DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio según san Marcos (6,30-34):

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.»

Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

HOMILIA- I

GRANDEZA Y HUMANIDAD DE JESUS

Uno de los textos más hermosos del Antiguo Testamento es el salmo que hemos recitado: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. La tarea el pastor es cuidar de su rebaño, defendiéndolo de los lobos y llevándolo a buenos pastizales y a fuentes cristalinas. Dios era el pastor del pueblo, su defensor, el que lo alimentaba con su palabra y lo guiaba por medio de los profetas. En el Nuevo Testamento, Jesús hace suya la figura del pastor, para expresar su preocupación por la gente hasta olvidarse de sí: “Al desembarcar, vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”.

1. La obra de Jesucristo
Llama la atención el amor del Apóstol Pablo a Cristo expre¬sado tan bellamente en el texto de la carta a los efesios que hemos leído. De lo que abunda el corazón habla la boca, y en el corazón de Pablo sólo hay sitio para Jesucristo, que vive en él de tal modo que 'no soy yo, es Cristo quien vive en mí'. Para Pablo, Jesucristo es el Redentor del hombre: 'ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos'. El, con su sangre preciosa, nos ha rescatado para Dios, nos ha traído a la casa del Padre; a los que andábamos perdidos y extraviados como ovejas sin pastor, él nos ha recogido y abrazado con el abrazo de su amor, como dice el profeta: 'Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países y las volveré a traer a sus dehesas para que crezcan y se multipliquen'. Jesucristo es el Pacificador: 'él es nuestra paz, vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros los de lejos, paz también a los de cerca'. ¡Paz! No encuentra el Apóstol otra palabra mejor para decir lo que es Jesucristo para nosotros, porque en esa hermosa palabra se encuentran como resumidos y concentrados todos los dones de Dios, todas las bendiciones que en él, en su querido Hijo, nos ha concedido. La paz es el fruto de la redención, por eso el Resucitado saluda y da la paz a los discípulos en la tarde de pascua: la paz fue su primera palabra, su primer regalo para ellos encerrados en el cenáculo por miedo a los judíos, y así, en la paz de Dios, 'unos y otros podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu'. Jesucristo es el Reconciliador: 'reconcilió con Dios a los dos pueblos', los judíos y todos los demás, y los reconcilió entre sí 'derribando con su cuerpo colgado en la cruz el muro que los separaba, el odio'. Si la paz es, junto con el amor, una de las palabras que mejor expresan los deseos más íntimos del corazón humano, porque la paz es lo mismo que vida y vida reconciliada, vida en amistad y solidaridad, el odio es muerte, es la expresión del corazón envenenado por la envidia, la ira, la ambición. Si la paz es perdón y amistad, el odio es violencia y enemistad. Jesucristo, nuestra paz, desde la cruz ha vencido al odio por el amor, ha realizado la reconciliación de los enemigos, ha declarado que el odio es incompatible con nuestra condición de discípulos del Crucificado, de Aquél que desde la cruz ha dado muerte al odio, al odio infernal contra Dios y contra el prójimo.

2. La humanidad de Jesús
Si ahora volvemos al evangelio que hemos proclamado notamos una diferencia: la grandeza de Jesucristo y de su obra tal como la pinta san Pablo se torna aquí humanidad cercana y comprensiva. Jesús se hace cargo de la fatiga apostólica de sus discípulos y les invita a ir 'a un sitio tranquilo a descansar un poco'. El Señor también mira las cosas pequeñas, no se le escapan esos detalles humildes que construyen la vida diaria y que hacen felices a los hombres: un poco de descanso, un poco de paz en medio de las preocupaciones y del ajetreo de la vida. Porque la vida humana no es sólo trabajo ni sumisión a un horario, es también descanso y libertad. Este sería el sentido humanamente benéfico de las vacaciones: recuperar el contacto con uno mismo, con la familia, con la naturaleza y con Dios, aunque tal como están montadas las vacaciones para muchas familias más que tiempo de paz y de sosiego es tiempo de agitación y de fatiga de día y de noche, y por desgracia, para muchos también tiempo de alejamiento de Dios.

3. Invitación al retiro
Pues bien, después del duro trabajo por el Reino que los discípulos habían realizado por toda Galilea, Jesús les llevó 'a un sitio tranquilo y apartado', a recuperar fuerzas desde el contacto íntimo y sosegado con el Señor. Periódicamente hace falta retirarse del ruido, aunque sea del ruido apostólico, para volver al Señor, al diálogo con él, a la escucha y meditación de su palabra, para cargar pilas, como se dice. Aunque a veces, por la urgencia de la evangelización, apenas se pueda, como le sucedió al mismo Jesús, que no pudo cumplir con sus deseos, pues 'al desembarcar, vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma'. La humanidad entrañable del Señor se muestra en este gesto con toda su fuerza: aunque él y los discípulos están cansados, no despacha a la gente, a aquella multitud de pobres sino que los acoge y abraza con inmensa misericordia y con infinita paciencia se puso a enseñarles: primero les dio el alimento de su palabra, después -como veremos el domingo que viene- les dará el pan que restaure sus fuerzas. Es lo que también hace el Señor con nosotros todos los domingos: nos invita retirarnos con él a la misa dominical, fuera del tráfago de la vida ordinaria, y nos enseña con calma su Palabra para alimentarnos luego con el Pan de vida eterna.

Pues que este retiro dominical junto a Cristo y por invitación suya, nos ayude a conocerle mejor y a seguirle con mayor fidelidad. Es lo que hemos pedido en la oración de entrada: que Dios multiplique sobre nosotros los dones de su gracia “para que encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveremos fielmente en el cumplimiento de su santa ley”.

José María de Miguel González, .OSS.T.

HOMILIA- II

Exégesis: Jeremías 23, 1-6.

Israel asumió la imagen sencilla y popular del pastoreo para simbolizar la función de reinar, gobernar, guiar al pueblo. Dios, los sacerdotes, los reyes reciben ese título. El oráculo consta de cuatro partes separadas por la expresión «oráculo del Señor». Aquel rey injusto que no ha hecho caso a Jeremías, no ha cumplido su deber de pastorear: ha llevado a la ruina al pueblo, que es el rebaño de Dios. La catástrofe no llegará, porque Dios en persona los salvará: reunirá a los dispersos, nunca serán abandonados.

Marcos 6, 30-34.

Al igual que le sucediera a Jesús, la gente buscó desaforada-mente a los doce. Al igual que hiciera Jesús, los doce buscaron refugio en un lugar solitario: a un paraje despoblado, a descansar un rato. En este ambiente cobra sentido la observación final: el pueblo de Israel estaba desorientado y necesitado de una enseñanza con garantía. Se destaca la cercanía de Jesús con el pueblo y con los doce.

Comentario

Texto de situaciones, de búsquedas, de experiencia dentro del pueblo de Dios. Situaciones y búsquedas que no coinciden nece-sariamente: los doce buscan el reposo, la gente busca al enviado, ¿para qué? Para buscar un referente de orientación, porque lo necesitan, porque están desorientados.

Los malos y buenos pastores. Sabemos bien quiénes son los malos pastores: los que no se cuidan de las ovejas, sino que se buscan a sí mismos; los que en vez de unir y guiar, dispersan; los que no las defienden contra los peligros. Es buen pastor el que vio «la multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor». El que sabe conjugar la oración y la caridad busca momentos de oración y de silencio, pero da preferencia a seguir atendiendo a la gente. Además no hace ver que le han estropeado su plan, ni que tiene prisa: «Se puso a enseñarles con calma». Un buen pastor conduce a buenos «pastos» y a «aguas limpias»; defiende a las ovejas y sabe curarlas; se preocupa por ellas y les dedica su tiempo y su persona. Cómo elegir el pastor. Te presento un ejemplo que me contaron sobre la elección del pastor. Éranse una vez unos pastores, unas ovejas despistadillas y un rey. Había ovejas blancas, rechonchas, tostadas, con manchas, esquiladas, flacas, preñadas, viejas, cojas, Él las conocía por su nombre. Sabía la que caminaba lentamente, la que se perdía todos los días o se «trastornaba». También había alguna cabra. Ajustó unos cuantos pastores con buena formación ovejera.

Unos las llevaban a buenos pastos y las contaban cada hora, hacían cursillos y redactaban un diario. Otros buscaban la sombra para dormir y otros hicieron un máster de absentismo.

Había uno muy raro: a veces se dormía, a veces las miraba, a veces las hacía correr hasta el arroyo y les daba de beber en sus propias manos. Resoplaba con las parturientas y abrazaba a los corderillos. Algunas veces se quedaba con ellas al raso y contaba las estrellas (camino de Santiago). También canturreaba.

Cuando el rey preguntó a las ovejas sobre aquel pastor, todas respondieron: «Él es nuestra paz». Nos da seguridad. Ése fue el último día que trabajaron los otros contratados.

Manuel Sendín, O.SS,T.
 

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