Santos trinitarios

La Familia Trinitaria se completa con aquellos que han ganado de la Iglesia el reconocimiento de su santidad o la heroicidad de sus virtudes. Ellos son nuestros mejores maestros, valedores de que el carisma ha seguido dando frutos de santidad a lo largo de la historia.

Desde los mismos orígenes los trinitarios han repetido la expresión:

Hic est Ordo approbatus, 
non a sanctis fabricatus
Sed a summo solo Deo.

 




En realidad se sabe muy poco de su infancia, ni siquiera es seguro el año de nacimiento, aunque se supone alrededor de 1154. Creció en el pequeño pueblo de Faucon, en la Provenza francesa, aunque en aquel tiempo su región pertenecía al Condado de Barcelona.

Con unos quince años sus padres lo enviaron a Paris para estudiar en la escuela de la catedral. Estudió con los mejores teólogos del siglo XII, sobre todo porque la escuela más famosa del momento era precisamente la de Paris, pero eso no dejaba a Juan contento, así que dejó la escuela de la catedral y se unió a la escuela de la abadía de San Víctor, donde enseñaba Ricardo de San Víctor, fundada por Hugo de San Víctor, que había transformado la teología describiendo la Trinidad como Amor y no como especulación filosófica.

El joven Juan no sabía lo que quería de su vida, es verdad que en aquellos tiempos todo el mundo hablaba de cruzadas, de recuperar los santos lugares a los musulmanes, de devolver al cristianismo su antigua gloria en el campo de batalla. Pero a Juan no le convencía ese estilo de hacer cristianismo. Cuando decidió ordenarse sacerdote pidió a Dios insistentemente que le diera una señal para saber qué hacer con su vida.

Celebró la primera Misa en Paris, acompañado por el obispo y el abad de san Víctor, y entonces, cuando consagraba el pan y el vino, sintió que Dios le llamaba a liberar, su visión se centraba en Cristo que liberaba por igual a un cristiano y a un musulmán. Esto dejó a Juan de Mata muy intrigado. ¿Cómo podía Cristo tratar igual a un musulmán y a un cristiano? ¿No eran acaso los musulmanes los que ocupaban el sepulcro de Cristo?

Para meditar bien todo esto se fue a pasar un tiempo a un lugar cercano a Paris, llamado Cerfroid, donde algunos ermitaños vivían solos y dedicados a la oración y la penitencia. Allí conoció a algunos de ellos e intercambió sus ideas y sueños. Entre otros destacó su amistad con Félix de Valois, el que más le animó para que comenzaran un nuevo camino en la Iglesia, haciendo ellos mismos aquello que Juan había intuido en la visión de su primera Misa.

Comenzaron a vivir juntos en una pequeña casa que les regalaron en aquel bosque de Cerfroid, era el año 1193. Cinco años después decidieron hacer más oficial la nueva comunidad, así que Juan de Mata viajó a Roma para pedir la aprobación del papa Inocencio III. El 17 de diciembre de 1198, el Papa no sólo aprobó la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, sino que también dio a Juan de Mata una carta para el sultán de Marruecos, presentando su proyecto de redención. Después le regalaría una casa en Roma para que pudiera estar cerca de él una comunidad de estos religiosos, tan importantes en aquella época de cruzadas y guerras religiosas. 

Lo único en lo que falló el Papa es que aquellos religiosos no querían saber nada de las cruzadas ni de las armas. Más bien se fueron haciendo famosos entre los mismos musulmanes por dedicarse a la misericordia sin mezclarse en otros temas que les enfrentaban a los cristianos.

No se sabe si Juan de Mata realizó algún rescate de cautivos. Según la tradición lo hizo en 1199, con la carta que le dio el Papa, pero no hay nada probado. Lo que sí se conoce es su gran actividad fundando nuevas comunidades, especialmente en Francia y España.

El 17 de diciembre de 1213 Juan de Mata murió en Roma, en la casa de Santo Tomás in Formis, en cuya fachada había mandado colocar tres años antes un gran mosaico representando la visión de su primera Misa. Unos quinientos años después, por avatares de la historia, sus reliquias viajaron a Madrid y en 1969 se depositaron en la iglesia de los trinitarios en Salamanca, donde aún se encuentran actualmente.

Su fiesta se celebra el 17 de diciembre.


Poco se sabe con certeza de la vida de Félix de Valois, en las crónicas trinitarias apenas hay referencias a él, y siempre están rodeadas de un halo de misterio. No han sido pocos los que, incluso, han dudado de su existencia, sin embargo, los documentos pontificios dirigidos al hermano Félix, Ministro son suficientemente aclaratorios para asegurar su existencia, libre, eso sí, de las leyendas y mitologías que lo han rodeado a lo largo de los siglos.

Cuando Juan de Mata se retira a Cerfroid tras su primera misa en Paris encuentra a un grupo de ermitaños, encabezados por Félix. Es a estos hombres de oración a quienes cuenta su proyecto y de los que recibe el impulso que necesitaba y buscaba para hacerlo realidad. En la tradición de la Orden siempre se ha considerado a Félix como el primer compañero de Juan de Mata para la fundación de la Orden.

Tras la aprobación de la Orden, el papa Inocencio III, en varias bulas confirmatorias, reconoce las casas trinitarias de Cerfroid, Fointeneblau y Bourg la Reine, y en ellas la presencia de los hermanos de la Casa de la Santísima Trinidad, la Domus Trinitatis soñada conjuntamente por Juan y Félix. Más tarde, con la extensión de la Orden Trinitaria, un hermano llamado Félix, Ministro aparece en la casa de Marsella y en la de Cerfroid.

La tradición de la Orden Trinitaria siempre ha considerado a Félix de Valois como el complemento de Juan de Mata. Siendo esta la primera Orden aprobada por la Iglesia de carácter no monástico, fundada en ciudades y en casas, Félix representa la dimensión contemplativa y orante de la misión trinitaria; es obvio que Juan de Mata representa la dimensión activa, redentora, tan característica de la Orden.

Es también tradición que Félix murió en Cerfroid el 4 de noviembre de 1212, un año antes que Juan de Mata muriera en Roma (17 de diciembre de 1213), si bien, como ya hemos dicho con anterioridad, no hay datos precisos que confirmen este dato. Con la pérdida de la Casa de Cerfroid por los trinitarios durante la Revolución francesa, tanto la iglesia como la casa y las tumbas quedaron saqueadas y destruidas. Actualmente hay una comunidad trinitaria en Cerfroid pero de la tumba de Félix no se ha vuelto a saber nada. La parroquia que se atiende desde la Casa lleva su nombre y allí se mantiene la tradición de este hombre sencillo y de fe que colaboró con la fundación de la Orden Trinitaria. El papa Urbano VIII reconoció su culto inmemorial en 1666, junto con el de Juan de Mata, y lo proclamó santo.

Son muchas las tradiciones sobre San Félix, todas ellas reflejadas en textos poéticos antiguos que relatan los orígenes de la Orden, pero con poco valor histórico. Una de ellas tiene que ver con los meses que convivió con Juan de Mata en Cerfroid, mientras le ayudaba a discernir la voluntad de Dios y el lugar más adecuado para ello. Un día, mientras paseaba por el bosque de Cerfroid, pudo ver un gran ciervo que se acercaba a beber a un arroyo cercano, fijándose mejor descubrió que entre sus astas brillaba una cruz en forma griega, con el brazo horizontal en azul y, sobre él, el brazo vertical en rojo. Al comunicarlo a Juan de Mata ambos coincidieron en identificar esta señal como divina y usar esa extraña cruz bicolor como signo distintivo de los religiosos redentores. Esta tradición es la que sostiene la presencia de un ciervo con una cruz entre las astas en la iconografía trinitaria, así como a los pies de San Félix, a veces incluso de San Juan de Mata.

Hay otra tradición sobre San Félix. Mientras Juan de Mata extendía la Orden fundando nuevas casas, Félix quedaba en Cerfroid con los hermanos en oración y acogiendo pobres y cautivos en la Casa. La víspera de la fiesta de la Natividad de María, el 7 de septiembre, mientras la comunidad rezaba los maitines, los hermanos se quedaron dormidos, excepto Félix que mientras se lamentaba de tan grave falta, contempló asombrado cómo descendían del cielo decenas de ángeles que le acompañaron al instante en el canto de los maitines a la Virgen, y la mismísima Virgen María ocupaba su lugar en el sitial de la presidencia para dirigir la oración sálmica a Dios Trinidad. La Orden ha celebrado, hasta la reforma del calendario litúrgico realizada por Pablo VI, esta fiesta el día 7 de septiembre con gran boato. En muchas casas se colocaba una imagen de la Virgen María, llamada del Coro, en el lugar de la presidencia, las monjas trinitarias contemplativas aún conservan esta tradición.

Su fiesta se celebra el 4 de noviembre.

En Almodóvar del Campo, provincia de Ciudad Real, nació el 10 de julio de 1561 Juan García Rico. Desde muy pequeño aprendió de sus padres los valores de la humildad y el trabajo. Una visita inesperada a su casa cambió sus sueños. Cuando tenía trece años su familia tuvo que acoger a una monja carmelita que por entonces andaba fundando conventos para reformar la Orden del Carmelo, se llamaba Teresa de Jesús. Cuando la santa se despedía de la madre de Juan le dijo: "Usted, patrona, tiene aquí un hijo que ha de ser un muy gran santo, patrón de muchas almas y reformador de una cosa grandísima que se verá".
Entonces se puso a buscar lo que Dios quería de él: primero estudiando con los Carmelitas Descalzos de su pueblo, después teología en Baeza y Toledo. Es en Toledo donde conoce a los trinitarios y en 1580 comienza el noviciado, es decir, su preparación para ser religioso trinitario. Estudió después en Toledo y el Alcalá de Henares. Una vez sacerdote se hizo enseguida famoso por su forma de predicar, así que se lo rifaban en los conventos de la Orden para que fuera allí como predicador.

Precisamente es en una de estas predicaciones, en Sevilla, cuando recibe de Dios una inspiración para que se dedique a ser trinitario "de verdad". No es que no lo fuera hasta entonces, pero le parecía a él que vivía demasiado "relajado", con poco espíritu de cambio. Así que se apuntó a ir a Valdepeñas, donde se había abierto una casa trinitaria para los que quisieran vivir con ese espíritu de cambio.

Pronto se dio cuenta que aquello era casi un teatro, en realidad nadie quería cambiar, sólo descansar un poco. Juan, ni corto ni perezoso, se embarcó a Roma y allí pidió al papa que le diera un documento para que la casa de Valdepeñas, y otras que se apuntaran o abrieran nuevas, fuesen de verdad para quienes querían ser trinitarios al estilo auténtico de San Juan de Mata. El papa le dio ese documento el 20 de agosto de 1599.

A partir de ese momento va fundando casas trinitarias "reformadas" y cada vez eran más los jóvenes que se apuntaban al estilo sencillo de aquel manchego, que había cambiado su nombre por Juan Bautista de la Concepción, como símbolo de lo que quería también por dentro. Eligió una cruz roja y azul con los brazos rectos, símbolo de austeridad y sencillez.

Siguen las fundaciones: Alcalá de Henares, Madrid, Salamanca, Córdoba, Toledo, Baeza, Granada, Sevilla, Pamplona. Hasta que se puede formar la primera Provincia de la Reforma, en 1607, se llamará Provincia del Espíritu Santo, y sigue siendo la Provincia más antigua de la Orden Trinitaria, es a la que pertenecen nuestros colegios. Su primer Superior Provincial fue Juan Bautista de la Concepción. El 14 de febrero de 1613 moría en la casa de Córdoba. Había sufrido mucho, pero había amado más. Muchos otros seguirían su camino, hasta el día de hoy. Sus restos se veneran en la iglesia de los trinitarios de Córdoba.

Su fiesta se celebra el 14 de febrero.


Simón de Rojas nace en Valladolid el 28 de octubre de 1552. Tras ingresar en la Orden Trinitaria y realizar sus estudios, fue ordenado sacerdote en Valladolid en 1572, donde había ingresado a los doce años. Una vez ordenado, se trasladó a estudiar a la Universidad de Salamanca, y posteriormente fue profesor de filosofía y teología en Toledo desde el año 1581 hasta el 1587. Fue en dos ocasiones Visitador Apostólico de la Provincia de Castilla y una de la de Andalucía. En 1619 fue nombrado preceptor de los Infantes de España y dos años después fue elegido como confesor de la reina Isabel de Borbón, primera mujer de Felipe IV de España.

El fervor que mostró por la Virgen le fue inculcado por su madre Constanza, que desde niño le instruyó en las oraciones a María, y sus biógrafos mantienen que sus primeras palabras, cuando contaba catorce meses, fueron Ave María; acostumbró a visitar santuarios marianos, y los pintores que le retrataron le adjudican siempre el lema mariano, por lo que fue conocido familiarmente como el Padre Ave María. Mandó imprimir miles de estampas de la Virgen con el lema, y sus influencias en la Corte consiguieron que se labrase en oro en la fachada del Real Alcázar de Madrid. En 1622 escribió una liturgia dedicada a la Virgen, que más tarde el papa Inocencio IX extendió a toda la Iglesia.

San Simón de Rojas es conocido también por su compromiso redentor: visitaba cada martes la cárcel de Madrid, abrió un comedor para los pobres de la ciudad (que aún sigue funcionando en pleno centro de Madrid) y estaba siempre rodeado de niños de la calle. Una anécdota confirmada por varios testimonios en el proceso de canonización, indica cómo la reina Isabel de Borbón se quejó a su marido, el rey, de esas "amistades peligrosas" del Padre Rojas; cuando el rey amonestó al trinitario éste le respondió que para Dios valen igual las almas de los reyes y las de los pobres, pero si él tenía que elegir prefería cuidar las de los pobres. El rey Felipe IV informó a su mujer que no encontraría persona más santa que el Padre Rojas en todo el reino.

Falleció en Madrid el 29 de septiembre de 1624. El 8 de octubre del mismo año el Nuncio apostólico ordenó la apertura del proceso de beatificacion. Sus virtudes fueron reconocidas por el Papa Clemente XII el 25 de marzo de 1735. Fue beatificado por Clemente XIII el 19 de marzo de 1766, y el 3 de julio de 1988, antes de la clausura del Año Mariano, fue finalmente canonizado por el Papa Juan Pablo II. 

Su fiesta se celebra el 28 de septiembre.

Miquel Argemir i Mitjà nació en Vich, Barcelona, el 29 de septiembre de 1591. Sus padres se llaman Enrique y Montserrat, que tuvieron ocho hijos, de los que Miguel era el séptimo. Pertenecía, pues, a una familia numerosa y cristiana, que recitaba diariamente el Rosario, leían los evangelios y los sábados iban juntos al rezo de vísperas en la catedral. Los conocidos decían de Miguel que era un niño bueno. Llamaban la atención su piedad y su espíritu de sacrificio, se cuenta que se acostaba debajo de la cama y que usaba una piedra como almohada. Muy pronto siente inclinación hacia la vida religiosa y por retirarse del mundo, lo que llevó a escaparse de su casa y refugiarse en el Macizo del Montseny para hacer vida como ermitaño. Con apenas once años queda huérfano de sus dos padres y pasó a la tutela de unos tíos que se dedicaban al comercio. Pero Miguel no ponía mucho interés en ese trabajo, lo suyo no era vender y lo despedían de todos los oficios como vendedor. Cuando tiene doce años es admitido como monaguillo en los trinitarios calzados de Barcelona. Comenzó entonces a llamar la atención por su fervor y devoción hacia el sacramento de la Eucaristía.

Al cumplir quince años, en febrero de 1606, se traslada al convento trinitario de San Lamberto, extramuros de Zaragoza, para comenzar su noviciado, siendo su maestro fr Pablo Aznar. Emite su profesión el 30 de septiembre de 1607 y enseguida comienza sus estudios superiores en Zaragoza. Su Maestro de Novicios declaró en el proceso de canonización afirmando que Fr. Miguel era de una humildad profundísima, tenía una especial diligencia para hacer los servicios más modestos y para prestar la ayuda en lo más pequeño. En el mismo año de su profesión pasa por Zaragoza un trinitario descalzo, fr. Manuel de la Cruz, procedente de la nueva fundación de trinitarios descalzos en Pamplona. Fr. Miguel queda prendado del testimonio de santidad y se identifica con ese camino de austeridad y recolección. Siente una voz interior que le llama por el camino de la descalcez trinitaria y le pide ir con él. Es así como el 28 de enero de 1608 comienza su noviciado recibiendo el hábito descalzo en Oteiza, cerca de Pamplona, aunque el noviciado lo realizó en Madrid. Un año después, en Alcalá de Henares, el 30 de enero de 1609 emitía sus votos como trinitario descalzo tomando el nombre de Miguel de los Santos. Es precisamente durante su año de noviciado en Madrid cuando conoce al reformador de la Orden Trinitaria, San Juan Bautista de la Concepción, que en aquel momento era ya Ministro Provincial de la Provincia Trinitaria Descalza del Espíritu Santo.

Fue enviado al convento de La Solana, donde vivió medio año, y al de Sevilla, donde residió más de dos años. En estos años estuvo por poco tiempo en los conventos de Valdepeñas, Córdoba, Granada y Socuéllamos. Después estudió filosofía en Baeza, desde octubre de 1611 hasta mediados de 1614, año en que fue enviado a Salamanca para cursar la teología. De su estancia en la ciudad del Tormes se cuenta que estando el maestro Antolínez predicando sobre el misterio de la Encarnación, fr. Miguel dio un grito y se elevó, como a la altura de un metro, con los brazos en cruz y con su mirada fijamente clavada en un punto misterioso. Así estuvo durante un cuarto de hora. Ante tal fenómeno, el profesor comentó: Cuando un alma está llena del amor de Dios, difícilmente puede esconderlo

Hacia finales de 1616, o a principios del siguiente, regresó a Baeza donde recibió la ordenación sacerdotal y vivió varios años, desempeñando los oficios de confesor, predicador y vicario conventual. Su fama de santo empezó a circular por toda España gracias a las conversiones milagrosas que conseguía. Para preparar sus sermones se pasaba tres días en oración a los pies de un crucificado y otros tres estudiando lo que en el cuaderno había escrito. Celebrando la Eucaristía y predicando con frecuencia se extasiaba, quedaba elevado del suelo, con los brazos en cruz, con la mirada fija en la altura y la cabeza echada hacia atrás. Fue tal la fama que consiguió que pronto le empezaron a llamar el extático, lo que a él mismo le daba poca paz interior y evitaba que le vieran así en público siempre que podía. Dejó reflejadas sus experiencias místicas en un pequeño tratado espiritual que tituló La tranquilidad del alma. El fenómeno místico más famoso, y que él mismo relata, es el intercambio místico de corazones entre Jesús y Miguel, sucedió ante el sagrario cuando estaba de oración una noche de gracia.

A consecuencia de unas fiebras tifoideas, murió el convento trinitario de Valladolid el 10 de abril de 1625, a los 33 años. A pesar de llevar poco tiempo en Valladolid, toda la ciudad se volcó en sus honras fúnebres. Más que un funeral fue una celebración de las maravillas de Dios obradas en fr. Miguel de los Santos. Recibió sepultura en el mismo convento, como era tradición entonces. Con la desamortización la iglesia pasó a ser diocesana y cambió su título a San Nicolás, donde se siguen venerando sus reliquias. El papa Pío VI lo beatificó el 24 de mayo de 1779 y fue canonizado por el papa Pío IX el 8 de junio de 1862.

Su fiesta se celebra el 8 de junio.

Nació probablemente en Grecia hacia el año 1420. Su nombre secular era Tedolinda Trasci, hija de Miguel y de Helena, por parte de madre tenía ascendencia albanesa. Ingresa en el recién fundado Monasterio de Monjas Trinitarias de Constantinopla, donde cambia su nombre por el del Laura de San Pedro. Los datos sobre la fundación de una Domus Trinitatis en Constantinopla son vagas y confusas, unas fuentes citan al emperador Balduino II de Constantinopla como su fundador, a finales del s.XIII, como puesto de avanzada para el rescate de cautivos en Tierra Santa, alrededor de 1441 se edificó un monasterio de monjas trinitarias dedicado a Santa Inés junto a la Casa de los Trinitarios. Laura de San Pedro es elegida priora a la edad de 30 años, se dice de ella que la adornaban excelentes virtudes de gobierno y de piedad.

El 7 de abril de 1453 el sultán Mehmed II Faith puso cerco a la ciudad de Constantinopla, que tomó finalmente el 29 de mayo, con la fuerte oposición de los cristianos bizantinos a la autoproclamación del sultán como emperador romano (en turco antiguo otomano Kayzer-i Rum). La caída de Constantinopla supuso el saqueo y la destrucción de los conventos e iglesias bizantinas, tan sólo se salvó la basílica patriarcal de Santa Sofía que fue convertida en mezquita mayor. Muchos cristianos fueron martirizados por negarse a reconocer al nuevo emperador  apostatando de su fe.

El [monasterio] de Religiosas de Constantinopla, consagrado a Santa Inés, Patrona de la Religión Trinitaria, lo habitaban cinquenta y tres Religiosas, governadas [sic] por una Santa Priora, llamada Laura de S. Pedro. Todas, como verdaderas esposas de JesuChristo, dieron muy gustosas sus vidas, por defensa de la castidad, y de la Catholica Religión, a cuyas torpezas las impelían los ministros de la iniquidad; pero capitaneando la Santa Priora a su amado rebaño, alentándolas con una Imagen de un Crucifixo, que la Santa Prelada tenía en la mano, animándose recíprocamente unas a otras, todas fueron degolladas, o heridas mortalmente con dardos, y otros instrumentos, ofreciéndole gustosas en sacrificio al Dueño de sus almas la vida. (Francisco de la Vega y Toraya, Chrónica de la Provincia de Castilla, Leon y Navarra, del Orden ..., Volumen 2. p.150)


En el último momento del asedio, Laura de San Pedro mandó buscar alguno de los religiosos trinitarios sacerdotes para que dieran el viático a la comunidad de monjas, pero no encontrando ninguno:

Mandó a todas las religiosas baxassen [sic] a la Iglesia para hazerla [sic] teatro de la batalla, esperando a rostro firme a tanta gente enemiga: obedecieron prontas; y viendo no avia [sic] allí Religioso alguno, que les administrara el Santísimo Sacramento, ya para fortificar más con su gracia sus abrasados espíritus en aquella fatal hora; ya por no dexar [sic] la amada prenda de su querido Esposo, expuesta a la irrisión de los Bárbaros, la Santa Priora las quiso comulgar de su mano. Abrió el Sagrario, y haziendo [sic] patente a toas el Sacratísimo Cuerpo de Christo, al dezir [sic] aquellas palabras: Ecce Agnus Dei &c. se manifestó el Señor en forma visible, en trage [sic] de un hermosisimo Cordero, que quita los pecados del mundo; fortificose mucho más en la Fe toda esta gloriosa caterva con esta nueva maravilla, y recibieron aquel Pan del Cielo con grande consuelo de sus almas. Después de este grande caso, rompieron las puertas de la clausura, y Iglesia los enemigos de Christo, y se empezaron a ensangrentar en aquellas corderas, que por defensa de la castidad, y verdades de nuestra Santa Fe, fueron dando gustosas sus vidas; acabase el sacrificio, y se fueron a cenar todas con Christo su Esposo, que las esperaba con un combite [sic] explendido [sic]. (Francisco de la Vega y Toraya, Chrónica de la Provincia de Castilla, Leon y Navarra, del Orden ..., Volumen 2. p.155-156)

Su festividad, que se celebraba el 29 de mayo, fue suprimida del martirologio romano al dudar de la veracidad de la historia, sin embargo desde el s.XVI su culto se extendió por toda Europa, especialmente a través de pinturas y libros de cronistas de la Orden.

A pesar de que se duda de la veracidad de los hechos, parece ser que propiciados por el ambiente antisemita previo al decreto de expulsión de los judíos, la historia y veneración de San Cristobalito, conocido también como Santo Niño de La Guardia, ha formado parte de la tradición trinitaria.

Según la tradición, el niño Cristóbal sufrió el martirio el 31 de marzo de 1491, viernes santo,  en una cueva cercana al pueblo toledano de La Guardia. Había sido secuestrado en Toledo por un grupo de judíos que pretendían vengar la persecución a la que veían sometidos los conversos. Todos los datos sobre el martirio sufrido por el niño están en el proceso que la Inquisición realizó sobre los judios conversos de La Guardía Alonso Franco, Lope Franco, García Franco, Juan Franco, Juan de Ocaña, Benito García, y los judíos Yucef Franco y Mose Abenamías, los primeros condenados por herejía, apostasía y crímenes contra la fe católica y los segundos condenados por la autoridad civil. Todos ellos murieron quemados en la hoguera en Ávila el 16 de noviembre de 1491.

El niño había sido secuestrado en Toledo, llevaba un hábito trinitario porque sus padres habían hecho por él un voto a la Santísima Trinidad, y además eran amigos de los trinitarios de Toledo. Según los procesos de la Inquisición hicieron sufrir al niño los mismos tormentos de Jesús en la pasión, incluída la crucifixión. 

En el lugar del martirio se construyó una ermita, de la que fueron capellanes y guardianes los trinitarios hasta la desamortización del s. XIX. Entre los guardianes encontramos a dos insignes santos trinitarios: San Simón de Rojas y San Juan Bautista de la Concepción.

Su fiesta se celebra el 25 de septiembre.

Marcos Criado nace en Andújar, provincia de Jaén, el 25 de abril de 1522, del matrimonio formado por Juan Criado Notario, natural de Higuera de Arjona, y María (o Marina) Guelamo Pasillas, natural de Andújar. Era el menor de los hijos, y este dato, unido al hecho de nacer en una familia acomodada, hicieron que la infancia de Marcos estuviera llena de caprichos y gustos. Desde muy pequeño comienza a frecuentar el convento de los trinitarios calzados de Andújar, ejerciendo de monaguillo. Con nueve años muere su madre, y quedan en la casa su padre y él solos, ya que sus hermanos estaban todos casados. Padre e hijo hacen desde entonces una vida casi de religiosos. El joven Marcos pide permiso a su padre para visitar la ermita de la Virgen de la Cabeza, en la sierra de Andújar. El corto tiempo que estuvo en aquel cerro los ermitaños que allí vivían quedaron asombrados de su vida de sacrificio y de oración ante la Virgen. A ella se entrega y la toma por madre, prometiéndole entregarse por siempre al servicio de Dios, siguiendo a Cristo llevando su cruz. Cuando regresa a Andújar y cuenta a su padre todo lo sucedido, éste decide entregarse también a Dios como religioso y reparte sus bienes entre sus hijos. Marcos, con lo que le corresponde decide hacer tres partes: una para el convento de la Trinidad de Andújar, otra para la redención de cautivos y una tercera para hacer caridad con los pobres.

Liquidadas sus cuentas personales pide ser admitido como religioso trinitario. Su padre había ingresado al mismo tiempo en el convento franciscano de la Arruzafa en Córdoba. Marcos comienza su noviciado en 1536, siendo su maestro fr. Fernando Ramírez. Desde el primer momento hizo gala de su espíritu de servicio, solía decir que había nacido criado y como tal debía obrar durante toda su vida, ofreciéndose siempre para los trabajos más humildes. El año 1537 realizó su profesión y comenzó en el mismo convento de Andújar los estudios de Filosofía y Teología. Pero fr. Marcos no estaba contento, pensaba que esos dones podían ser motivo de orgullo y por eso pedía que Dios le enviara humillaciones. Entre otras, él mismo no quiso presentarse a los exámenes que le conferirían el grado de bachiller. Tuvo que intervenir el Ministro Provincial para que, bajo voto de obediencia, se presentara a dichos exámenes. Cuentan que así lo hizo pero respondió tan mal que fue descalificado. No había faltado contra la obediencia, ni contra la humildad que prometiera ante la Virgen de la Cabeza.

Nada más recibir la ordenación sacerdotal fue nombrado Predicador Mayor del convento de Andújar. Muchos ya veían en él otro Manuel Guerra y Ribera, o un segundo Paravicino. Su fama de orador y de maestro de almas se extendió por toda Andalucía, hasta el punto de que tenía cada vez menos tiempo para él mismo. Pidió entonces traslado a otro convento, siendo destinado con el cargo de Predicador Mayor al convento trinitario de Jaén. Pero su fama había llegado hasta Jaén y nada más llegar tenía ya largas colas en el confesionario y en la puerta del convento. Nuevamente pidió ser trasladado, esta vez a un lugar más tranquilo, y el Provincial lo trasladó al convento de Úbeda. En él tuvo oportunidad de dar nuevas muestras de su humildad, tomando para sí el oficio de sacristán y todas las limosnas que recibía por las predicaciones y donativos particulares las empleó en renovar los ornamentos y vestiduras litúrgicas de la iglesia del convento. En el Protocolo de la Casa de Úbeda se conserva una escritura otorgada en aquellos días, firmada por todos los religiosos de la Casa, con la firma de fr. Marcos Criado, sacristán, y no Predicador Mayor que era título de mayor categoría.

A causa de la revuelta de los moriscos, y bajo petición del papa Pío IV, los obispos de Guadix y de Almería, solicitaron en 1560 a las Órdenes Religiosas el envío de misioneros a las Alpujarras para contrarrestar el alcance de la insurrección y ayudar a las pequeñas poblaciones de cristianos que se veían amenazados por la revuelta. El Ministro de la Casa de la Santísima Trinidad de Almería tramitó esta petición al Ministro Provincial, que visitaba en esos días el convento de Úbeda, y así lo comunicó a los hermanos. De los cinco religiosos que pedían los obispos, sólo respondieron dos, fr. Marcos Criado y fr. Pedro de San Martín, ambos del convento de Úbeda. Camino de Almería ambos religiosos pararon a visitar al obispo de Guadix, D. Melchor Álvarez de Vozmediano. Los contratiempos comenzaron pronto, nada más llegar a Almería, antes de comenzar la misión propiamente dicha, fallecía inesperadamente fr. Pedro de San Martín. Fr. Marcos quedaba solo, pero eso no impidió que ganara en ánimo y renaciera su antiguo espíritu de entrega, partiendo hacia el pueblo de La Peza, cercano a Guadix.

Pronto conocieron en aquel pueblo las artes oratorias de Fr. Marcos, aunque también lo conocieron pronto los que se iban a convertir en sus perseguidores. Marcos Criado pidió permiso al obispo de Guadix para adentrarse en las Alpujarras granadinas y ayudar a los cristianos que aquellas aldeas habían quedado aislados. El obispo le dio cartas de recomendación y presentación para los párrocos y autoridades de aquellos pueblos, que acogían con gran alegría la llegada del fraile trinitario. Las orillas del río Almanzoro, los pueblos de Vera, ,Cádiar, Poqueiza, Juviles, Trevelez, Laroles, Ugijar, entre otros, fueron testigos del paso de Marcos Criado, oyeron sus predicaciones, sintieron su apoyo en tan duros momentos para su fe, incluso fueron testigos de no pocas palizas que recibió de grupos de moriscos que esperaban su paso por los caminos abruptos de las Alpujarras.

Vuelto a La Peza la situación se había hecho insostenible. Los rebeldes moriscos prácticamente habían tomado el pueblo. Las palizas, empujones, injurias, incluso puñaladas y pedradas, eran continuos, alguna vez le dieron por muerto. Marcos Criado se mantuvo siempre dispuesto a dar su vida por Cristo, y por aquellos cristianos por los que había dejado todo. Estaban llegando las humillaciones que con tanto tesón pidió desde joven a Dios.

La última paliza le sobrevino el 21 de septiembre de 1569. Un grupo de moriscos lo encerró primero en la iglesia del pueblo, junto a un gran número de fieles que le defendían a ultranza, entre los que se encontraba el párroco de La Peza, que al salir en defensa del trinitario fue apuñalado y murió allí mismo. A fr. Marcos lo llevaron arrastras hasta las afueras del pueblo, lo ataron a un árbol y a base de golpes pretendían que renunciara a su fe. Marcos respondía: ¿Renegar de Cristo?, jamás. Lo colgaron del árbol de modo que los pies no tocaban el suelo. Pasó toda la noche en esta posición. por la mañana, viendo que seguía vivo y estaba cantando salmos, lo apedrearon hasta dejarlo inconsciente. Pasó todo el día así. El 25 de septiembre, viendo que no moría, un morisco le abrió el pecho y la extrajo el corazón.

Según cuenta la tradición, de su corazón salió un resplandor y en él se veía escrito el anagrama del nombre de Jesús (IHS). Ante este prodigio los moriscos retrocedieron. Era el año 1569, fr. Marcos Criado tenía 47 años de edad y 33 de profesión religiosa, pronto se hicieron eco de su martirio los mejores predicadores de la época, se escribieron relatos que alentaran a otros en sus virtudes y se extendió su fama de santidad. El papa León XIII lo beatificó el 24 de julio de 1899.

Su fiesta se celebra en la Orden el 24 de septiembre.

Anna-Maria Gesualda Antonia Gianetti nació en Siena, 23 de marzo de 1769 hija de Luigi Giannetti y Maria Masi fueron que tenían una botica en Siena, pero perdieron toda su fortuna y se vieron obligados a ir a Roma para buscar una vida mejor. Quedó huérfana a muy temprana edad, pues sus padres fueron detenidos y asesinados por las tropas napoleónicas. Contrajo matrimonio el 7 de enero de 1789 con Domenico Taigi, un oficial del ejército italiano. Domenico era un hombre trabajador y serio, pero rudo y colérico, y Ana Maria tuvo que hacer una gran prueba de paciencia para soportar su carácter agrio y difícil.

En 1792, con cuatro hijos, enviuda; tiempo atrás, 3 de sus hijos habían muerto a corta edad. Ese mismo año fue recibida públicamente en la Tercera Orden Trinitaria en la Iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane de Roma.

Era una mujer muy piadosa y seguidora del Evangelio. Su marido diría de ella: Habla de Dios sin ser fastidiosa como lo son muchos devotos. Su casa era un lugar donde recibía a los pobres al mismo tiempo que se ocupaba activamente de sus hijos y de su esposo.

Todo el dinero que podía ahorrar lo dedicó a los pobres y miserables y, aunque no era muy rica, era muy caritativa. Durante muchos años, cuando oraba en su capilla, tuvo frecuentes visiones y éxtasis, en la que preveía el futuro. Se dice que predijo la caída y muerte de Napoleón Bonaparte. También se afirma que un día se le aparecieron la Virgen María y el Niño Jesús sentados dentro del sol, y que fue la segunda mujer del siglo XIX en ser estigmatizada.

Murió en Roma el 26 de novuembre de 1837 a la edad de 68 años, y fue beatificada en 1920. Sus restos se veneran en la basílica romana de San Crisógono, de los trinitarios italianos.

Su fiesta se celebra el 9 de junio.

Nació en Roma el 21 de noviembre de 1774, hija de Tommaso y Teresa Primoli, en el seno de una familia de posición acomodada, profundamente cristiana y diligente en la educación de sus hijos. Estudió con las Hermanas Agustinas de Cascia (1785-88), donde destacó por su inteligencia, una profunda vida interior y su espíritu de penitencia. De regreso a Roma, tuvo una vida tranquila hasta que en 1796 -cuando tenía 21 años- se casó con el joven abogado romano Cristóforo Mora.

Para ella, el matrimonio fue una decisión reflexionada, madura, pero después de algunos meses, la fragilidad psicológica de Cristóforo comprometió la serenidad de la familia. Convirtió a una mujer de mal vivir en su amante y a medida que pasaba el tiempo, humilló y abusó de su esposa en distintas formas, no ejerció más la abogacía, y gastó tanto dinero en sus aventuras que terminó llevando a su esposa e hijas a la extrema pobreza y una creciente deuda.

A la violencia física y psicológica de su esposo, Isabel respondió siempre con absoluta fidelidad. Nunca puso excusas, conveniencias o intereses para justificar un abandono de su hogar, para ella sólo primaba el código de fidelidad de amor y rendición total.

Isabel Canori trató a su marido con paciencia gentil, ofreciendo penitencias y oraciones por su conversión. Nunca pensó en separarse de él, a pesar de los consejos de familiares y amigos. En vez de esto, siempre amó, apoyó y perdonó a su esposo esperando su conversión. En 1801 sufrió una misteriosa enfermedad que la puso al borde de la muerte. Se curó de forma inexplicable y tuvo su primera experiencia mística.

El Señor le hizo alcanzar la madurez para recibir las visiones y las ilustraciones sobre el destino de la Iglesia. Recibió en forma clara los estigmas de la pasión de Cristo, y en sus visiones vio las tremendas batallas que tendrá que sostener la Iglesia en los últimos tiempos bajo el poder de las tinieblas.

Tuvo cuatro hijos, pero los dos primeros murieron a los días de nacer. Con el abandono de su esposo, fue forzada a vivir trabajando con sus propias manos para seguir al cuidado de sus hijas Marianna y Luciana. Dedicó mucho tiempo a la oración, los pobres y los enfermos.

Su hogar pronto se convirtió en un punto de referencia para mucha gente en busca de ayuda material y espiritual. Se dedicó especialmente a cuidar de las familias en necesidad. Para ella, la familia implicaba dar un espacio a cada persona, un lugar que dé frutos de vida, fe, solidaridad y responsabilidad.

La familia, para ella, era el templo en el que recibía al "al amado Señor, Jesús de Nazaret" y a todos los que se dirigían a ella. A través de la auto negación, Elizabeth ofrecía su vida por la paz y la santidad de la Iglesia, la conversión de su esposo y la salvación de los pecadores.

En 1807 Isabel se unió a la Orden Tercera Trinitaria de la iglesia de los trinitarios españoles de San Carlo alle Quattro Fontane en Roma.

En 5 de febrero de 1825, mientras era asistida por sus dos hijas, Isabella falleció. Fue enterrada en Roma en la iglesia trinitaria de San Carlo alle Quattro Fontane. Poco después de su muerte, como ella misma predijo, su esposo se convirtió uniéndose a la Orden Tercera Trinitaria y después se ordenó sacerdote de los franciscanos conventuales.

Fue beatificada por Juan Pablo II en 1994 en las celebraciones del Año Mundial de las Familias.

Su fiesta se celebra el 4 de febrero.

Domingo Iturrate Zubero nació en Dima, Vizcaya, el 26 de mayo de 1901. Ingresó en la Orden Trinitaria en 1916, tomando el nombre religioso de Domingo del Santísmo Sacramento, y fue ordenado sacerdote en 1918, tras realizar sus estudios en Roma.

Domingo Iturrate no sólo se destacó por su amor a Cristo, la Virgen María, y la Eucaristía, también por su piedad y por su erudición teológica, como también por su amor a los enfermos abandonados.

Murió de tuberculosis en Belmonte, Cuenca, el 7 de abril de 1927, y fue beatificado por Juan Pablo II en 1983. Sus restos se veneran en la iglesia trinitaria de Algorta-Redentor.

Su fiesta se celebra el 11 de mayo.

Entre los mártires de la persecución religiosa vivida en España entre 1931-1939, se encuentran los beatos Mariano de San José y compañeros: nueve religiosos y una monja de clausura de la Orden de la Santísima Trinidad. A ellos hay que añadir un laico, el beato Álvaro Santos Cejudo, bienhechor de la Orden. Son once espléndidas figuras, testigos de Cristo muy próximos a nosotros, que dieron su vida por ser fieles a su fe cristiana. Para evitar repeticiones, decir que los dos primeros frailes pertenecieron a la comunidad trinitaria del Santuario de la Virgen de la Fuensanta, en Villanueva del Arzobispo (Jaén); los tres siguientes, a la del Santuario de la Virgen de la Cabeza, en Andújar (Jaén); los cuatro últimos, a la de Belmonte (Cuenca).

Beato Mariano de San José (Santiago Altolaguirre Altolaguirre). El más anciano del grupo nació en Yurre (Vizcaya) en 1857. Perteneció a la primera generación de la restauración de la Orden en España. La mayor parte de su vida religiosa la pasó en el Santuario de la Fuensanta, en Villanueva del Arzobispo, donde sufrió un martirio atroz el 26 de julio de 1936. Fue un hombre sencillo y bondadoso, dotado del don de consejo, celoso sacerdote y perfecto religioso, muy devoto de la Virgen.

José de Jesús María (José Vicente Ormaechea y Apoitia). Nació en Navárniz (Vizcaya) en 1880. Su vida religiosa transcurrió en España y Cuba. Superior de la comunidad trinitaria de Villanueva, padeció lo indecible durante el mes largo de su prisión. Fue martirizado en el mismo pueblo el 4 de septiembre de 1936. Sus restos, junto con los del Padre Mariano, reposan en el Santuario de la Fuensanta.

Beato Prudencio de la Cruz (Prudencio Gueréquiz Guezuraga). Nació en Rigoitia (Vizcaya) en 1883. Fue un religioso dedicado a la oración y al ministerio sacerdotal, de carácter silencioso y prudente, admirado por sus virtudes. Cuando la comunidad trinitaria del Santuario de la Cabeza fue detenida y obligada a abandonar su convento, él fue el único que se negó a despojarse del hábito: “si nos matan por ser religiosos, estoy muy conforme de morir como tal”. Fue martirizado en Andujar el 31 de julio de 1936.

Beato Segundo de Santa Teresa (Segundo García Cabezas). Nació en Los Barrios de Nistoso (León) en 1891. Su vida religiosa transcurrió en España, Italia y Argentina. Fue una persona de vasta cultura, un fraile simpático, buen escritor, de gran imaginación. Fue martirizado en Andujar el 31 de julio de 1936. Momentos antes de morir, ofreció un cigarrillo a cada uno de los escopeteros, como un gesto de perdón y simpatía.

Beato Juan de Jesús María (Juan de Otazua y Madariaga). Nació en Rigoitia (Vizcaya) en 1895. Fue un extraordinario músico, buen cantor, de carácter tímido, recordado por su bondad. Del P. Juan llama la atención su larga espera del martirio, habiendo permanecido varios meses preso en Andujar y Jaén. Fue martirizado el 3 de abril de 1937 en Mancha Real (Jaén). Sus compañeros de prisión quedaron impresionados al oír cantar al P. Juan cuando lo llevaban al lugar de su muerte.

Beato Luis de San Miguel de los Santos (Luis Erdoiza Zamalloa). Nació en 1891 en Amorebieta (Vizcaya). Fue conventual de diversas comunidades trinitarias, en España, Italia y Austria. Dotado de gran inteligencia, políglota experto, el P. Luis pasó muchos años enfermo, entre grandes dolores que le hicieron sufrir mucho, edificando con su paciencia a cuantos le conocían. Fue martirizado en Cuenca el 24 de septiembre de 1936.

Beato Melchor del Espíritu Santo (Melchor Rodríguez Villastrigo). Nació en Laguna de Negrillos (León) en 1899. Buena parte de su vida la dedicó a la enseñanza en Alcázar de San Juan, donde dejó una profunda huella por sus dotes pedagógicas y su entrega generosa a los jóvenes. Nombrado superior de la comunidad de Belmonte en 1936, llevaba poco tiempo en esta villa cuando se produjo la detención de la comunidad trinitaria. Fue martirizado en Cuenca el 24 de septiembre de 1936.

Beato Santiago de Jesús (Santiago Arriaga y Arríen). Nació en Líbano de Arrieta (Vizcaya) en 1903. Joven simpático y extrovertido, dotado de una extraordinaria voz de tenor, fue nombrado maestro de los estudiantes trinitarios de Belmonte, para los que fue un auténtico padre. Habiéndose desatado la persecución religiosa, no descansó hasta poner a salvo a sus estudiantes. Habiendo sido descubierto mientras acompañaba a dos de ellos, fue detenido y llevado a prisión. Sufrió el martirio en Cuenca el 24 de septiembre de 1936.

Beato Juan de la Virgen del Castellar (Juan Joya Corralero). Nació en Villarrubia de Santiago (Toledo) en 1898. Es el primer hermano cooperador de la Orden que sube a los altares. Suplió la carencia de instrucción con sus dotes pedagógicas y con su imaginación para encantar a los niños en la organización de catequesis y fiestas religiosas. El más internacional de nuestros mártires (vivió en España, Italia, Argentina y Chile) sufrió el martirio en Cuenca el 24 de septiembre de 1936.

Beata Francisca de la Encarnación (María Francisca Espejo Martos). Nació en Martos (Jaén) en 1873. Huérfana de madre, entró muy pequeña en el convento de monjas trinitarias de su ciudad natal, donde pasó toda su vida como una humilde, trabajadora y fervorosa religiosa de clausura, prácticamente desconocida para la mayoría de sus conciudadanos. Sufrió el martirio en Casillas de Martos (Jaén) el 13 de enero de 1937. Es la primera religiosa trinitaria que sube a los altares en la historia de nuestra familia religiosa.

Su fiesta se celebra el 13 de enero.

Beato Alvaro-Santos Cejudo Moreno. Nació en Daimiel (Ciudad Real) en 1880. Padre de familia, maquinista de la Renfe, fue un hombre profundamente cristiano, trabajador honrado, miembro de la Adoración Nocturna. Por su fama de persona católica y por tener dos hijas monjas trinitarias, fue detenido y encarcelado en Santa Cruz de Mudela. El 17 de septiembre de 1936 fue trasladado a la iglesia de los trinitarios de Alcázar de San Juan, convertida en prisión, y esa misma noche fue fusilado en el cementerio de la misma ciudad. Sus reliquias se veneran en la iglesia trinitaria de Alcázar de San Juan. 

La fiesta de memoria de todos estos mártires se celebra el 6 de noviembre.

El segundo grupo de mártires trinitario beatificado es el formado por la comunidad de Alcázar de San Juan. Los seis religiosos que formaban la comunidad fueron martirizados el 27 de agosto de 1936 y sepultados en el cementerio de la localidad, pero sus restos fueron trasladados a la iglesia del convento en el año 1962. En un principio estuvieron sepultados junto al altar mayor, pero desde la beatificación la comunidad ha reformado una capilla de la iglesia en la que también se han colocado los restos del beato Santos Álvaro Cejudo.

Beato Hermenegildo de la Asunción (Iza Aregita). Nació en Mendata Albiz, Vizcaya, el 13 de abril del año 1879. En 1895 emitió sus primeros votos en Algorta y los votos solemnes en Villanueva del Arzobispo el 6 de enero de 1899. En 1902 se ordenó de presbítero en Sevilla de manos del Beato Marcelo Spinola. Fue Ministro de varias casas trinitarias hasta que en mayo de 1936 lo fue también de Alcázar de San Juan. Era un religioso bondadoso, pacífico y prudente. Se dedicaba con afán al confesionario, teniendo fama de ser un gran director espiritual y un gran catequista. Cuando llegó a Alcázar de San Juan, al ser felicitado por su nombramiento, respondió: “No he venido para ser el superior, sino para ser sacrificado”.

Beato Buenaventura de Santa Catalina (Gabika-Etxebarría Gerrikabeitia): Nació en Ajánguiz, Vizcaya, el 14 de julio de 1887. Realizó el noviciado en Algorta donde profesó en 1903. Los votos solemnes los emitió en La Rambla el 28 de septiembre de 1906. Fue ordenado de sacerdote en Málaga el día 17 de diciembre de 1909. La mayor parte de su vida religiosa la pasó en Alcázar de San Juan, donde se dedicó a la educación de los niños más jóvenes, por quienes fue muy querido, ya que era un hombre bueno y simpático. Le gustaba la música y el canto, tenía muy buena voz de barítono que no solo la utilizaba en los cantos en la iglesia sino enseñando a los niños las tablas de multiplicar cantando. A su lado, ningún niño estaba triste, si tenía que regañar lo hacía de forma muy suave y si alguno no tenía dinero para pagarse el colegio, lo atendía gratuitamente. Era tan grande el cariño que le tenían en el pueblo que cuando se veía venir la persecución contra los religiosos él comentaba: “A nosotros no nos va a pasar nada malo, ya que hemos dado clases a la mayoría de los niños de Alcázar de San Juan y les hemos proporcionado trabajo a centenares de obreros del campo. Nosotros queremos mucho al pueblo y sé que los alcazareños también nos quieren a los trinitarios”.

Beato Francisco de San Lorenzo (Euba Gorroño): Nació en Amorebieta, Vizcaya, el 25 de julio de 1889. Hizo el noviciado en Algorta donde profesó en 1905. Emitió los votos solemnes en Villanueva del Arzobispo el 12 de noviembre del año 1908. Fue ordenado sacerdote en Jaén el 23 de diciembre del año 1911. Pasó toda su vida sacerdotal en Alcázar de San Juan, llegando a ser elegido vicario de la comunidad en el año 1932. Siempre se dedicó a la enseñanza, la ayuda a los más necesitados buscándoles trabajo en el campo y en RENFE, y al ministerio sagrado del culto divino y la confesión. De él se comentaba que contagiaba alegría. Dado su carácter abierto y simpático, en los últimos años de su vida fue blanco de habladurías, pues según algunos era excesivamente extrovertido. Tenía una magnífica voz de tenor, lo que le sirvió no solo para cantar en las celebraciones litúrgicas, sino para organizar y dirigir diversos coros que cantaban no solo en las celebraciones religiosas, sino también en las fiestas populares. Algunos decían que “iban a la iglesia sólo por oír la voz del padre Francisco”. Fue director de la “Adoración Nocturna” fundada en el convento de Alcázar en el año 1913 y capellán de las “Hijas de María”; también fue capellán del Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Siempre estaba dispuesto a atender a todos y era frecuente que visitase a los enfermos en sus domicilios. Asimismo, como buen vasco, jugaba muy bien al frontón.

Beato Plácido de Jesús (Camino Fernández): Nació en Laguna de Negrillos, León, el 6 de mayo de 1890. Entró en el noviciado de Alcázar de San Juan donde profesó en 1906 y emitió la profesión solemne en Córdoba el 7 de noviembre de 1909. Estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, llegando a doctorarse en filosofía y fue ordenado de sacerdote en la Basílica Lateranense el día 8 de abril de 1916. Era un hombre muy inteligente. De él se ha llegado a decir que “ha sido el religioso trinitario más inteligente del siglo XX”. Volvió a España en el año 1917 siendo profesor de filosofía en Virgen Bien Aparecida y posteriormente, en Córdoba impartió teología, hasta que en 1925 fue nombrado director del colegio de Alcázar de San Juan, cargo que ocupó hasta el año 1935. Existen muchos datos y anécdotas sobre él pues fue el trinitario que más contacto tuvo con los alcazareños, al ser el director del colegio durante diez años. También fue capellán del Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

Beato Antonio de Jesús y María (Salútregui Uribarren): Nació en la localidad vizcaína de Guernica-Luno el 5 de febrero de 1902. Realizó el noviciado en el Santuario de la Bien Aparecida donde profesó en 1918, junto a los ahora beatos Domingo del Santísimo Sacramento y Melchor del Espíritu Santo. Emitió la Profesión Solemne el 3 de mayo de 1923 y fue ordenado de sacerdote por el beato mártir Manuel Basulto Jiménez, el día 29 de mayo del 1926. A pesar de su juventud era de naturaleza enfermiza, pero de un carácter muy dulce. Era un buen organista, compuso el himno a Jesús Nazareno Rescatado de Alcázar de San Juan. Semanas antes de ser detenido, se presentaron en Alcázar unos familiares vascos que se lo quisieron llevar, aunque él se negó a abandonar a sus hermanos de religión.

Beato Esteban de San José (Barrenechea Arriaga): Nació en la localidad vizcaína de Elorrio el 26 de diciembre de 1880. Ingresó en Algorta como lego y profesó en 1906. Emitió la Profesión Solemne en el Santuario de la Bien Aparecida el 25 de noviembre de 1909. Era muy humilde y trabajador y siempre desempeñó el oficio de cocinero. Hablaba muy poco porque no conocía bien el castellano y se desenvolvía mucho mejor en euskera. Acostumbraba a decir que “aunque sus manos estaban ocupadas en los cacharros de la cocina, su corazón estaba ocupado en Dios”. Tenía fama de servicial, no solo con los religiosos, sino también con los alumnos del colegio y con sus padres. Todos los días hacía comida de más para repartirla entre los pobres a las puertas del convento, siendo muy respetuoso con ellos cuando les repartía la comida e incluso cuando iba al mercado del pueblo a hacer la compra. A Fray Esteban le ofrecieron en más de una ocasión la libertad, si trabajaba como cocinero para los milicianos, para lo cual se tenía que inscribir en un centro marxista. Él siempre se negó aun a sabiendas del riesgo que corría.

Detención y martirio de la Comunidad Trinitaria de Alcázar de San Juan
Los días 19 y 20 de julio de 1936 fueron días de desconciertos y falsas informaciones en Alcázar de San Juan. El 19 los frailes fueron insultados en la calle cuando volvían de un entierro; el padre Plácido fue a preguntar a la guardia civil para informarse de cuál era la situación real. El 21 tanto los franciscanos como los trinitarios fueron hechos prisioneros.

Aquella mañana, como hacían diariamente, los trinitarios se habían reunido en el coro de la iglesia a fin de celebrar el oficio divino y posteriormente cada uno la Eucaristía. El padre Plácido salió a celebrar misa en el Asilo de Ancianos y, al pasar por delante del convento de San Francisco, vio cómo detenían a los franciscanos. Aunque le dijeron: “A ése ya lo cogeremos después”, él continuó su camino y celebró la Misa. Sobre las siete de la mañana, varios hombres y mujeres rodearon el convento gritando contra los frailes e incluso entraron en el corral de una casa colindante a fin de evitar que los religiosos pudiesen huir por allí. El padre Antonio de Jesús y María estaba celebrando Misa y ya había consagrado el pan y el vino cuando los milicianos entraron en la iglesia y lo intimidaron para que terminase, él siguió celebrando la Misa, consumiendo todas las Sagradas Especies a fin de que no fuesen profanadas. A los fieles que estaban en la iglesia, los cachearon antes de dejarlos salir.

A las ocho de la mañana se presentó el juez municipal y les dio quince minutos para que se quitaran los hábitos y se vistieran de paisano. Ellos obedecieron y se fueron al claustro del convento esperando que el padre Antonio acabase de celebrar la Misa. El padre Plácido, al acabar la Misa en el Asilo, se fue andando al convento para reunirse con sus compañeros. Una vecina, que sabía que estaban deteniendo a los trinitarios, le salió al encuentro para avisarlo, pero él le contestó: “Muchas gracias por el aviso, pero lo que sea de mis hermanos, que sea de mí”. Lo detuvieron por el camino y lo llevaron con el resto de los frailes. En la plazoleta del convento se habían concentrado muchos milicianos y curiosos y en dos viajes en un Ford incautado, los llevaron al Ayuntamiento. Durante el trayecto fueron insultados por milicianos que corrían detrás del coche. Los testigos presentes que posteriormente declararon en el proceso, dijeron que los religiosos siempre se mostraron serenos, tranquilos. En el Ayuntamiento ya estaban los frailes de la comunidad franciscana y un novicio dominico que había sido apresado en la estación del ferrocarril.

En la plaza del Ayuntamiento se escuchaban gritos pidiendo la muerte de los catorce frailes allí retenidos. Les preguntaron por el dinero y las armas que tenían escondidas en los conventos, a lo que ellos respondieron que no tenían ni dinero ni armas. El alcalde se acercó al padre Plácido, que había sido su profesor y se ofreció a salvarlo a lo que él se negó si no se les daba el mismo trato al resto de sus compañeros detenidos. Posteriormente fueron detenidas las Monjas Concepcionistas de la localidad, aunque más tarde las enviaron al Asilo, donde fueron acogidas por las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. A los catorce religiosos los sacaron escoltados del Ayuntamiento, de dos en dos y atados con cuerdas y los llevaron a un lugar llamado “el Refugio”, situado junto al torreón de Santa María, en la calle Gracia. Allí estuvieron encerrados varios días comiendo lo poco que les llevaban algunos vecinos a riesgos de sus propias vidas.

Todos los días eran visitados por un agente de la policía secreta, quien años más tarde confesaría que le llamó mucho la atención el silencio que imperaba entre los religiosos, cosa que se interpreta como que estaban realizando los ejercicios espirituales de San Ignacio, como preparación al martirio. Sin embargo, no podían rezar en común, aunque sí los dejaban hablar entre ellos, lo que aprovecharon para confesarse mutuamente. En aquel lugar cogió una infección bronquial el hermano Esteban y para que se curara lo enviaron al Asilo de Ancianos.

La tarde del día 26 trasladaron a los presos civiles a otra cárcel situada en la calle de Santo Domingo y dejaron en “el Refugio” sólo a los religiosos. Aquella tarde-noche la pasaron atemorizados y aunque les llevaron la cena desde una fonda, ninguno de ellos cenó. Hacia la medianoche, se presentaron varios milicianos y les dijeron que se levantaran y prepararan para ser trasladados a otra cárcel. Irían en dos grupos aunque mezclados los franciscanos y los trinitarios. Al poco rato de salir el primer grupo, se oyeron unos tiros y un cuarto de hora más tarde, volvieron por el segundo grupo. Al llegar al lugar donde iban a asesinarlos asesinaron al segundo grupo de religiosos. Muchos vecinos oyeron las descargas de los fusiles y los gritos de alguno de los mártires diciendo “Viva Cristo Rey”.

La mañana del día 27 de agosto, casi de madrugada, varias personas se acercaron a ver los cadáveres, que más tarde llevaron al cementerio municipal. Allí fueron expuestos al público, se les practicaron las autopsias que certificaron que los religiosos habían muerto por disparos realizados a corta distancia, directamente a la cabeza y al pecho. Fueron sepultados en una fosa común dentro del mismo cementerio municipal. El 16 de septiembre de 1939, fueron exhumados, identificados y colocados en la cripta del cementerio municipal. En 1962 fueron trasladados a un muro de la iglesia trinitaria.

Cuando fr. Estéban se recuperó de su enfermedad, el 31 de agosto, se presentaron en el Asilo un grupo de milicianos que se lo llevaron en un coche a la cárcel del pueblo donde lo maltrataron. El 12 de septiembre lo sacaron de la cárcel y a las dos de la madrugada lo fusilaron a las afueras del pueblo.

Se celebra su memoria el 6 de noviembre.

Rodrigo de Tomás y Sánchez nace en Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, el 21 de enero de 1587, del matrimonio formado por Juan de Tomás Bustos y María Sánchez Mejías. Era sobrino-nieto del arzobispo de Valencia Santo Tomás de Villanueva. Si bien su familia era de las más ricas de Villanueva de los Infantes, el ardor por ayudar a los más pobres tanto de su padre como de su tío-abuelo hicieron que la fortuna familiar fuera menguando progresivamente, llegando incluso a padecer cierta pobreza cuando repartieron todos sus bienes con los más pobres. Rodrigo vivió en este ambiente y así fue decisivo el paso del Reformador San  Juan Bautista de la Concepción por su pueblo. Desplazado desde Valdepeñas para visitar la incipiente comunidad trinitaria de Villanueva de los Infantes se encontró con Juan de Tomás y su hijo Rodrigo, Juan de Tomás dijo al Reformador trinitario: Yo soy Juan de Tomás y este joven es mi hijo, que quiere entrar a formar parte de su comunidad reformada. Tiene 19 años y siempre ha observado una conducta ejemplar. Aprendió a leer y a escribir ya hace tiempo, pero él prefiere dedicarse más a la oración que a las letras. Juan Bautista de la Concepción preguntó al joven Rodrigo: ¿Quieres vestir nuestro pobre hábito?, a lo que Rodrigo respondió: Sí, padre, creo que esa es la voluntad de Dios. Sé que encontraré dificultades y que la penitencia es dura, pero estoy seguro de que Dios me dará fuerza para superar todas las dificultades.

Juan Bautista de la Concepción presentó al joven Rodrigo a la recién nacida comunidad reformada trinitaria de Villanueva de los Infantes, que aprobó pronto su admisión, al día siguiente, 29 de abril de 1606, Rodrigo tomaba el hábito de los Descalzos de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos y cambiaba su nombre por el de Tomás de la Virgen. Realizó su noviciado en la Casa de Madrid, todos se dieron cuenta pronto de sus virtudes, especialmente en la oración y el silencio, dándole el sobrenombre de el hermano que no habla. El mismo San Juan Bautista de la Concepción habla de sus progresos como religioso:

Novicio ha estado conmigo, que muchos han experimentado esta verdad: que, siendo un hombre tan cerrado y callado en el hablar, que, entendiendo los frailes que habíe de perder de todo puncto el saber hablar, por ser esto con tanto estremo que en casa no le sabían otro nombre, el año del noviciado, sino «el fraile que no habla», estando conmigo, me ha dicho cosas tan altas, con términos tan extraordinarios, que me parece sólo el cielo se los puede haber enseñado. (Juan Bautista de la Concepción, Asistencia de Dios a la descalcez trinitaria, Obras Completas , II, 782)

El 1 de mayo de 1607 realizó su Profesión Solemne, al mes siguiente era destinado a la nueva fundación de Córdoba, donde tuvo ocasión de mostrar su espíritu de penitencia por las condiciones de las casas en que vivieron aquellos primeros religiosos trinitarios y por la poca comida que había. Su primera y principal dedicación fue ya a los pobres de Córdoba y a la oración. Precisamente fue en uno de sus momentos intensos de oración cuando fr. Tomás de la Virgen dio un fuerte grito y comenzó a echar sangre por la nariz y por la boca. Los médicos no alcanzaron a saber nunca la razón de aquella enfermedad, la diagnosticaron como hemoptisis aguda. Pero él no se dejó vencer por la enfermedad. Sin embargo, un mes más tarde, mientras recogía limosnas en Bujalance, se recrudeció la enfermedad, sospechan entonces que puede tratarse de una tuberculosis, todos los médicos coincidían en afirmar que vivía de milagro, y recomendaron trasladarlo a un lugar con un clima más seco. Es así como, con no pocas dificultades, emprende un largo viaje desde Córdoba a Madrid donde acabará uniendo su vida a una cama durante cuarenta años.

A partir de aquel momento la vocación de Fr. Tomás de la Virgen fue seguir a Cristo en el dolor, daba gracias a Dios constantemente por ello: Te doy gracias, Señor, porque me has dado el modo de poder imitar a Cristo Redentor y de participar en su preciosa pasión. Su ministerio se desarrolló desde la cama. Pronto toda la ciudad y la corte de Madrid comenzó a hablar de aquel "santo" y de la misteriosa enfermedad que padecía y de sus consejos. Fr. Tomás se convirtió, a pesar de sus pocos estudios, en un gran discernidor de conciencias, alcanzando su fama incluso fuera de España.

A pesar de que no volvió a salir de aquella habitación, ni a levantarse de aquella cama, le consultaban desde cualquier parte de la cristiandad. El papa Urbano VIII ordenó a su nuncio en España que no tomara decisión alguna sin consultar antes con fray Tomás de la Virgen. Inocencio X, antes de ser elegido papa había sido nuncio en Madrid y tuvo la ocasión de visitar en varias ocasiones a fray Tomás y consultarle no pocos asuntos importantes. También lo visitó antes de ser elegido papa Giulio Rospigliosi, nuncio en Madrid, que adoptaría el nombre de Clemente IX, y que la primera vez que visitó la habitación de fray Tomás pasó toda la entrevista de rodillas ante su lecho. Los reyes Felipe III y Felipe IV de España, junto a sus esposas, lo consideraron siempre como el mejor y más fiel consejero, y así lo hicieron también sus validos, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma, y Gaspar de Guzmán y Pimentel, Conde-Duque de Olivares, que recibieron de fray Tomás consejos y reproches. Sin embargo, a ningún rey, valido o noble aceptó nunca fray Tomás en su sencilla celda, de modo que la reina Isabel de Borbón mandó pintar un retrato del fraile trinitario y colgarlo en sus habitaciones privadas del palacio, encontrándola muchas veces en conversación con aquella imagen.

A comienzos de septiembre de 1647 fray Tomás se da cuenta de que su muerte está próxima y se prepara espiritualmente para ella. Le llegará el 7 de octubre. Durante tres días toda la villa de Madrid rindió homenajes al que consideraban su santo. El 22 de septiembre de 1805, el papa Pío VII aprobó sus virtudes en grado heroico y lo declaró Venerable. Su cuerpo se venera en la iglesia trinitaria de Valdepeñas.

Nació en Rutigliano el 23 de agosto de 1901. Con once años ingresó en la Orden Trinitaria. Fue misionero en Miarinarivo, Madagascar, donde destacó por sus esfuerzos para el desarrollo de los recursos entre los más pobres. 

El papa Pío XII lo eligió obispo de Andria, en Italia, en 1939. Durante los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, se dedicó a mitigar la violencia entre sus conciudadanos, atendiendo a las víctimas, cuidando de todos independientemente de sus creencias. Murió en Andria el 2 de enero de 1952

En 1956 se inició el proceso de beatificación, reconociendo Juan Pablo II sus visrufes heróicas en 1998, y siendo declarado Venerable por Benedicto XVI en 2008.

Nació en 1902, murió en 1951.

Modelo de religiosa humildad, formador de religiosos, predicador popular.

Nació en Madrid el 21 de junio de 1850. Cuando se preparaba para ser ingeniero, orienta sus pasos hacia el sacerdocio para suplir a un compañero seminarista que abandonó su vocación. Se licenció en ambos derechos en la universidad de Madrid y cursó los estudios de teología. En 1874 era ordenado sacerdote. En 1876, en el transcurso de unos ejercicios espirituales, recibió la inspiración de fundar un instituto de religiosas con el nombre de La Santísima Trinidad y al calor de aquella frase evangélica: "Fuego he venido a traer a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda?".

El 2 de febrero de 1885, con la colaboración de la mexicana María Ana Allsopp González-Manrique, funda el instituto de Hermanas Trinitarias dedicado a liberar, promover y prevenir a la mujer joven. Las casas de las Trinitarias debían de ser hogar con "la puerta siempre abierta", para quien quisiera volver al buen camino. Ese mismo año es nombrado canónigo del recién creado cabildo catedral. En 1915 funda un hogar llamado "Porta Coeli" para acoger a los niños que pululaban por las calles de Madrid. Murió en "Porta Coeli" el 1 de abril de 1924. Juan Pablo II le declaró Venerable el 2 de abril de 1993.

María Teresa Cucchiari, nació en Roma el 10 de octubre de 1734, en la casa que sus padres tenían en Piazza Barberini. Junto a sus amigas Anna Reina y Mariana frecuentaba la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane, cercana a su casa, de los trinitarios descalzos españoles, y allí entra a formar parte de la Orden Tercera Trinitaria en 1756. Un día, mientras rezaba el rosario en la iglesia, escuchando el rezo del oficio divino de los religiosos, recibió una inspiración que cambió el rumbo de su vida: decide dedicarse a la obra de la redención, especialmente liberando de la ignorancia alos niños y jóvenes en la región de los Abruzos. 

Siguió la Regla de las Trinitarias Descalzas, que adaptó a las necesidades del apostolado de la enseñanza. El 8 de septiembre de 1762 tomó el hábito y el 10 de octubre de 1772 hizo su Profesión Solemne, siempre alentada y acompañada por los trinitarios de San Carlino.

Abrió su primera escuela en Avezzano, otras se fueron abriendo también en la zona. Las Hermanas de la Santísima Trinidad vivían en gran pobreza y espíritu de sacrificio. El 10 de junio de 1801 murió con fama de santidad.

Mártires de Úbeda, en 1368 fue atacada la ciudad de Úbeda desde el Reino Nazarí de Granada y destruída la Casa de la Santísima Trinidad y su iglesia. Hicieron cautivos a 42 trinitarios, solo 9 pudieron escapar, la mayoría de los cuales murieron allí mismo atravesados por las espadas musulmanas para después quemar sus cuerpos, el resto fueron llevados cautivos a Granada pero ninguno llegó vivo.

Antonio da Conceiçao, trinitario calzado portugués, junto a José de la Madre de Dios y a Ignacio Tavares realizó una redención en Marrakech en 1579 de 232 cautivos, que fueron conducidos por José de la Madre de Dios a Mazagán, plaza portuguesa africana bien fortificada, y desde allí a Lisboa. Mientras, Ignacio y Antonio quedaban en la ciudad para cuidar a los enfermos y atender sacramentalmente a los cautivos. Fueron encarcelados en varias ocasiones por su celo ministerial. Realizaron una nueva redención de 200 cautivos, que fueron acompañados a España por el embajador. Los redentores fueron denunciados ante el rey de Marruecos por no pagar el impuesto de la quinta parte del rescate. Cuando se negaron a pagar este impuesto por considerarlo abusivo, fueron encarcelados hasta que desde España el embajador Venegas de Córdoba hizo de fiador. En 1587 fue encarcelado fr. Antonio acusado de apología del cristianismo y de procurar la abjuración del islam de algunos soldados portugueses que habían dejado el cristianismo. En la mazmorra enfermó, fue el mismo Ignacio Tavares quien le llevó el viático, con gran sencillez se despidió de sus compañeros de cautiverio y murió el 20 de mayo de 1589. Fue sepultado en el cementerio de los cristianos, a las afueras de la ciudad. Murió con fama de santidad, pronto se ordenó que se tomaran datos de su vida y de su muerte para abrir el proceso de su canonización, sin embargo todo se paralizó y no se logró la declaración de sus virtudes.

Ignacio Tavares, murió mártir en la mazmorra de Marrakech en 1592, donde tras la muerte de fr. Antonio siguió auxiliando a los cautivos cristianos y liberando a cuantos podía.

Bernardo de Monroy (1559-1622), trinitario calzado español y Redentor de Cautivos murió en las mazmorras de Argel tras trece años de cautiverio junto a Juan de Palacios y Juan del Águila. Su cuerpo es el único que se pudo recuperar y está en la capilla de la Casa Trinitaria de Andújar.

Juan de Palacios (1560-1616), trinitario calzado español y Redentor de Cautivos muere en las mazmorras de Argel tras siete años de cautiverio junto a Bernardo de Monroy y Juan del Águila.

Juan del Águila (1563-1613), trinitario calzado español y Redentor de Cautivos muere en las mazmorras de Argel tras cuatro años de cautivero junto a Bernardo de Monroy y Juan de Palacios.

Detalle de los tres mártires españoles de Argel

El 9 de marzo de 1609 se embarcaron en Denia rumbo a Argel los tres redentores nombrados por el Ministro Provincial de Castilla: Bernardo de Monroy, Juan de Palacios y Juan del Águila donde finalmente llegaron el 1 de abril, tras sortear no pocos peligros meterológicos y de piratas. Pasada la octava de Pascua comenzaron a vender las mercancías y a tratar los rescates. Hasta mediados de mayo de 1609 rescataron 130 cautivos cristianos, 69 de ellos liberados directamente del fondo de redención del Condestable de Castilla. Una vez concluida la redención y pagados todos los derechos de embarcación y salida de la ciudad, Monroy se disponía a regresar a España con los cautivos liberados el 13 de mayo, y ya en el barco se le presentó un emisario pidiéndole que se presentara de inmediato ante el Duán, o Consejo de Gobierno. Allí la comunicaron su detención como prisionero. El motivo era que Fátima, una niña de unos 10 años, hija de Mamet Axá, un poderoso turco de la ciudad, había sido tomada cautiva por los genoveses y tras rescatarla en Livorno, llegó noticia de que la habían obligado a bautizarse en Calvi, puerto de Córcega, de manos del obispo de Saona. El Duán había decidido retener a los tres redentores trinitarios, revocando la libertad otorgada a los 103 cautivos, y obligando a que Bernardo de Monroy tramitara la entrega de la niña. No estaba en la mano de los redentores trinitarios esa embajada, y el sábado 16 de mayo fueron encarcelados en el Baño del Rey, donde recibieron malos tratos, estrechas prisiones y mal comer. La presión diplomática fue grande durante el cautiverio de los tres religiosos. Todos los gobiernos cristianos de Europa y el mismo papa, escribieron numerosas cartas a las autoridades musulmanas de Argel y del Imperio Otomano para que se liberara a los religiosos y a los cautivos por los que se había pagado el rescate. Pero todo resultó vano.

En los años de prisión desarrollaron un importante trabajo con los cautivos, ayudándoles a mantener la fe y a resistir las pruebas. Administraban los sacramentos y les curaban de sus heridas. Incluso, con permiso del Bajá, fundaron un hospital en el interior de las mazmorras en 1612, que incluía un pequeño aposento a modo de iglesia con el título de la Santísima Trinidad. Al frente del hospital estaban un médico-barbero natural de Lavaxos y un enfermero, Pedro de Torres Miranda, natural de Madrid que después fue quemado vivo por no renegar de su fe. Desde la prisión continuaron su labor redentora e hicieron llegar a tierras cristianas a muchos cautivos. En carta de 9 de enero de 1613 Monroy habla de 58 rescatados, y en otra de 29 de abril de 1615 habla de más de 400. El dinero lo recibían de los trinitarios de Madrid, en especial de Simón de Rojas que como Ministro Provincial de Castilla les envió en una ocasión 60.000 reales y en otra 22.000 reales.

Los tres murieron de muerte natural, tras sufrir innumerables penalidades y malos tratos. Juan del Águila murió el 5 de junio de 1613, Juan de Palacios el 20 de septiembre de 1616 y Bernardo de Monroy el 31 de julio de 1622. 

Lucien de Herault, trinitario calzado reformado francés, Redentor de Cautivos. En la redención realizada en Argel en 1645, una vez liberados el trinitario Boniface Dubois, que había quedado como rehén en 1643, y 110 cautivos, la reuna Ana de Austria le dio orden de rescatar a tres religiosos franciscanos capuchinos, como no le alcanzó el dinero se quedó como rehén en lugar de los capuchinos. A causa de los sufrimientos, el hambre y la enfermedad murió el 22 de diciembre de 1645.

Cornelio O'Connor, nació en Adare, diócesis de Limerick en Irlanda. Tras ordenarse sacerdote en Bruselas fue a predicar a Inglaterra, donde sufrió no pocos tormentos. Enterado de que su madre estaba encarcelada a causa de su fe católica regresó a Irlanda, queriendo renovar la Orden Trinitaria en Irlanda fue a Paris para encontrarse con el Ministro General Louis Petit que lo admitió en la Orden y le dio licencia para reabrir la Casa Trinitaria de Adare, el primer religioso en ingresar fue Eugenio Daly, ambos fueron a realizar el noviciado en Clermont-en-Beauvais, Francia. Nombrado Cornelio Ministro de Adare, cuando se dirigían en barco a Inglaterra fueron asaltados por el pirata John Plunket que cumplió con la orden de echar atados al mar a cuantos religiosos encontrara. Era el 15 de enero de 1645.

Eugenio Daly, mártir de la persecución de Inglaterra junto a Conerlio O'Connor en 1645.

Pedro de la Concepción Garrido, nació en Porcuna, Jaén, en 1611. Tras enviudar en 1649 dedicó su vida a aliviar el sufrimiento de los cautivos cristianos, tanto en el norte de África como en América. Se hizo cofrade trinitario y colaboró con la obra de los trinitarios en Argel, especialmente en los hospitales de cautivos. Antes de regresar a Argel donó toda su obra hospitalaria al convento trinitario de Madrid. Un viernes, 17 de junio de 1667, entró en una mezquita y predicó la fe cristiana delante de todos. Fue condenado a morir quemado vivo, hecho que se cumplió dos días después.

Juan de Jesús María, trinitario descalzo español, en la redención de los años 1668-1669 en Fez fue a recoger a Ceuta el dinero de la rescate de 130 cautivos pero llegó la noticia de que se había bautizado a la fuerza a una niña de 9 años en Gibraltar, la redención quedó suspendida pero viendo el rey  Huley Amí que no conseguiría  nada dio permiso a fr. Juan para ir a Ceuta a por el dinero del rescate. En la travesía su barco fue atacado por corsarios y fr. Juan llevado cautivo a Argel donde lo vendieron por 2680 pesos. Murió en las mazmorras antes de poder ser rescatado, auxiliando siempre a sus compañeros de cautiverio.

Juan de la Natividad, había nacido en Ubrique en 1750 e ingresó en los trinitarios descalzos de Granada en 1766. En 1807 fue elegido Ministro General, cuando cumplía este ministerio, yendo de Madrid a Alcalá, acompañado de su secretario, fueron apresados por los soldados franceses y tras maltratarlos y obigarles a renegar de su fe, viendo que no conseguían nada, fusilados el 4 de diciembre de 1808. La beata Ana María Taigi desde Roma tuvo una visión y contó a su confesor el padre Fernando toda la historia tal como había sido.

Félix de la Sagrada Familia (Uriarte Olaeta), nació en Rigoitia, Vizcaya, el 12 de octubre de 1903, tomó el hábito trinitario en el Santuario de Ntra. Sra. Bien Aparecida el 3 de octubre de 1919, profesando allí mismo el 5 de octubre del año siguiente; emitió su profesión solemne en Córdoba el 21 de mayo de 1925 y se ordenó de presbítero en Madrid el 17 de diciembre de 1926. Llevaba poco tiempo destinado en Antequera pero ya se había hecho querer por su sencillez y alegría ya que iba de casa en casa postulando para la restauración del templo, que había sufrido un incendio casual el 30 de abril de 1935. A causa del ambiente de persecución en Antequera la comunidad trinitaria se "encerró" en el convento desde el 19 al 23 de julio de 1936. El 23 por la tarde entraron en el convento 45 escopeteros enviados por el alcalde, la comunidad se reúne en la iglesia ante el Sagrario y la Virgen del Remedio y el padre Félix, que era sacristán, consumió todas las formas consagradas del Sagrario. Cuando los conducían unas horas más tarde a la cárcel municipal dispararon contra los padres Félix e Hipólito Belacortu, el segundo salió herido, el primero murió en la acera de la calle Estepa.

Juan de la Cruz (Barandica y Uriona-Barrenechea), nació en Arrazua, Vizcaya, el 3 de mayo de 1888, tomó el hábito en Algorta el 29 de agosto de 1903 y profesó en Algorta el 30 de agosto del año siguiente. Emitió su profesión solemne en Villanueva del Arzobispo el 12 de noviembre de 1907 y se ordenó de presbítero en Jaén el 13 de agosto de 1911. En el momento de su martirio era sacristán de la comunidad trinitaria de Barcelona. Una vez comenzó la persecución contra los religiosos, habiendo recibido la FAI varias denuncias que afirmaban que los religiosos escondían armas en su convento del barrio de Gracia, la comunidad se dispersó buscando refugio en conventos de religiosas de la zona y en casas particulares. El padre Juan se refugió en casa de Carmen Cardona, presidenta de la Pía Asociación de la Santísima Trinidad, pero el 17 de septiembre de 1936 irrumpieron en la casa emisarios del Comité de la FAI y se llevaron detenido al padre Juan de la Cruz. Poco más se sabe de lo que ocurrió desde esa noche, un grupo de personas amigas de la comunidad reconocieron su cuerpo en el Hospital Clínico el 19 de septiembre de 1936, tenía un orificio de bala en la frente.

Lorenzo de la Concepción (Echeandía Basterrechea), nació en Ajánguiz-Guernica, Vizcaya, el 9 de agosto de 1868, tomó el hábito trinitario en Alcázar de San Juan el 25 de diciembre de 1884 y profesó en Alcázar el 27 de diciembre del año siguiente. Emitió su profesión solemne en Alcázar el 27 de diciembre de 1888 y recibió la ordenación presbiteral en Vitoria el 20 de diciembre de 1890. Durante su vida trabajó como escritor de la revista El Santo Trisagio así como en el confesionario y predicando. En 1907 fue nombrado Ministro de Madrid, cargo que ocupó durante varios trienios, alternándolo con el de Consejero Provincial. Fue elegido  Ministro Provincial en 1919. Cuando comenzó la quema de iglesias en Madrid, él se encontraba predicando la novena de la Virgen de la Cabeza en Andújar, el 13 de marzo de 1936 quemaron la iglesia de San Ignacio, atendida por la comunidad trinitaria. Cuatro días después de comenzar la Guerra Civil se refugió en casa de unos amigos y posteriormente en casa de D. José Solís, en la calle Cervantes, sin embargo fue detenido por los milicianos el 14 de agosto. Fue conducido a los sótanos del Círculo de Bellas Artes, a primeras horas de la madrugada del 15 de agosto fue fusilado en el mismo sótano.

Domingo de la Asunción (Pedro Antonio Zamalloa Larrinaga), nació en Amorebieta, Vizcaya, el 18 de octubre de 1883, tomó el hábito trinitario en Algorta el 9 de mayo de 1898 y emitió sus primeros votos allí mismo el 22 de octubre del año siguiente. Emitió la Profesión Solemne en Roma el 23 de octubre de 1902 y recibió la ordenación de presbítero también en Roma el 16 de marzo de 1907. Se había doctorado en Filosofía por la Universidad Gregoriana de Roma, licenciándose también allí en Sagrada Teología. Ocupó los cargos y oficios de Consejero Provincial y Ecónomo Provioncial, y en 1933 fue elegido Ministro Provincial. El mismo 18 de julio de 1936 junto a otros hermanos de la comunidad de Madrid, comenzó un calvario particular de casa en casa buscando refugio. Se dedicaba a llevar la comunión a religiosas y terciarias refugiadas en casas particulares, en uno de estos "paseos", en la Red de San Luis, junto a la Gran Vía, el 3 de agosto de 1936, fue detenido y conducido a la checa del colegio de Salesianos de Atocha, de allí lo sacaron hacia el puente de Vallecas donde le sacaron los ojos y lo fusilaron al día siguiente.

José María de la Encarnación (Inchaurbe Aldama), nació en Elorrio, VIzcaya, el 13 de mayo de 1892, tomó el hábito trinitario en Algorta el 18 de junio de 1907 y alló profesó sus primeros votos el 21 de junio de 1908. Emitió su profesión solemne en el Santuario de Ntra. Sra. Bien Aparecida el 7 de septiembre de 1913 y recibió la ordenación presbiteral en Córdoba el 18 de julio de 1916. Comenzó sus estudios en la Universidad Gregoriana de Roma pero a causa de la enfermedad los concluyó en Córdoba. Ejerció los oficios de Ministro de Villanueva del Arzobispo, Córdoba y Algorta, así como el cargo de Ecónomo Provincial hasta 1936. Tenía carácter intrépido, sin temer el peligro, su físico robusto le ayudaba a ello. Cuando se dispersó la comunidad de Madrid a causa del comienzo de la Guerra Civil, el padre José María, que era Ecónomo Provincial, siguió velando por los religiosos y quedaba a escondidas con ellos para facilitarles dinero y cubrir otras necesidades personales. Llevaba la comunión a personas piadosas del barrio y celebraba en sus casas la Eucaristía con riesgo de su vida pero sobresaliendo su carácter temerario. Solía decir: "Si me matan por ser religioso, no opondré resistencia, pero si es por política, voy a armar tal alboroto que todo el mundo se va a enterar". Lo detuvieron a los pocos días llevándolo a la cárcel de San Bernardo 72, de donde se escapó aprovechando un bombardeo. La policía se seguía la pista hasta que el 4 de septiembre fue detenido en la pensión de la calle de la Cruz donde se refugiaba, lo condujeron a una checa hasta que en la madrugada del 6 de septiembre de 1936 lo "sacaron" a Puerta de Hierro para fusilarlo.

Religiosas trinitarias mártires del Monasterio de Madrid:

  • Sor Ángela María del Niño Jesús, natural de Ponferrada donde nació el 5 de abril de 1893. Murió fusilada en Madrid el 2 de noviembre de 1936.
  • Sor Josefina del Espíritu Santo, natural de Códex, Guadalajara, nació el 23 de agosto de 1899. Murió fusilada en Madrid el 2 de noviembre de 1936.

Juan de San José, nació en Ordejón, Burgos, el 7 de septiembre de 1586. Tomó el hábito trinitario en Salamanca a los 20 años. Según cuentan todos los que lo conocieron destacó por sus virtudes de obediencia, pureza, pobreza, humildad, espíritu de mortificación, amor al prójimo. De su confianza en Dios y de su don de profecía se cuentan muchos casos, solía decir que la falta de confianza es la causa de no estar muy adelante en lo espiritual y de padecer en lo temporal. Si confiásemos en aquel supremo Señor alcanzaríamos grandes cosas. Murió en Socuéllamos, Ciudad Real, el 1 de enero de 1616, mientras su cuerpo estuvo expuesto en la iglesia tuvieron que cambiarle dos veces de hábito porque la gente se lo llevaba para reliquias.

Ángela María de la Concepción, nació en Cantalapiedra, Salamanca, el 1 de marzo de 1649. A los 21 años ingresa en las Carmelitas de “San José” de Valladolid, pero poco antes de profesar enfermó y tuvo que abandonar el convento. Al mejorar no volvió con las carmelitas sino que ingresó en las trinitarias de Medina del Campo, Valladolid, monasterio en el que vivió 10 años, hasta que en 1680, como arrebatada a una vida de mayor perfección y santidad, sintió que Dios la llamaba a iniciar la obra de recolección de las trinitarias. Es así como se hizo cargo de la nueva fundación de Trinitarias Recoletas en El Toboso, Toledo, siendo la primera priora del monasterio. Destaca por sus escritos místicos, por su caridad y sencillez. La enfermedad no la abandonó nunca, pero eso no le impedía atender a las hermanas más enfermas de la Casa, hasta el punto de contagiarse en varias ocasiones de sus enfermedades. Desde julio de 1689 quedó en cama mientras su cuerpo se debilitaba, hasta su muerte el 13 de abril de 1690.

Mariana Allsopp Manrique, nació el 24 de noviembre de 1854, en Tepic, México. Su infancia transcurrió feliz y sin preocupaciones hasta los siete años, en que muere su madre. Poco después Mariana tiene que ir a España para ser educada por su familia materna. En España recibe una educación esmerada, vive en un ambiente alegre y donde los valores familiares se cultivan muy especialmente. En 1882 su familia se traslada cerca de la Iglesia de la Encarnación, donde el padre Méndez es Párroco. También le conoce a través de las escuelas dominicales, donde se acoge y enseña a jóvenes trabajadoras que quieren promocionarse. Mariana desea clarificar su vocación y le pide a Dios una señal. Cuando decide confiarse al padre Méndez y pedirle consejo, él le comunica la revelación que ha recibido del Señor. Mariana, profundamente identificada con aquella iluminación, comprende que Dios le está pidiendo que funde una nueva familia religiosa para realizar su plan de salvación entre la juventud necesitada. El día 18 de marzo de 1888 pronuncia sus primeros votos. A la muerte del padre Méndez, la dirección de la fundación para las jóvenes y la fundación para los golfillos, es asumida enteramente por la fundadora. Su fortaleza y su confianza, así como su entrega incondicional y especial ternura, no decayeron, más bien se fortalecían con el paso de los años. Cuando cayó enferma, a causa de una bronconeumonía, las hermanas estaban preocupadas y apenadas pues temían que fuera el final. Ella las alentaba: "Dios me dará la fuerza que necesito. Continuaré amándole en los hermanos hasta desgastarme del todo por Él". Murió en Madrid el 15 de marzo de 1933.

Ángela María Autsch, nació el 26 de marzo de 1909 en Rollecken, en Renania del Norte Westfalia (Alemania). En 1933 ingresó en la comunidad que las Trinitarias de Valencia tenían en Montz (Austria); hizo sus votos en 1938, contrayendo el nombre de Ángela del Sagrado Corazón. Fue generosa, alegre y se entregaba con afán a los deberes, entre ellos la educación. Un día discutían sobre Hitler cuando se encontraban haciendo las compras de alimentos para el convento, sobre la gran nación y potencia que el dictador prometía y las injusticias que se cometían en ese momento; pero ella, sincera, espontánea y libre, dio su opinión: “Será el azote de Europa”. Fue denunciada a la Gestapo por el dirigente del grupo local de los nacionalsocialistas y detenida el 12 de agosto de 1940. De la cárcel la llevaron primero al campo de concentración de Ravensbrück, posteriormente fue trasladada a Auschwitz-Birkenau. En Auschwitz fue responsable de las salas de limpieza de ropa y del reparto de las raciones de alimentos. Siempre acudió conforme pudo a auxiliar a las internas; les procuraba alimentación aun a riesgo de su vida. Además, por ser alemana y enfermera, se valieron de ella para que atendiera la enfermería del campo de concentración. Dio aliento y esperanza a los demás al ver las atrocidades que hacían los alemanes a los presos. La doctora Margarita Svalbová, una compañera checa y comunista superviviente de aquel lugar, dice que era la recluta número 512: “Ella fue una sonrisa de la aurora, como un rayo de sol… En medio de tanto sufrimiento y de horror, aparecía como un oasis de ternura”. Muchos supervivientes hablaron de Sor Ángela, sobre el testimonio de su vida en el campo de concentración. Ella devolvió la esperanza a muchos con quienes tuvo contacto. Sor Ángela decía que era el amor de Dios y amor a los demás lo que le daba fuerzas, arriesgando su vida por ayudar a los demás. Pero su vida se fue agotando, pues al estar con enfermos contrajo el tifus y sufrió terribles fiebres. El 23 de diciembre de 1944 murió durante un bombardeo en el campo de concentración, mientras ayudaba a los enfermos a refugiarse.

María del Pilar Martín de Blas (1922-1956), terciaria trinitaria.

En la tradición trinitaria encontramos otros santos que han formado parte de la misma pero de los que hay pocos datos sobre su existencia o su canonización.

San Arturo. Originario de Irlanda, ingresó en la Orden movido por su espíritu redentor. Fue enviado a Oriente para participar en diversas redenciones de cautivos. Según las crónicas de la Orden visitó los Santos Lugares y posteriormente se trasladó a Babilonia, donde fue hecho prisionero y quemado vivo. Su veneración se difundió ampliamente desde el siglo XIII. Su fiesta se celebra el 1 de septiembre.