El pasado fin de semana, del 7-9 de febrero, parte del equipo provincial de PJV y algunos Jóvenes Trinitarios participamos en el Congreso Vocacional celebrado en Madrid bajo el título ¿Para quién soy? Este encuentro, organizado por la Conferencia Episcopal ha tenido por destinatarios, no sólo a miembros de PJV, sino formadores, laicos, consagrados, sacerdotes, educadores, acompañantes de jóvenes… Este congreso ha supuesto un paso muy grande para todos los participantes, en el camino de concienciación acerca de la Cultura Vocacional que se viene realizando desde hace muchos años en la Iglesia, en general, y de modo particular en nuestra Provincia. Muchas de las cosas tratadas en este congreso, ayudan a entender el sentido de todas las reuniones y reflexiones que el equipo PJV de nuestra Provincia estamos desarrollando con todas las comunidades y agentes pastorales a constatar que aún queda mucho trayecto por realizar, pero que se avanza por el camino correcto, aunque desde nuestro punto de vista, de manera algo lenta; muchas de las conclusiones que a lo largo de este texto exponemos, son frutos del documento final del congreso.
El discernimiento cristiano se fundamenta en la convicción de que Dios está actuando en la historia y en las personas. Y, porque Dios no está ocioso sino que está actuando, la misión de la Iglesia, y de nuestra provincia, “es hacer posible que cada hombre y cada mujer encuentre al Señor que ya obra en sus vidas y en sus corazones”. Traducido a nuestra pastoral juvenil vocacional y nuestro itinerario el objetivo es ayudar a que nuestros jóvenes descubran su vocación, siendo conscientes que la desproporción entre el número de trabajadores y las necesidades de la evangelización siempre ha estado presente en la Iglesia, pero, quizá hoy se note más, porque la conciencia vocacional parece disminuir, incluso hay signos evidentes de una crisis vocacional.
A través de conferencias y talleres enmarcados en cuatro itinerarios distintos (Palabra, comunidad, sujeto y misión), acompañados con una vigilia de oración, la celebración de dos eucaristías y un festival lúdico, se ha ido analizando el momento actual en el que nos encontramos en la Iglesia como “asamblea de llamados” y evidenciando la necesidad urgente de crear conciencia y cultura vocacional. En todo momento desde el equipo hemos intentado traducir todo lo vivido a nuestra realidad concreta, de provincia y de familia trinitaria, y el camino ya realizado.
Este camino de incrementar la cultura vocacional nace desde el convencimiento que todos los bautizados no tenemos una vocación, sino que somos vocación, que la vida es vocación, es don que se recibe y se debe entregar, a la vez que se recuerda que ninguna llamada es más importante que otra, ya que “todos necesitamos de todos” para crear Iglesia y Provincia (en el pasado capítulo provincial ser reflexionaba acerca de la Misión Compartida). Por tanto, “ninguna vocación se concreta en sí misma sino que hay que entenderla en armonía con las demás, así que no se entiende ninguna pastoral que no sea vocacional”. Igualmente hay que afirmar con rotundidad que toda vocación es misión, pero sabiendo que no «tenemos» una misión, sino que «somos una misión”. ¿Misión compartida, sí o no?
Hoy es necesaria una pastoral de comunión y colaboración entre todos, en la que buscamos acercar a Dios y a los jóvenes de la misma manera que un constructor comunica las dos orillas construyendo un puente, en el que los ladrillos y los albañiles son la cultura vocacional. De esta manera, la llamada a la vida que Dios sigue haciendo a todos (laicos, consagrados y sacerdotes) se puede escuchar y responder, uniendo emisor y receptor. ¿Empezamos a construir ese puente y a darle solidez?
Para crear cultura y contexto vocacional necesitamos fomentar en nuestra provincia una organización pastoral de comunión y de colaboración entre distintos sectores pastorales. En el Sínodo sobre los jóvenes se hablaba de una pastoral integrada afirmando que no era una propuesta solo para la pastoral juvenil y la pastoral vocacional. “Además, hay una exigencia de trabajar juntos con la pastoral familiar, educativa, cultural y social en torno a la construcción del proyecto personal de vida de cada bautizado». ¿Colaboramos?
Toda vocación cristiana, asumida y entregada, es un mensaje de alegría para la Iglesia y para el mundo, por eso repetimos constantemente, como dice el Papa Francisco que no se entiende un cristiano triste. Un mundo que en ocasiones muestra un rostro a-vocacional o incluso anti-vocacional ¿Somos cristianos alegres?
El papa Francisco, cuando habla de misión y cuando habla de vocación, propone una salida de sí. El santo Padre habla de una salida misionera (EG 20) y entiende la vocación como una llamada al servicio misionero hacia los demás (ChV 254), prestando nuestro aporte al bien común a partir de las capacidades que recibimos” (ChV 253).
¿Salimos de nosotros mismos?
Importante resaltar, aunque sea sabido, que el pueblo de Dios es un pueblo vocacional y es un pueblo de soñadores. “Dios habla de un modo u otro, aunque no nos demos cuenta: en sueños o visiones nocturnas, cuando cae el sopor sobre el hombre, cuando está dormitando en su cama. Abre entonces el oído del hombre e inculca en él sus advertencias” (Job 33,14-16). E insistiendo aún más, la Biblia habla de sueños en jóvenes y en ancianos, reyes y profetas, apóstoles y paganos. No es cuestión de edad. ¿Soñamos a pesar de la edad y las dificultades?
Es cierto que el Señor siempre respeta nuestra libertad, podemos acoger o rechazar su llamada, por eso es urgente dejar que el Señor toque nuestro corazón, y poner todas las condiciones para facilitar que nuestro corazón sea tocado y toque al de los demás en un concreto contexto vital y cultural. Este contexto está dibujado por las circunstancias de la vida, la propia historia y biografía, el mundo donde vivimos. Toda vocación cristiana brota de la amistad con Jesús. ¿Favorecemos que nosotros y las personas con las que nos cruzamos en el camino sean amigos de Jesús?
Tenemos necesidad de testigos del Evangelio, de personas y comunidades que muestren, con su ejemplo, las posibilidades de proyectar su vida según el Evangelio en nuestra sociedad. Este testimonio evangélico constituye el primer servicio que ofrecer, la primera palabra de anuncio del Evangelio. Con nuestra vida, testimonio y acompañamiento podemos ayudar a descubrir, acoger y madurar el don de la vocación seglar, consagrada o sacerdotal, para bien de toda la Iglesia. ¿Somos testimonio evangélico y acompañantes en el camino?
Está en nuestras manos volver a acoger la llamada y reavivar la inquietud por el Evangelio frente a la desilusión. Decía el santo Padre en el Monasterio de los Jerónimos de Lisboa en la Última JMJ: “Cuando uno se va acostumbrando y se va aburriendo y la misión se transforma en una especie de «empleo», es el momento de dejar lugar a esa segunda llamada de Jesús, que nos llama de nuevo, siempre. Nos llama para hacernos caminar, nos llama para rehacernos… No es tiempo de detenerse, no es tiempo de rendirse, no es tiempo de amarrar la barca en tierra o de mirar atrás; no tenemos que evadir este tiempo porque nos da miedo y refugiarnos en formas y estilos del pasado. ¿Revivimos la inquietud por el evangelio y arriesgamos con nuevas formas y estilos?
Nos encontramos ante un reto tremendo, esperanzador e ilusionante para “evangelizar” en la sociedad en la que nos encontramos, y más en concreto en nuestra provincia trinitaria. La sociedad actual demanda discípulos misioneros, de acompañantes y de testigos. Este es el tiempo de gracia que el Señor nos da para aventurarnos en el mar de la evangelización y de la misión”. Es fundamental que se nos conozca y se nos reconozca ¿Estamos motivados a este gran reto?
A todas las preguntas formuladas, confiamos en un Sí Rotundo.
Equipo PJV Trinitarios España