PRESENTACIÓN DEL LIBRO DEL P. ANTONIO AURELIO FERNÁNDEZ

24 Abr, 2017

El pasado día 20 de abril de 2017 la Editorial Secretariado Trinitario presentó el libro LIBERTAD, COMUNIÓN, VERDAD. LAS SOCIEDADES DEMODDRÁTICAS COMO REFLEJO DE LA TRINIDAD, obra del P. Antonio Aurelio Fernández Serrano, trinitario. El P. Antonio Aurelio presentó un resumen del libro.

La presentación tuvo lugar el la Sala Capitular de la Almudena de Madrid, y en ella intervinieron Don Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid, Dña. Ana Rosa Quintana, periodista, D. José Bono, Expresidente del Consejo de los Diputados, y Dña. Concepción Dancausa, Delegada del gobierno.

Al acto asistieron muchas personas de distintos ámbitos. Destaca la presencia de religiosos trinitarios y de personas relacionadas con el autor del libro, la Editorial Secretariado Trinitario y con las comunidades trinitarias de Madrid.

Este es el resumen del libro presentado por el P. Antonio Aurelio Fernández

LIBERTAD, COMUNIÓN, VERDAD
Las sociedades democráticas como reflejo de la Trinidad
RESUMEN

     El libro que presentamos, si bien parte del campo teológico y más específicamente dogmático, ha sido acompañado por otras disciplinas que han auxiliado y han servido para concluir en lo que podríamos describir como una síntesis humanista. Además, no solo es un trabajo extenso por su camino histórico, sino por el abundante material que he tenido que trabajar y organizar dentro de este recorrido de síntesis. Autores que han sido auténticas lámparas de sabiduría a lo largo del proceso histórico de la relación Dios-Humanidad. Autores que han expuesto de manera clara y evidente una búsqueda sincera de la existencia divina especialmente en la persona de Jesús de Nazaret. Ese ha sido el motor de nuestro trabajo: “el conocimiento de Dios a lo largo de la historia de la humanidad y sus relaciones sociales”.


     Estas relaciones sociales, culturales y religiosas pueden ser organizadas de forma que se configuren en un Estado. O, mejor aún, el Estado debe ser el instrumento para que la persona pueda desarrollar todas las capacidades que le son propias para el crecimiento como tal. Es decir, el hombre es el único ser de la creación que para llegar a ser persona debe relacionarse con los demás seres de la misma especie, y el Estado debe ser útil para ello.


     Nuestro contexto no ha sido otro que el de la historia del hombre. La duración de una existencia individual es demasiado breve para desarrollar todas las cualidades y posibilidades humanas. Además ninguna persona puede vivir sola, sino que todos nosotros somos interdependientes fundamentalmente por nuestra capacidad superior a la de cualquier otro ser: la mente humana, la cual no funciona al margen de la sociedad. Por tanto, la historia es el proceso durante el cual puede ser consumado el destino de la tierra. En cierta medida la interpretación de la historia es un juicio. Homero de hecho utiliza por primera vez el sustantivo histor para describir al historiador como juez. Así, si el juicio es nuestra capacidad para ocuparnos del pasado, el historiador es el hombre que investiga y quien, al narrar el pasado, lo somete a juicio. Si esto es así, con este libro lo que pretendemos es recobrar nuestra dignidad humana, porque se la reconquistaremos a la historia, ya que, sin negar su importancia, le retiraremos el derecho de ser el juez último, según la autora judía Arend. Pero la historia parte de un inicio que da salida a un proceso. El proceso de la historia es el progreso. Y el progreso de la historia se mueve en la libertad del hombre, el mismo que hace juicio de la historia. A partir de aquí cobra vigencia, como línea transversal de toda nuestra obra, su primera frase: "Dios no abandona nunca su creación". Este es el origen de lo que os presentamos, pero también es el fundamento de esta obra.


Partimos de la presencia divina en la historia, con una visión positiva. El hecho de que Dios camine con nosotros, no es algo sombrío ni negativo, sino que su mensaje será siempre de progreso en la construcción de la humanidad. No será posible, al menos así lo he intentado, encontrar como herramienta en nuestro libro el pesimismo y la negatividad de algunos eventos que han construido la historia del hombre. La autocrítica sirve únicamente para darnos cuenta de lo vulnerable que puede ser nuestra fe si no la basamos en la verdad.


Pero la fe que se basa en la verdad, no es una fe que se encierra en la seguridad de uno mismo, sino que es una fe que se convierte en lugar de comunicación. Una fe que se mueve en lo social y en la sociedad. No es una fe que destruye la duda, sino que atrae a la duda y al que duda. Nuestro libro no se basa en una fe especulativa, sino en la experiencia histórica de un pueblo, donde se acepta a Dios como padre y como Señor del universo. Dios absoluto entra en el tiempo.


Esa es la experiencia de Dios en el mundo del hombre: Dios como hombre y el hombre como hijo de Dios. En Jesucristo podemos llamar a Dios "Padre". Eso gracias a que él también es Dios, Dios con nosotros. Cristo se hace experiencia del hombre.


Además del Hijo, también hacemos experiencia del Espíritu. No sólo lo vemos como Dios con nosotros sino que lo experimentamos como Dios en nosotros. Esta es la primera parte en la que hemos centrado nuestro libro: la cercanía de Dios Trinidad respecto a la persona.


En este discernimiento sobre la historia, el hombre utiliza la libertad, herramienta necesaria para acercarse a Dios y crear un clima de comunión con Él y con los demás. Esta sería la segunda parte del libro. Es decir, la preocupación fundamental por tomarse en serio la historia de Dios con el hombre.


La intervención divina no es puntual ni delimitada. Dios no abre un paréntesis en la cotidianidad de la humanidad para luego cerrarlo y desentenderse. Dios no quiere desaparecer de la vida de las personas. Todo lo contrario, la creación ha sido el punto de partida para que Dios pueda mostrarse a todos. Esa intervención se hace mediante un diálogo continuo a través de una conversación permanente. La posibilidad de que el hombre pueda preguntar y preguntarse sobre la existencia de Dios, es porque reconoce la implicación de Dios en el camino de la historia. Por ello se hace visible en la persona, que es el lugar donde descubrimos a Dios.


Estas cuestiones llegan mediante las relaciones que se crean entre lo humano y lo divino. Pero esas mismas relaciones son ejemplo de las relaciones trinitarias. Precisamente porque Dios es relación, la naturaleza del hombre, imagen y semejanza de Dios, es pura relación. En Dios no hay accidentes, sino solamente sustancia y relación.


¿En qué aspecto fundamental de esa relación Dios se revela? En la construcción y el desarrollo de un pueblo elegido por Dios y, por tanto, en la relación social de sus miembros entre ellos y con Dios. Efectivamente, la humanidad no tiene capacidad de relacionarse con Dios si esta facultad no la recibe del mismo Dios. El hombre no puede ser creado a imagen y semejanza de Dios si Dios no lo quiere así. Este intercambio no está concebido como un mirarse al espejo, donde lo que se ve es solo una copia de lo que se refleja, sino que el ser creado a imagen y semejanza de Dios conlleva una necesidad de comunicarse hasta llegar a una unidad como comunión.
La unión como comunión es guía para nuestro trabajo. La unión que ofrece nuestra fe en Dios trino, que no es monotonía ni es indivisibilidad, sino que es relación que surge por el amor. La unión trinitaria es la que emerge cuando se renuncia al reclamo de lo propio. De ahí que el fundamento de la relacionabilidad, de la sociabilidad, es la unión como renuncia al egoísmo. Dios es uno y en Él fundamentamos la existencia de todo. Pero Dios es también trino y ahí cimentamos la relación del amor. De ahí que nuestro recorrido en este libro ha buscado conocer a Dios como Personas, porque es así como confesamos a Dios como relación, como comunicación. Lo que es exclusivamente único, lo que no tiene ni puede tener relaciones, no puede ser persona. La relación es el aspecto constitutivo de la persona, sintetiza admirablemente el cardenal Ratzinger.


La esfera para esta comunicación es la realidad en la que se mueve la criatura. El hombre debe ser consciente y sincero en la percepción de la realidad y de la historia. Consciente y sincero por dos motivos: por una parte, porque vivirá, a lo largo del tiempo, en esta comunicación divina; por otra, porque la realidad es el espacio para la misión de la humanidad. Por ello es forzoso que la criatura se mueva en la realidad de la existencia de manera lúcida y verdadera. Aquí podríamos describirla desde dos “interpretaciones” que de alguna manera limitan su desarrollo. Por una parte, la verdad del hombre desde donde parte la percepción humana de la sensación y de la ciencia. Por otra, la verdad de Dios, que se manifiesta a través de la revelación del Resucitado. Las dos se juntan en un único camino donde la primera llegará a ser esclarecida gracias a la luz que emana de la segunda. La “verdad” humana tiene un nuevo carácter y una nueva sabiduría si está alumbrada por la Verdad de Dios mostrada en la Resurrección de Cristo (cfr. Mt 28,10).


Dos principios en esta comunicación de Dios con el hombre llaman fuertemente la atención: la libertad y la comunión en todo lo que emerge de Dios. Son el denominador común en todas sus decisiones, en todas sus obras y en su propia esencia. Pero además descubrimos que uno no se puede dar sin el otro. La libertad es consecuencia de un estado de unión con las otras partes y por tanto de respeto y aceptación. La unidad asímismo es consecuencia de una libertad comunicada y compartida. Si nosotros sabemos conectar estas dos actitudes, sabremos desarrollar y potenciar las bases de un conocimiento humano que quiere inspirarse en Dios. Porque de estas dos surgen, como resultado, todas las demás cualidades que construyen las relaciones sociales: justicia, responsabilidad, solidaridad, etc.


Concluyendo, decir que la búsqueda para presentar este libro desde su forma sintética no solo era una propuesta necesaria y urgente, sino que me ha obligado a tomar decisiones muy difíciles y sin garantía de determinación por la mejor parte. Crear una síntesis de un tema tan profundo y de un espacio histórico tan amplio es, cuanto menos, equivocarse o, al menos, mutilar las composiciones trabajadas. Las decisiones tomadas para centrar las descripciones de los textos han supuesto un verdadero sacrificio a la hora de decidir. El presentar una síntesis ha sido el gran esfuerzo y la verdadera inquietud de este libro.


El deseo de presentar la historia de la humanidad en su componente religioso y político ha hecho que centrase el libro en el fundamento de la persona: la sociabilidad, la relacionabilidad. Todo ello desde una experiencia adquirida gracias a muchos de los que estáis aquí. Los cuales, me habéis enseñado que el mensaje de Cristo sigue siendo muy actual, es decir, que la vida sólo se adquiere si sabemos darla a los demás. Muchas gracias.


Antonio Aurelio Fernández Serrano