CORPUS CHRISTI

Evangelio según san Juan (6,51-58):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

HOMILIA- I

El gran Papa san Juan Pablo II, antes de pasar de este mundo al Padre, convocó a la Iglesia para celebrar el Año de la Eucaristía, de octubre de 2004 a octubre de 2005. Y para celebrar este Año nos escribió una preciosa Carta apostólica que lleva por título “Quédate con nosotros, Señor”, tomando prestadas aquellas palabras con que los discípulos de Emaús se dirigieron a Jesús resucitado antes de que éste se les descubriera y ellos le reconocieran en el gesto eucarístico de partir el pan. En esta Carta el santo Pontífice nos pedía: que vivamos “con particular fervor la solemnidad del Corpus Christi con la tradicional procesión. Que la fe en Dios que, encarnándose, se hizo nuestro compañero de viaje, se proclame por doquier y particularmente por nuestras calles y en nuestras casas, como expresión de nuestro amor agradecido y fuente de inagotable bendición” (n.18).

Hoy es ese día del Corpus, día surgido precisamente para agradecer y venerar de un modo particular, solemne y públicamente, el regalo de la presencia real del Hijo de Dios en este sacramento admirable de la Eucaristía en el que nos dejó el memorial de su pasión, muerte y resurrección. En este día le pedimos a él, a Jesucristo, “nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención”.

Sí, porque la participación de todos y cada uno de nosotros en la salvación que Cristo nos alcanzó con su muerte y resurrección él mismo ha querido que fuera mediante este santísimo sacramento. ¡Aquí está la fuente de la gracia y de la salvación!

* Este es el sacramento de la unión personal, íntima, con Cristo: “el cáliz de nuestra acción de gracias ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo?”.

* Este es el sacramento de la unión entre nosotros que comemos del mismo pan, Cristo: él nos une haciendo de nosotros un solo cuerpo “porque comemos todos del mismo pan”.

* Este es el sacramento de la vida divina en nosotros: “El que come de este pan vivirá para siempre”; “el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”; “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”; “el que me come vivirá por mí”; “el que come este pan vivirá para siempre”. La vida misma de Dios se nos comunica a través de este Santísimo Sacramento: en él encontramos la prenda, anticipo y garantía de la resurrección, él es medicina de inmortalidad.

En este día del Corpus recordamos con agradecimiento las palabras del santo Pontífice Juan Pablo II en su Carta apostólica: “¡Gran misterio de la Eucaristía! Misterio que ante todo debe ser celebrado bien. Es necesario que la Santa Misa sea el centro de la vida cristiana y que en cada comunidad se haga lo posible por celebrarla decorosamente... Hace falta, en concreto, fomentar, tanto en la celebración de la Misa como en el culto eucarístico fuera de ella, la conciencia viva de la presencia real de Cristo, tratando de testimoniarla con los gestos, los movimientos y todo el modo de comportarse... En una palabra, es necesario que la manera de tratar la Eucaristía por parte de los ministros y de los fieles exprese el máximo respeto” (n. 17).

El día del Corpus surgió para honrar públicamente por las calles y plazas de los pueblos y ciudades esta presencia real de Cristo en la Eucaristía. Pero esta veneración es inseparable de la práctica de la caridad fraterna. Lo recordaba el gran Papa Juan Pablo II en la Carta citada: “El cristiano que participa en la Eucaristía aprende de ella a ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad en todas las circunstancias de la vida... No podemos hacernos ilusiones: por el amor mutuo y, en particular, por la atención a los necesitados se nos reconocerá como verdaderos discípulos de Cristo. En base a este criterio se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas” (n.27.28).

Este es el día del Corpus, día de acción de gracias, porque “en la Eucaristía tenemos a Jesús, tenemos su sacrificio redentor, tenemos su resurrección, tenemos el don del Espíritu Santo, tenemos la adoración, la obediencia y el amor al Padre. Si descuidáramos la Eucaristía, ¿cómo podríamos remediar nuestra indigencia?”(Ecclesia de Eucharistia, n. 60). Ante un don tan infinitamente grande, en este día del Corpus, nos comprometemos a no despreciarlo, a acogerlo con agradecimiento en la fe, la esperanza y la caridad, y a compartir el amor que él nos muestra y regala con los más pobres y necesitados. No antepongamos nada al amor de Cristo que se nos manifiesta hecho pan de vida y alimento de salvación en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

                                                                                            José Mª. de Miguel

HOMILIA- II

Exégesis: Juan 6, 51-58.

La relación de la multiplicación de los panes es evidente con la Eucaristía en los cuatro evangelios. Este texto tiene especial importancia porque Juan no narra la Institución de la Eucaristía; la suple con este texto. «Dar a» apunta a la Eucaristía y «dar por» al sacrificio. Carne: persona concreta de Jesús, palpable y perceptible; persona real de Jesús en la Cruz: Jesús es alimento divino en cuanto crucificado. Carne y sangre enfatizan que es la vida encarnada y la muerte real del Hijo las que constituyen el alimento vivificante. Sólo el cuerpo físico de un ser humano produce carne y sangre. A esto apuntan las promesas e indicaciones del capítulo sexto: «Recoged las sobras», «Sustento que dura», «No pasará hambre», «El pan... es mi carne». El lugar: sinagoga de Cafarnaún. Tiempo: mañana siguiente a la multiplicación de los panes. Al atardecer había caminado sobre el agua. Se trata de un discurso sobre el pan de vida; está estructurado sobre preguntas y respuestas. La coherencia del discurso está indicada por el «os aseguro» que nos muestra que se trata del mismo discurso. En cuanto al léxico, el verbo comer aparece constantemente; de igual manera los vocablos pan, carne, beber, sangre, pan bajado del cielo. Es un texto de sólo nombres, con total carencia de adjetivos. Es, por tanto, un texto sustancial; sólo se dice lo esencial, sin adornos. Texto compuesto por frases breves unidas no por razonamiento, sino por explicitación de los miembros (pan, carne).

Comentario

El Hijo se autodona como sustento vivificante. La Humanidad del Hijo constituye la base de la auténtica vida y el sacramento primordial de la salvación. Jesús, Palabra descendida del cielo, se revela como pan de vida, el verdadero alimento de salvación. Fuente perenne de verdadera vida, ya que «el que coma de este pan, vivirá para siempre». Abrirse a Jesús y a la Trinidad es la mejor manera de vivir la Eucaristía. Hoy, día del Corpus, agrade-cemos este don del Padre, esa entrega del Hijo y esa vivificación del Espíritu. Todos estamos llamados a entrar en Comunión con la Pascua de Jesús.

Como en otro tiempo Israel comió el maná y se alimentó me-diante la ley, ahora se convoca al mundo entero a aceptar otra revelación de Dios en el cuerpo partido y en la sangre derramada. Otro pan del cielo que eclipsa al primer pan. ¿Cuándo y dónde ocurrirá esto? Se pregunta la Comunidad de finales del siglo I. Está en la Eucaristía, responde el texto. Sólo ella da sentido a términos tan reales como comer y beber.

Hoy celebramos las bodas de Dios con la historia, alianza en la sangre de Cristo. Pan que a vida eterna sabe y toda deuda paga. Lo único que de verdad podemos celebrar los cristianos: detalles de amor del que ha querido quedarse con nosotros. ¿Hemos perdido la memoria de Jesús? ¿Estamos en contexto de multiplicación de los panes? Poca cosa son cinco panes de cebada y dos peces, pero, compartidos, sobraron doce cestas. Aquel muchacho olvidó la salud de su madre, emocionado asistía a la Fracción del Pan. ¡Eran sus panes!

¡Que mi existencia sacerdotal tenga forma eucarística! ¡Agradecida y entregada!

                                                                              Manuel Sendín, O.SS.T.
 

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