En el Real Teatro de las Cortes, resonó este Domingo de Pasión una voz cálida, firme y profundamente trinitaria. La de Eduardo Coto Martínez, presidente de la Confraternidad de Hermandades y Cofradías Trinitarias, quien proclamó con emoción y sentido evangélico el Pregón de la Semana Santa de San Fernando 2025. No fue un pregón más. Fue una confesión pública de fe, una alabanza lírica y social, y sobre todo, una proclamación del carisma redentor de la Orden Trinitaria, eje vertebral de todo su mensaje.
Desde el saludo inicial hasta la última estrofa, Coto tejió su discurso con las hebras del compromiso cristiano, la memoria de los “auténticos cofrades” y, especialmente, la identidad trinitaria: libertad, redención y servicio a los cautivos del siglo XXI.
El carisma Trinitario: libertad para los nuevos cautivos
Fiel a sus raíces, el pregonero elevó su voz para recordar que el carisma trinitario no es cosa del pasado. Como San Juan de Mata —a quien invocó desde los primeros versos—, los cofrades trinitarios de hoy no se cruzan de brazos. “La custodia es el escudo universal del cofrade”, afirmó, en un gesto simbólico que coronó con la entrega de insignias con forma de custodia entre los asistentes, recordando que el Santísimo Sacramento es la presencia viva de Cristo por quien vale la pena redimir, acompañar y liberar.
En su pregón, Eduardo Coto no solo narró con belleza la Pasión del Señor según La Isla; también rescató las formas modernas de cautiverio: el abandono, la pobreza, la exclusión social, los presos olvidados y los migrantes sin tierra. “Las hermandades no solo salen a la calle en Semana Santa, también se adentran en las cárceles, en los comedores sociales, en las realidades más difíciles”, dijo, en clara referencia a la acción de Prolibertas y Solidaridad Internacional Trinitaria, dos pilares trinitarios de acción social y defensa de los derechos humanos.
Una cruz que libera: la redención hecha misión
Entre estrofas y anécdotas entrañables, el pregonero supo entrelazar su historia familiar y cofrade con una constante mirada teológica: la cruz de Cristo no es derrota, sino redención. Lo dijo contemplando a Jesús de Medinaceli, su devoción más profunda, su Cristo “cautivo y rescatado”, que no llora por Él, sino por nosotros, y cuyas lágrimas representan las tres personas de la Trinidad.
Y lo reafirmó con palabras llenas de conciencia misionera: “Bendita tu túnica, y bendito tu escapulario… porque eres trinitario”. A través de esa cruz trinitaria —roja y azul— que porta con orgullo, Coto recordó que la fe cofrade no es folclore, sino camino de entrega. Porque para los trinitarios, redimir al cautivo es liberar al ser humano de toda atadura: física, social o espiritual.
Compromiso, autenticidad y caridad discreta
Eduardo Coto habló también de los “últimos cofrades auténticos”, aquellos que sin cámaras ni micrófonos, sostienen durante todo el año la vida de las hermandades. Aquellos que, como él aprendió de su padre, “trabajan sin descanso por sus titulares, ejercen la caridad sin que su mano derecha sepa lo que hace la izquierda, y viven la fe sin alharacas”.
Este espíritu de servicio silencioso conecta profundamente con el ideario trinitario, basado en el rescate del otro desde la humildad. “El cofrade auténtico —recordó— no es el que despierta con el incienso, sino el que sueña despierto todo el año con su hermandad y su misión cristiana”.
El Trinitario que pregonó a San Fernando
No fue casualidad que el escenario estuviera impregnado de símbolos trinitarios, ni que cada palabra recordara la espiritualidad de una Orden que lleva siglos trabajando por la dignidad de las personas. Eduardo Coto no solo pertenece a la Hermandad de Medinaceli: ha colaborado en la fundación de la subdelegación de Prolibertas en San Fernando, ha participado en encuentros de formación trinitaria y, desde 2023, preside la Confraternidad Trinitaria de España, promoviendo la presencia y el impacto social de estas cofradías en todo el país.
Este Domingo de Pasión, su pregón ha dejado una impronta honda: la de un cristiano que no teme hablar del dolor ni de la injusticia, pero que también sabe celebrar la esperanza. Un cofrade que, como San Juan de Mata, cree que la redención no es un dogma del pasado, sino una misión viva. Una llamada a despertar la conciencia.
Porque como proclamó al inicio: “Despierta, cofrade. No te duermas más. Porque en esta Isla, la Semana Santa no dura una semana. En San Fernando, es todo el año”.