en toda la comunidad educativa, recordando que María continúa saliendo al encuentro de sus hijos para guiarlos hacia Jesús con ternura, esperanza y confianza.
